La campaña cañera 2025/2026 en Tucumán viene mostrando una característica clara: gran capacidad de recuperación del cultivo frente a una primavera irregular, seguida de un verano con lluvias abundantes. Actualmente, el cañaveral exhibe uno de los niveles de biomasa más altos de las últimas campañas, aunque con diferencias regionales marcadas y situaciones puntuales de anegamiento, según indica el informe técnico elaborado por Fernanda Leggio, Carmina Fandos y Jorge Forciniti, especialistas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), donde se analiza el comportamiento climático de la campaña 2025/2026 y su incidencia en el desarrollo del cultivo de caña de azúcar en Tucumán, con datos actualizados sobre precipitaciones, biomasa y estado general del cañaveral.
El análisis de la Red Pluviométrica de la Eeaoc indica que el período septiembre 2025–enero 2026 estuvo dominado por una fuerte variabilidad espacial y temporal de las precipitaciones. La primavera mostró contrastes importantes: sectores con déficit hídrico en el inicio y una recuperación parcial posterior que permitió recomponer perfiles de humedad. Sin embargo, hacia fines de la primavera se registró un retroceso en las lluvias en la zona sur, lo que generó heterogeneidad en el crecimiento inicial del cultivo. Este patrón climático se reflejó directamente en la dinámica de crecimiento del cultivo. En aquellos lotes con menor capacidad de almacenamiento o con restricciones físicas en el suelo, el inicio del ciclo fue más pausado y el cierre del cultivo se produjo con demora. Por el contrario, en ambientes con mejor disponibilidad hídrica y fertilización adecuada, la caña mantuvo un ritmo de crecimiento sostenido, lo que le permitió llegar al período estival en mejores condiciones.
El punto de inflexión se dio con la llegada de lluvias abundantes y generalizadas durante diciembre y enero. Los acumulados fueron elevados en gran parte del área cañera, con registros muy superiores a lo normal en varios departamentos, particularmente hacia el sur. Este patrón generó una recarga hídrica profunda y condiciones de alta disponibilidad de agua en el perfil.
Desde el punto de vista fisiológico, la respuesta fue contundente. El informe de la Sección Sensores Remotos y SIG de la Eeaoc señala que, al 5 de febrero de 2026, el cañaveral presenta los niveles de biomasa promedio más altos de las últimas tres campañas para igual fecha. Los índices espectrales muestran elevada densidad de vegetación fotosintéticamente activa, especialmente en las zonas noreste y sur. La zona centro, en cambio, evidencia desarrollo relativo menor, asociado en parte a excesos hídricos y problemas de anegamiento detectados en imágenes satelitales y recorridas de campo. Las mismas imágenes detectaron lotes con anegamientos críticos y áreas inundadas, principalmente en el centro provincial. En esos ambientes más bajos o con drenaje limitado, el exceso hídrico provocó limitaciones severas al crecimiento y hasta, en algunos casos, asfixia radicular y pérdida de plantas. Por eso, aunque el promedio provincial es bueno, la realidad a campo es heterogénea.
Desde el punto de vista productivo, llegar a febrero con este nivel de biomasa es una señal alentadora. La cantidad de materia seca acumulada es, en conjunto con la población de plantas establecidas a cosecha, la base del rendimiento en toneladas de caña por hectárea. Cuando el cultivo logra cerrar temprano el surco y sostener alta actividad fotosintética, el potencial productivo se amplía, ya que se limita la competencia con malezas y a su vez se maximiza la captura de la radiación solar por parte del cultivo. La clave estará en cómo evolucione el clima en lo que resta del verano y durante el otoño. El contexto de gran escala mostró una fase fría (La Niña) con tendencia a neutralizarse en los próximos meses. Para el trimestre febrero–abril, el pronóstico indica mayor probabilidad de lluvias y temperaturas superiores a lo normal. Si el patrón húmedo y cálido continúa, el cultivo podría seguir generando biomasa, pero también podrían complicarse la maduración y la logística de una zafra temprana. Por el contrario, si las lluvias se ordenan y el otoño trae noches más frescas y mayor amplitud térmica, se favorecería la acumulación de sacarosa, lo que permitiría planificar una zafra 2026 con mejores perspectivas industriales.
En términos generales, la campaña 2025/2026 presenta, para esta época del año, una condición vegetativa favorable. Sin embargo, es prudente mantener cautela al proyectar resultados finales. El elevado volumen de biomasa constituye una base productiva importante, pero ese mismo vigor exige ahora una gestión cuidadosa. En distintas zonas ya se registran lotes volcados por fuertes ráfagas ocasionales de viento, especialmente donde coincidieron tallos de gran porte, suelos saturados y precipitaciones intensas. En este contexto, resultará clave intensificar las recorridas, identificar tempranamente los lotes más comprometidos y planificar su priorización en la cosecha, a fin de minimizar pérdidas.
El desempeño final dependerá en gran medida de la evolución climática durante el tramo final del verano y el otoño, y de cómo se produzca la transición desde el crecimiento activo hacia la etapa de maduración. Si los excesos hídricos persisten, podría incrementarse el vuelco y resentirse la calidad industrial; en cambio, una progresiva estabilización favorecería la consolidación de la estructura lograda y una mejor definición del rendimiento. Como es habitual en caña de azúcar, el potencial está presente, pero su expresión definitiva quedará supeditada al comportamiento climático de los próximos meses y a las decisiones de manejo que se adopten en cada situación productiva.




















