La noche de las elecciones de 2025 fue la última vez que Jaldo y Manzur hablaron.
El peronismo nacional atraviesa una de esas etapas que la historia del movimiento conoce bien: la del vacío de poder y la desorientación. La dirigencia identifica varios factores que generaron la situación actual: la ausencia de una figura nacional que aglutine a un espacio esencialmente verticalista; los referentes desgastados o en disputa, un mapa territorial en el interior más diluido y, claro, el fenómeno Javier Milei.
Hay quienes, con mucha autocrítica, añaden un elemento más: a los propios justicialistas que parecen no entender la situación y mantienen las mismas prácticas y discursos que los llevó adonde están.
Porque puertas adentro entienden que La Libertad Avanza (LLA) no nació de casualidad, sino que es una expresión que se alimentó fundamentalmente del antiperonismo y el antikirchnerismo. Y a esto lo repiten tanto los referentes del peronismo más tradicional que reniegan de los que entienden “desvíos ideológicos” y también otros más templados, a los que no les cuadra demasiado el centralismo porteño.
Esta etapa de debate sobre el futuro del peronismo data desde mediados del Gobierno de Alberto Fernández, cuando se profundizó la crisis. La discusión se ha centrado básicamente en Buenos Aires y en personajes que gravitan allí. La situación judicial de Cristina Fernández fue una estocada. Si bien parecieron reverdecer un poco después de la prisión de la presidenta del partido, ese envión perdió fuerza. A esto se suma la puja de La Cámpora con el bonaerenseAxel Kicillof, que mantiene un frente interno que implica un desgaste de energía. La competencia por el PJ bonaerense se dirimirá pronto, el 15 de marzo. Hay fuertes versiones de que no se llegará a una lista única y que el kicillofismo presentará sus propias nóminas. Kicillof se proyecta como presidenciable, pero todavía no despega. La situación de Sergio Massa también es difusa, porque pretenden instalarlo como una figura de reunificación pero aquí no se ha reflejado esto públicamente. Aquí se agotan los nombres.
Los tirones en el Congreso y los pases de bloques no han traído tampoco calma a los “compañeros”. La duda sobre lo que viene en el mediano plazo en el peronismo se derrama hacia las provincias con impronta justicialista,
En Tucumán
Tucumán aparece en este contexto como un caso particular. El justicialismo gobierna en la provincia, lo que no implica que no deba hacer malabares para subsistir. Sobre todo, por la convivencia con el mileísmo de la Rosada.
El jaldismo es una línea más atemperada y con un viraje hacia la derecha, que repudia el kirchnerismo y que se adaptó rápidamente al nuevo contexto.
El gobernador Osvaldo Jaldo llevaba poco en el poder cuando Milei ganó la presidencia y ya había tomado en su jurisdicción medidas de ajuste antes de que asuma el libertario. Fue el primer gobernador del PJ que se puso la peluca y eligió el dialoguismo. Se inscribió como el pionero en romper el bloque en el Congreso, al retirar a sus tres diputados del armado de Unión por la Patria (UxP), para formar uno propio, el Independencia. Con el tiempo, a fines del año pasado, logró un correlato en el Senado, con la alfarista Beatriz Ávila y sacando a Sandra Mendoza del de UxP. La famaillense, que trabajaba en conjunto con Juan Manzur, se mudó a un equipo en el que confluyen representantes de otros mandatarios provinciales amigables con la Nación.
Jaldo tiene pendiente una reunión con el ministro del Interior, Diego Santilli, por la Reforma Laboral. El tranqueño expresó públicamente que las normas laborales deben actualizarse, pero con reparos. “No significa quitar derechos, sino consolidarlos y avanzar en una modernización”, afirmó.
La preocupación tiene que ver con la baja en los recursos coparticipables que conllevarán los cambios. Al disminuir el impuesto a las Ganancias, bajarán los fondos federales y los gobernadores esperan ser compensados con otros ingresos.
El gobernador volverá esta semana de su descanso, pero estuvo atento a todo lo que pasó en Tucumán durante su ausencia. Una ausencia relativa, porque varios colaboradores comentaron que estuvo especialmente inquieto por los violentos crímenes que se produjeron en estas semanas. La seguridad es una de las banderas de su gestión y una prioridad en su agenda.
La otra cuestión que le preocupa es la economía del país y las previsiones para este año. En la Casa de Gobierno esperan que Jaldo vuelva y se pronuncie y tome medidas especialmente sobre estos temas.
Hay expectativas políticas también. Siempre las hay. “Tiene tiempo de pensar más y ver las cosas con distancia. Cada vez que vuelve de vacaciones vuelve con alguna definición o hace algún movimiento en su equipo”, adelantó alguien de su entorno que lo conoce bien. Es sabido que el rumbo político de la Provincia pasa sólo por su cabeza y, por ello, nadie se anima a adelantar nada.
En el interior
La fortaleza del peronismo en las provincias ha disminuido. Los gobernadores se han dispersado, han elegido sus propios caminos. Una pequeña parte de ellos mantiene su cercanía con el kirchnerismo, otros han decidido despegarse completamente. Cansados de que las decisiones se tomen en Buenos Aires y de manera inconsulta, pretenden seguir mirando por sus propios intereses. Hay tantos como provincias en el país, porque las realidades de cada región son disímiles. Por primera vez en décadas, ejercen un poder más real. Antes, inclusive con el PJ en la Rosada, era más limitado.
Hay quienes intentaron aliarse, sin demasiados resultados por el momento. Jaldo tejió buenos lazos con sus pares dialoguistas. Si bien los bloques legislativos unificados no cuajaron, es una alternativa latente.
El gobernador es una voz importante en el contexto nacional. Además de que los teléfonos están abiertos para él en el Ejecutivo Nacional, ganó las elecciones del 2025 y pudo mantener sus representantes legislativos.
Un aspecto no menor es que el frente que conformó, que incluyó la unidad sui géneris con el antimileísmo local, fue el peronismo del interior mejor posicionado en la tabla general de resultados.
¿Hay chances de que Jaldo se proyecte a una fórmula nacional? No sería descabellado y en algunos grupos sonó su nombre. Todo es prematuro, aclaran los que especulan con esta posibilidad y el peronismo no está ni cerca de acomodarse. Jaldo probablemente irá por un mandato más en la gobernación.
Tampoco ha expresado su intención de irse a Buenos Aires y siempre se mostró con una impronta más local. Pero si sus antecesores quisieron proyectarse, por qué no él.
Por otro lado, es factible que Jaldo, como vicepresidente del PJ, movilice el partido en estos próximos tiempos ¿Irá por la presidencia? Por ahora la respuesta es no, porque el fantasma de la intervención está presente mientras Manzur siga en la mesa nacional del movimiento.
Tensiones internas
El nombre del senador es uno de los que representa los movimientos internos en el PJ y que será un tema gravitante durante los 15 meses que restan para la elección provincial.
Tras el acuerdo electoral, el peronismo antimilei sigue pensando en 2027. Si bien el vínculo con Jaldo se enfrió la misma noche de los comicios, sienten que tienen un capital valioso: el gobernador tuvo que negociar con ellos una vez para la unidad.
Están convencidos de que este escenario volverá a repetirse en 2027. Porque, aunque les encantaría confrontar en las urnas al tranqueño, no hay peronista que no sepa que ir divididos es el peor escenario.
Avizoran que los morados irán con todo en las provinciales y con Milei como candidato presidencial. Y hacen bien en pensar eso. En estos pocos días del año LLA recibió el diploma de oposición comarcana, poniendo la lupa en cada declaración del Ejecutivo y en hechos que se produjeron. Diferentes figuras se han turnado para cruzar a ministros y funcionarios.
Aunque Manzur no representa acabadamente a todos los disidentes, hay una generalización bajo el paraguas de “manzurismo”. En la Casa de Gobierno incluyen al vicegobernadorMiguel Acevedo y a la intendenta Rossana Chahla en esa vertiente. Dirigentes cercanos a ambos aluden a los desplantes del jaldismo y a gestos poco amables hacia ambos.
No son pocos los que se entusiasman con un armado propio, pero se acuerdan de que LLA puede crecer y se les pasa la emoción.
El peronismo tucumano, de todos los colores, considera que el único camino es generar un revoltijo para negociar y terminar acordando luego. Pero hay una certeza: a las urnas tienen que ir juntos.
El ex gobernador pasa sus días de vacaciones en la provincia por un asunto familiar. Aunque sigue de cerca todo el movimiento nacional y recibe llamados y consultas. También se reúne con dirigentes locales, aunque no lo publicita. Y entre los contactos que recibió hubo uno particular: el de Kicillof. El gobernador le envió una foto de un pote de aceite Nucete para bromear respecto de si ahora que había comprado un producto de su empresa, le daría una reunión. Un gesto interesante.
El peronismo oficialista tucumano no discute hoy una identidad ni un programa: discute poder. Y ese poder, a diferencia de otros momentos, no se ordena desde Buenos Aires sino desde el territorio. Mientras el PJ nacional busca quién lo conduzca, Tucumán se encamina, con color local, hacia 2027.
El futuro del peronismo en la provincia no se resolverá en congresos partidarios ni en gestos simbólicos, sino por necesidad. En un escenario de fragmentación opositora y avance libertario, pueden darse muchas discusiones internas, menos una: llegar dividido a las urnas.





















