Por qué nadie quiere agarrar los derechos de televisación del ascenso del fútbol argentino

Por qué nadie quiere agarrar los derechos de televisación del ascenso del fútbol argentino
Bruno Farano
Por Bruno Farano 02 Febrero 2026

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El fútbol de ascenso argentino vive horas de una inquietud silenciosa, de esas que no hacen ruido en la tapa de los diarios pero que perforan el día a día de los clubes. Mientras el calendario avanza sin pausa y la Primera Nacional tiene fecha de inicio en poco más de 10 días, la pantalla sigue en negro. No solamente por falta de partidos, sino también por ausencia de certezas. La televisación, uno de los pilares económicos del sistema, hoy es una incógnita.

El contrato que unía a la Asociación del Fútbol Argentino con TyC Sports llegó a su fin en diciembre. Hasta allí, la televisación de la Primera Nacional, de la Primera B Metropolitana y de la Copa Argentina había tenido un rumbo claro y sostenido, con partidos semanales, grillas definidas y un ingreso que (aunque lejos de ser millonario) resultaba vital para decenas de instituciones. Sin embargo, desde entonces todo quedó en suspenso.

La AFA fijó como plazo inicial para la presentación de ofertas el pasado lunes 19. Pero nadie apareció. El silencio fue tan elocuente como incómodo, y ante la falta de propuestas, la dirigencia de la casa madre de nuestro fútbol decidió extender ese plazo hasta el miércoles 21. Tampoco hubo anuncios oficiales luego de ese vencimiento. Puertas adentro la preocupación creció, pero afuera el mensaje fue la nada misma.

“Es mucho dinero el que hay que invertir y los partidos no son tan rentables. Ese es el principal inconveniente”, explicó un dirigente tucumano que tiene nexos con sus pares de diferentes clubes del ascenso. La frase, simple y cruda, resume un problema estructural: el ascenso es masivo en clubes, en fechas y en necesidades, pero limitado en retorno comercial.

Según trascendió en un encuentro informal entre dirigentes de la Primera Nacional, la AFA necesita recaudar un monto cercano a los 25 millones de dólares para cerrar el paquete de derechos, y así tener el dinero para repartir entre los clubes. La cifra no surge del azar: son 36 instituciones de la Primera Nacional y 22 de la Primera B Metropolitana los que deben recibir dinero. Muchos, en especial en el Área Metropolitana de Buenos Aires, dependen casi exclusivamente de esos ingresos para pagar sueldos, cubrir traslados y sostener la competencia.

“Son demasiadas las instituciones que deben recibir dinero y eso hace que el monto se haga tan grande”, agregó la misma fuente consultada. El problema no es solamente el número final, sino cómo se reparte el riesgo. Para una señal, asumir la televisación completa del ascenso implica cámaras, móviles, personal técnico, derechos, producción y una grilla extensa que no siempre garantiza rating ni publicidad acorde.

En ese contexto apareció, al menos en los trascendidos, la idea de que AFA Play se hiciera cargo de la televisación. La posibilidad duró poco y dejó más dudas que certezas. “Fue un capricho de los dirigentes de la AFA, por una pelea con el grupo Clarín. Es imposible que suceda algo así porque AFA Play no tiene recursos ni estructura para televisar todos los partidos”, sostuvo el mismo dirigente consultado. Más que un plan, pareció una pantalla; una jugada política sin respaldo técnico.

Hoy, la alternativa que se baraja en los pasillos de Viamonte es fragmentar el negocio. Dividir los derechos en varias empresas permitiría bajar el monto de inversión individual y, al mismo tiempo, aumentar las chances de rentabilidad. No sería un esquema ideal, pero sí uno posible en un mercado cada vez más cauteloso.

De acuerdo a información extraoficial, se dice que TyC Sports no seguiría y que los derechos podrían caer en manos de Canal 9 (ya televisó partidos del ascenso a fines de la década del 90) y Ar12 (una empresa que es propiedad de Víctor Santa María, sindicalista y dirigente peronista estrechamente alineado con el kirchnerismo). Por ahora, nada es oficial. No hay comunicados ni certezas. Solamente hay versiones y negociaciones subterráneas.

Mientras tanto, los clubes esperan. Y desesperan. Para muchos, sobre todo los del conurbano bonaerense, la televisación no es un ingreso accesorio sino el sostén central de sus economías. Sin ese dinero, el equilibrio financiero se vuelve frágil, casi ilusorio. En este escenario, los presupuestos se arman con supuestos que hoy no existen.

La incertidumbre también golpea al hincha. No saber quién transmitirá los partidos implica no saber dónde ni cómo ver a su equipo. Tampoco si deberá pagar un abono adicional o contratar un nuevo servicio. En un contexto económico adverso, ese no es un detalle menor.

El comunicado oficial de la AFA, difundido para anunciar la prórroga del plazo, mantuvo como sede el edificio de Viamonte 1.366, pese a la polémica por el cambio de jurisdicción y la supuesta mudanza a Pilar, en donde hoy sólo hay un cartel y un terreno vacío. Una postal que, para muchos dirigentes, funciona como metáfora del momento institucional: anuncios grandilocuentes y realidades incompletas.

Mientras tanto, Claudio Tapia transitaba compromisos internacionales y ausencias locales, en un escenario atravesado por denuncias, causas judiciales y una conducción cada vez más cuestionada. En ese marco, la televisación del ascenso aparece como un problema más, pero no uno menor.

El reloj corre y la pelota está por comenzar a rodar. Y el ascenso, ese fútbol que no siempre ocupa el centro de la escena pero sostiene la base del sistema, espera una respuesta. Sin cámaras no hay visibilidad, sin visibilidad no hay negocio; y sin negocio, el ascenso vuelve a quedar en donde siempre estuvo: resistiendo, a la espera de que alguien, alguna vez, mire más allá de la pantalla principal.

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