Trabajó en un ingenio, un accidente frenó su carrera y hoy llevó a Tucumán Central al Federal A: quién es Walter Arrieta, el DT que cambió la historia del club
En una charla íntima con LA GACETA, el entrenador repasa su recorrido por el fútbol tucumano, los golpes que lo marcaron y la convicción que lo sostuvo hasta alcanzar el logro más importante de su carrera
CONSAGRACIÓN. En la final que definió el ascenso, Walter Arrieta vivió desde el banco el momento más importante de su carrera como entrenador LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
El teléfono sonó en 2023 y a Walter Arrieta le cambió la vida. Hasta ese momento, Tucumán Central era un club al que nunca había defendido como jugador. Su recorrido había sido siempre por otros lares de la provincia. Ese llamado lo invitaba a empezar de nuevo. Aceptó. Y desde entonces su carrera no dejó de crecer.
Hoy es el entrenador del “Rojo” de Villa Alem. Lo es desde 2024 y lo sigue siendo hoy, semanas después de un logro que ya quedó marcado en el fútbol tucumano. Campeón de la Liga Tucumana y ascenso al Federal A, todo en un año, toda de Arrieta. El primer ascenso para un club de la provincia desde la campaña de San Jorge entre 2012 y 2019. Detrás de ese logro hay un hombre que nunca se fue de Tucumán, que eligió quedarse y pelearla acá, y que entiende al fútbol como un lugar donde todo se demuestra en la cancha. Ahora, por primera vez, se sienta a recorrer ese camino en una charla íntima con LA GACETA.
“Soy del Barrio Oeste II. Hoy vivo en La Florida”, contó. Su relación con la pelota empezó temprano, en la escuelita de San José, de la mano de Jacinto Roldán y Roque Martínez. “Con ellos estuve un año y después hice inferiores en San Martín”, recordó. En el “Santo” llegó a Primera con Jorge López. “Me hizo debutar en el Nacional B y jugué dos temporadas”, dijo.
No fueron años fáciles. “San Martín estaba mal, venía en picada en el Nacional B. Los jugadores de Buenos Aires se fueron y quedamos los del club”, expresó. Después llegó “Teté” Quiroz, arribaron refuerzos y su lugar empezó a achicarse. Le tocó descender al Argentino A y luego al B.
PRIMERA EXPERIENCIA. Con la camiseta de San Martín, Arrieta transitó sus primeros pasos en el Nacional B Gentileza Walter Arrieta
Su carrera como jugador tuvo un freno brusco a comienzos de los 2000. “Tuve un accidente en moto cuando jugaba en San Martín. Fue en diciembre, antes de empezar un campeonato. Nos llamaron para cobrar y me llevaron en moto. Cuando volvía tuve el accidente y no pude entrenar ni jugar en toda la temporada que San Martín descendió”, relató. Recién volvió para el Argentino A.
En ese tiempo también atravesó problemas con la dirigencia. “No teníamos acuerdo, no pagaban y logré sacar el pase gracias a Roberto Giménez, de UTA, que lo compró y me mandó a La Florida”, explicó.
“En La Florida ascendimos y enfrenté a San Martín en el Argentino B. Los eliminamos y después le ganamos a Sunchales para subir al Argentino A”, repasó. Ahí se cruzó con Atlético. “Fue una linda campaña, aunque perdimos con los ‘decanos’”, señaló.
El recorrido siguió por Famaillá, UTA y un San Jorge que recién se estaba formando. “Ahí no jugué tanto”, admitió. Sportivo Guzmán fue después y apenas un mes. “No arreglé lo económico y me fui”, dijo. El destino siguiente fue Concepción del Sur, donde estuvo siete años. “Ascendimos al Argentino A y después me tocó descender al Argentino B”, recordó.
Tucumán, siempre Tucumán. Una vez estuvo cerca de salir. “Tuve la posibilidad de ir a Ben Hur de Rafaela, pero no se llegó a un arreglo y me quedé acá”, explicó. También jugó en Atlético en el Argentino A de 2005. “El técnico era el ‘Zurdo’ Aredes, después vino ‘Tito’ Rebottaro y me fui”, contó.
Arrieta repasó todo ese recorrido en apenas diez minutos, sin interrupciones, sin filtros. Y sí, lector, fue imposible no dejarlo seguir, porque uno lo escucha y entiende que nada de eso está olvidado.
Enseñanzas de vida
El recorrido dejó marcas. “Aprendí más con las derrotas que con cualquier otra cosa. Los ascensos se disfrutan y quedan en la memoria, pero la enseñanza más grande la dan los descensos”, afirmó. Esa idea la sostiene hoy como entrenador. “Ahí aprendés. Trabajás sabiendo que tuviste ese golpe y no querés vivirlo otra vez. Para no vivirlo hay que sacrificarse y adoptar esa idea”, expresó.
Cuando dejó de jugar tenía 33 años. “Me cuidé siempre y dejé por una propuesta de trabajo en el ingenio de La Florida. Trabajé un año y me fui. No era lo mío, me sentía mal, triste, apagado. Mucha contaminación, mal aire. Yo necesito la cancha, el aire puro”, contó. Volvió a jugar un tiempo más, pasó por Concepción del Sur, trabajó en el campo deportivo de un colegio y después colgó definitivamente los botines en Llorens. Tenía 37. Hoy tiene 44.
La etapa como técnico empezó casi sin buscarla. En Concepción lo llamaron para dirigir cuando había dejado de jugar. Después fue ayudante de campo del “Gusano” García en Villa Mitre. “Le agradezco mucho, pero yo quería algo mío. No sabía ser segundo. Quería participar más, ser el ideólogo”, confesó.
Ahí apareció Tucumán Central. “Soledad (González) me llamó para ser coordinador de inferiores. Yo no tenía idea de ese trabajo, nunca lo había hecho”, admitió. Fueron tres meses de aprendizaje intenso. Luego Sebastián Duarte lo convocó para acompañarlo en Primera como ayudante. Esta vez el rol era el mismo, aunque la cabeza ya era distinta. “Ascendimos de la B de la Liga a la Liga Tucumana”, recordó. Al año siguiente, Duarte dio un paso al costado por cuestiones laborales. “Me preguntó si quería quedar como técnico. Los dirigentes también lo pidieron y se dio”, explicó.
ATENTO. El entrenador siguió cada jugada con la concentración que marcó su gestión Gentileza Walter Arrieta
El primer año quedaron afuera en cuartos ante Sportivo, por penales y en su cancha. La espina dolió, y mucho. En 2025, con una base consolidada y chicos que se sumaron, armaron el plantel que logró el campeonato de Liga y el ascenso al Federal A. “Se consiguió con el sacrificio de mucha gente. Cuerpo técnico, jugadores, dirigentes. Mucho sacrificio”, sostuvo.
Arrieta tiene una premisa clara al momento de elegir futbolistas. “Busco primero buenas personas. Después buenos jugadores. Gente que se sacrifique, que tenga voluntad de trabajar y mejorar”, explicó, y es una idea que ya había aparecido en otra charla reciente en estas mismas páginas, cuando Juan Luján hablaba de lo mismo. Primero la persona, después el futbolista. “Cada uno puso lo suyo y en lo grupal logramos un gran resultado”, agregó.
Nueva categoría, más responsabilidades
El ascenso abrió otra etapa. El Federal A implica viajes largos y rivales con experiencia. “El primer objetivo es mantener la categoría. Prepararnos en lo físico y en lo mental. Después veremos si podemos ir por más”, expresó. Ya estudian rivales y distancias. “Si nos toca ir a Misiones o Formosa, tenemos que planificar bien el desgaste”, dijo.
En medio de la campaña también hubo cuestionamientos por arbitrajes. Arrieta decidió marcar una línea. “Les dije a los jugadores que no respondan en redes, que no lean. El árbitro no hace los goles. Para que la pelota entre al arco hay que crear situaciones y tener equipo. Y nosotros fuimos los mejores. Nadie nos superó en juego ni en lo físico”, afirmó. La bronca existió. “Molestaba que quieran empañar el esfuerzo de todos. El tiempo nos dio la razón”, sentenció.
Su vida no se reduce al club. A la mañana trabaja en la comuna de La Florida, en el área de seguridad. A la tarde va al entrenamiento. En su casa lo esperan Marta, su mujer, y su hijo Francisco. “Gracias a Dios tengo mi familia, mi casa y mi trabajo. Mucha gente no lo tiene y por eso lo valoro”, expresó. También agradece a quienes lo ayudaron. “‘Chicho’ Soria me dio una mano para tener mi casa y mi trabajo. Giménez también. Y hoy José y Marcelo Peralta en Tucumán Central nos valoran y nos contienen”, señaló.
En medio del festejo por el ascenso también aparece esa sensación que conocen todos los técnicos que hacen las cosas bien. La alegría por el crecimiento propio se mezcla con la despedida de los que brillaron. “Uno se alegra por los chicos que se van. Bruno Medina se fue a All Boys y eso es hermoso para él. Nos enorgullece”, contó.
Y se le nota. Porque habla desde el orgullo genuino de haber sido parte de ese proceso. Pero enseguida vuelve a la tierra. Sabe que cada salida obliga a empezar otra vez. “Tenemos que buscar lo mejor y armar un equipo competitivo. Ya sumamos dos chicos nuevos”, dijo. Ahí conviven las dos caras del momento. La satisfacción de ver a un jugador subir de categoría y la responsabilidad de sostener lo que se consiguió. No hay tiempo para lamentos.
Arrieta es muy creyente. Antes de cada partido entra a la cancha con una virgencita en la mano. Se la regaló su amigo Fabián Lagartera en un momento delicado, después de dos derrotas seguidas. “Me la dio para que entre con ella, como ayuda, como soporte. Desde ahí empezamos a ganar”, relató.
En medio de esa racha hizo una promesa a la Virgen del Valle, en Catamarca. Y ahora la tiene que cumplir. “Está en planes. Tengo que encontrar la bicicleta que me lleve. Tiene que ser buena, porque son uno o dos días de viaje”, comentó entre risas, aunque sabe que no es un paseo cualquiera.
Lo que no esperaba era que la promesa fuera doble. “Mi hijo me confesó hace unos días que él también prometió ir si pasaba de curso. Yo no lo podía creer. Gracias a Dios lo logró y ahora tenemos que ir los dos”, contó.
En La Florida, cada 8 de diciembre, muchos chicos salen dos días antes rumbo a Catamarca. Él siempre los miró pasar. “Siempre me pregunté cómo sería ir. Nunca me animé. Ahora tengo que hacerlo”, dijo.
PROMESA. La imagen de la Virgen del Valle que acompañó al DT en cada ingreso al campo y que lo llevará a cumplir una promesa en bicicleta hasta Catamarca- LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
Mientras tanto, el club ya piensa en lo que viene. El Federal A no espera a nadie. “Queremos dejar a Tucumán Central en lo más alto posible. Trabajar, sacrificarnos y que todos tiremos para el mismo lado. Esa es la clave”, expresó.
Y cuando intenta resumir todo lo que vivió, empiezan los flashes. Su barrio, la escuelita de San José, el debut en el Nacional B, los descensos, el accidente que marcó su carrera, el año entero sin poder jugar, el ingenio y una sensación que quisiera olvidar, la comuna por la mañana, la cancha por la tarde, la virgencita en la mano, el ascenso con Tucumán Central. Todo pasa rápido. Y siempre vuelve al mismo lugar. “El trabajo y el sacrificio traen cosas buenas”, finalizó.





















