Los perros ladran a algunas personas más que a otras 20Minutos
Los ladridos forman parte del lenguaje natural de los perros. A través de ellos alertan, expresan emociones o buscan llamar la atención. Sin embargo, cuando este comportamiento se vuelve constante o desmedido, puede afectar la convivencia en el hogar y generar problemas con los vecinos. Frente a esta situación, Baruch Correa, entrenador canino con amplia trayectoria en adiestramiento positivo, propone un método efectivo para controlar los ladridos sin reprimirlos.
El enfoque no apunta a eliminar el ladrido, sino a transformarlo en una conducta regulada y asociada a órdenes claras. De acuerdo con el especialista, este sistema permite obtener resultados visibles en poco tiempo, mejora la convivencia diaria y fortalece el vínculo entre el perro y su dueño.
Cómo enseñarle al perro cuándo debe ladrar
El proceso de entrenamiento comienza con el refuerzo positivo de los ladridos en situaciones puntuales. Correa recomienda premiar al perro cuando ladra frente a un estímulo externo concreto, como la llegada de una persona a la puerta del hogar. Aunque esta primera etapa puede parecer contradictoria, el objetivo es generar una asociación clara entre el ladrido y una recompensa.
La intención no es incentivar el exceso de ladridos, sino marcar el momento adecuado para avanzar hacia la siguiente fase del entrenamiento. Premios como snacks, caricias o palabras de aliento refuerzan la idea de que el ladrido puede ser útil como señal, siempre bajo control del dueño.
El truco para que el perro entienda cuándo no debe ladrar
Una vez que el perro asocia el ladrido con una recompensa, se incorpora un comando de silencio, como “basta” o “ya”. En esta etapa, el dueño debe esperar a que el animal comience a ladrar y, en ese instante, pronunciar la orden de forma clara y firme.
Si el perro interrumpe los ladridos, recibe un premio inmediato. Con la repetición del ejercicio, el animal aprende a vincular la palabra con la acción de dejar de ladrar, comprendiendo que el silencio también es una conducta positiva que tiene recompensa.
La fase final del método consiste en alternar los comandos que “activan” y “desactivan” los ladridos. Así, el perro aprende a ladrar cuando se le indica y a detenerse cuando recibe la orden correspondiente.
Correa recomienda realizar sesiones breves, de no más de cinco minutos, varias veces al día. Este sistema evita el uso de castigos y se basa en la comprensión del comportamiento natural del perro, logrando resultados duraderos que mejoran la calidad de vida del animal y de su entorno.





















