Una oportunidad que el país no puede desaprovechar

Para que los beneficios del acuerdo Unión Europea-Mercosur sean tangibles, Argentina necesita una agenda consistente.

Tras más de un cuarto de siglo de negociaciones intermitentes, marchas y contramarchas políticas, la Unión Europea dio finalmente luz verde al acuerdo de libre comercio con el Mercosur. Estamos frente a uno de los entendimientos comerciales más relevantes de los últimos tiempos y, sin exagerar, ante una oportunidad estratégica que la Argentina no puede darse el lujo de desperdiciar. El pacto se firmará el 17 de este mes en Asunción e implica la creación de una zona de libre comercio con más de 700 millones de consumidores y un Producto Bruto Interno combinado de 21,3 billones de dólares.

El consenso no fue sencillo. Francia, Polonia e Irlanda mantuvieron su oposición hasta último momento. Sin embargo, el cambio de posición del gobierno italiano fue clave para destrabar una negociación histórica. Ese giro político refleja, además, una lectura pragmática, ya que en un mundo crecientemente fragmentado, con tensiones geopolíticas, proteccionismo y cadenas de suministro en revisión, los grandes bloques buscan asegurarse mercados, reglas claras y previsibilidad.

Para la Argentina, los beneficios potenciales son significativos. El acuerdo prevé que la Unión Europea elimine los aranceles para el 92% de las exportaciones provenientes del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de sus importaciones desde la eurozona, en un proceso de desgravación progresivo. Hoy, el arancel promedio que pagan los productos agroindustriales para ingresar a Europa es del 12,6%. Su eliminación representa una mejora sustancial de competitividad para sectores clave de la economía argentina.

Como señaló a LA GACETA el magíster en Economía Raúl García, la aprobación del acuerdo constituye una ventana estratégica para reposicionar la inserción internacional de la Argentina y de la región. Sin embargo, advirtió con acierto: “el verdadero impacto no dependerá únicamente del acceso preferencial a mercados, sino de la capacidad doméstica para transformar esa oportunidad en inversión, productividad, diversificación exportadora y mayor integración en cadenas de valor”. En otras palabras, el acuerdo abre la puerta, pero atravesarla exige una agenda interna consistente.

Esa agenda incluye estabilidad macroeconómica, infraestructura logística adecuada, competitividad sistémica, calidad institucional y previsibilidad normativa. Sin esos pilares, el riesgo es que todo quede en una promesa incumplida o, peor aún, en una oportunidad que beneficie solo a otros socios del Mercosur.

En síntesis: no es una solución mágica ni un atajo al desarrollo. Es, sí, una herramienta poderosa. La historia argentina está llena de oportunidades desaprovechadas por falta de visión estratégica, consensos duraderos o políticas coherentes en el tiempo. Esta vez, el desafío es distinto pero la lección es la misma, porque el mundo ofrece una oportunidad concreta. La obligación de aprovecharla es, exclusivamente, nuestra.

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