El estadio Claudio “Chiqui” Tapia: historia, poder y polémicas detrás de la casa de Barracas Central
Inaugurada en 1916 en el barrio de Barracas, la cancha del “Guapo” atravesó décadas de cambios hasta su ampliación reciente, en medio de debates por el origen de los recursos que permitieron modernizarla.
NUEVO ESCENARIO. Atlético Tucumán jugó por primera vez en la centenaria cancha de Barracas Central ubicada en el barrio porteño de Barracas Foto de Marcelo Androetto
Nunca antes un equipo tucumano había pisado el césped de la centenaria cancha ubicada en la intersección de las calles Luna y Olavarría, en el barrio de Barracas, ciudad de Buenos Aires. Y esta primera vez acabó con la mueca triste de un Atlético Tucumán arrodillado frente a un “Guapo” limitado pero efectivo que lo venció por 2-1.
Al igual que aconteció con Julio Humberto Grondona, su histórico y emblemático antecesor en el sillón de la calle Viamonte, en el club Arsenal de Sarandí, también Claudio “Chiqui” Tapia se dio el gusto en vida de tener un estadio con su nombre, el de su Barracas Central querido, institución que encabezó por casi dos décadas y que actualmente es presidida por su hijo Matías. Otro de sus hijos, Iván, fue el ejecutor del centro que derivó este lunes en el primer gol del equipo de Rubén Darío Insúa ante el “Decano”.
Aquel estadio inaugurado en 1916 se llamó desde los orígenes "Olavarría y Luna", reafirmando la pertenencia geográfica a un barrio porteño tradicional, por entonces símbolo de una Argentina que continuaba siendo tierra de promisión para emigrantes del mundo entero: fábricas, curtiembres, depósitos portuarios y talleres ferroviarios rodearon a la cancha durante décadas, en el contexto de un Barracas convertido en polo industrial.
El estadio acompañó el subibaja de un club fundado en 1904 para orgullo de los vecinos y que en la época del amateurismo -y hasta 1934, cuando pasó a jugar en segunda- se codeó con los grandes del fútbol vernáculo. Hasta la década del 70, gran parte de la cancha conservaba su estructura de tablones de madera e incluso un techo de estilo inglés. En esa época, la vitalidad económica del barrio comenzó a desangrarse en el contexto de un país que ya por entonces priorizaba otros modelos de generar riqueza.
Una asamblea de socios en 2008 decidió premiar a Tapia padre con el nombre del estadio, quizá todavía sin sospechar que el yerno del sindicalista Hugo Moyano llegaría tan alto en tan poco tiempo, y que ese meteórico ascenso acompañaría al modesto club de la zona sur de Buenos Aires hacia nuevas cumbres.
En 2009, el “Guapo” se consagró campeón en la Primera C, la cuarta división del fútbol argentino. Tras diez años en la Primera B Metro, pegó un nuevo salto, a la Primera Nacional, con un “Chiqui” Tapia “doble comando”, es decir presidente de la AFA -desde 2017- y todavía mandamás de Barracas Central.
Ya bajo el reinado de su hijo Matías, en diciembre de 2021, el “Guapo” plasmó su regreso a la élite del fútbol tras 88 años, en aquella dramática noche de definición por penales ante Quilmes en cancha de Racing, en la final del reducido.
No extrañó entonces que en 2023 se anunciara la remodelación de un estadio que no estaba a la altura de las demandas de una primera división. Su aforo era menor a seis mil localidades y con las nuevas obras, finalizadas en 2025, se consiguió duplicar esa cifra. Claro que un club con apenas 2.500 socios no puede pretender colmar la actual capacidad. Ante Atlético, en día y horario complicados, eso sí, apenas si hubo en las gradas unos centenares de hinchas.
Las suspicacias sobre la financiación de la obra estuvieron a la orden del día, dada la escasez de masa societaria, las pocas o nulas ventas de jugadores realizadas y la baja participación del club en la torta de ingresos por televisación.
ESTADIO RENOVADO. La cancha Claudio “Chiqui” Tapia fue remodelada recientemente y hoy duplica la capacidad que tenía antes de las obras Foto de Marcelo Androetto
Con todo, las mejoras son notorias: el estadio luce flamante, con sus renovados sectores de tribunas, plateas y palcos; además de comodidades para la prensa que incluyen 22 cabinas de transmisión, sala de conferencias con 50 butacas y equipos de audio de alta generación. Una curiosidad: debajo de la nueva platea existe una hamburguesería cuyos productos se pueden adquirir en modernas terminales para autoatención.
“Ampliar el estadio era esa cosita que nos faltaba para ser un club ejemplar… devolverle sobre todo al hincha y al barrio la identidad”, dijo en su momento en una entrevista el presidente Matías Tapia.
Claro que ahora que se viene la participación en Copa Sudamericana, el estadio vuelve a quedar algo por detrás de los éxitos deportivos: Barracas Central está buscando dónde disputar sus partidos de local (¿Lanús, Banfield?), al menos durante la primera fase. La falta de un sistema lumínico acorde a las necesidades y el ingreso de hinchas locales y eventuales visitantes por el mismo acceso, le juegan en contra.
Como sea, a este ritmo, en poco tiempo más el “Claudio ‘Chiqui’ Tapia” seguramente estará a la altura también de competencias internacionales.
Qué curioso. En las primeras décadas del fútbol argentino, su vecino y clásico rival Sportivo Barracas no solo estaba en la máxima categoría, sino que disfrutaba de un estadio que en los años 20 del siglo pasado se encontraba entre los más importantes del país, tanto que con su capacidad para 37 mil espectadores albergó partidos de las ediciones 1921 y 1925 de la Copa Sudamericana (actual Copa América) y una pelea del boxeador Luis Ángel Firpo a las que asistieron unos 60 mil personas en 1924.
Hoy Sportivo Barracas no tiene cancha propia y milita en la Primera C. Y curiosamente, también, será el primer obstáculo de Atlético Tucumán en la Copa Argentina de esta temporada.





















