“Piden experiencia y nos cortan las alas”: egresó entre las mejores en desarrollo de software, pero no consigue trabajo
Tras mudarse de Palomino para acortar distancias, Ayelén Quinteros, se recibió con uno de los mejores promedios. Hoy enfrenta una nueva barrera. Esta historia forma parte de la serie “Qué estudiar hoy | Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”.
RECIENTE RECIBIDA. Ayelén creció en una zona rural de Simoca y hoy apuesta a insertarse en el mundo tecnológico. / LA GACETA, ÁLVARO MEDINA
Antes de escribir una línea de código, Ayelén Quinteros tenía que resolver algo más básico: cómo salir de su casa cuando el camino se llenaba de barro. Creció en Palomino, una zona rural de Simoca, lejos del mundo de la tecnología. Hoy, con 21 años, se recibió como Técnica Superior en Desarrollo de Software en Monteros y terminó la carrera con el segundo mejor promedio.
El salto, sin embargo, no fue directo ni garantiza un lugar. Como a muchos, el título no le alcanza: para trabajar le piden experiencia, y para tener experiencia necesita trabajar. Esta historia forma parte de la serie “Qué estudiar hoy | Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”, que recorre las tensiones entre formación, empleo y futuro en jóvenes de Tucumán.
DESDE PALOMINO HASTA MONTEROS. Para estudiar, Ayelén tuvo que mudarse y acortar distancias. / LA GACETA, ÁLVARO MEDINA
“Me puse a estudiar y la fui remando”
El recorrido, sin embargo, estuvo lejos de ser simple. Para poder estudiar, Ayelén tuvo que empezar a alquilar en Simoca y acortar distancias. Desde la casa donde creció, en Palomino —una zona rural a unos 30 kilómetros del centro—, el viaje hasta Monteros podía superar la hora, con tramos de camino de tierra que, cuando llueve, se vuelven intransitables.
“Sabía que si no me mudaba se me iba a complicar con las asistencias. Fue una decisión difícil, pero necesaria”, cuenta.
El cambio no fue solo geográfico. También implicó adaptarse a un mundo completamente nuevo. Cuando empezó la carrera, muchos de sus compañeros venían de escuelas técnicas y ya tenían conocimientos previos. Ella ni siquiera tenía una computadora cuando empezó pero eso no la frenó.
“Sentía que no estaba al nivel. Venía sin base y me costó arrancar. Pero me puse a estudiar por mi cuenta y la fui remando”, recuerda.
DESDE SU CASA. La joven programadora pasa sus días entre el código y la búsqueda de su primera oportunidad laboral. / LA GACETA, ÁLVARO MEDINA
Esa constancia fue clave. También el acompañamiento. Durante el secundario y la carrera, contó con el apoyo de la Asociación Civil Minkay, que le brindó una beca económica y mentorías. “Fue un soporte enorme. Teníamos tutores, reuniones y gente que nos guiaba”, dice.
Tres años después, ese esfuerzo dio resultado: se recibió en tiempo y forma y con uno de los mejores promedios. Pero al salir, apareció el mismo obstáculo que atraviesa a muchos jóvenes.
EL NUEVO ESCENARIO. Lejos del campo donde creció, hoy vive cerca de donde estudió para acortar distancias. / LA GACETA, ÁLVARO MEDINA
“Nos piden experiencia y ahí nos cortan las alas”
Los avisos laborales piden experiencia, incluso para puestos junior. “La primera sensación fue frustración. Pensé: ‘¿y ahora qué hago?’”, admite.
Para no quedarse quieta, armó junto a dos compañeras, Daiana Villagra y Sara Cruz, un proyecto llamado Tricode. Desarrollan páginas web y aplicaciones, e intentan vender soluciones, por ejemplo, para cafeterías. La idea es generar experiencia y clientes mientras siguen buscando empleo formal.
“En el mundo de la tecnología hay mucho trabajo, pero a principiantes como a nosotros nos cuesta. Nos piden dos, tres años de experiencia y ahí nos cortan las alas. Por eso decidimos crear el grupo”, dice.
Mientras tanto, también evalúa otras alternativas para sostenerse económicamente. Está por empezar un trabajo administrativo, lejos del mundo tecnológico, pero necesario para tener ingresos.
“Pasa mucho: estudiar una carrera y no encontrar trabajo de eso. Necesito subsistir de alguna manera también y tengo que buscar otras alternativas. Cuando me salga algo relacionado a la carrera, bienvenido sea”, expresa.
SOCIAS. Ayelen, Daiana y Sara crearon Tricode para dar sus primeros pasos en el mundo laboral. / CORTESÍA AYELÉN QUINTEROS
“Me imagino trabajando desde mi casa y ganando en dólares”
A pesar de las dificultades, Ayelén no duda en definir su carrera como una apuesta al futuro. Cree que el desarrollo de software seguirá creciendo, aunque reconoce que el camino inicial no es tan rápido ni sencillo como muchos imaginan.
También tiene una mirada clara sobre el impacto de la inteligencia artificial. “La uso como herramienta, ayuda mucho, pero no reemplaza. Siempre hay errores y hay que saber qué está pasando”, explica.
Su objetivo es seguir formándose. Quiere estudiar Ingeniería en Sistemas y, en paralelo, conseguir un trabajo remoto, idealmente para el exterior. “Me imagino trabajando desde mi casa, para alguien de afuera y ganando en dólares”, proyecta.
Hoy se proyecta dentro del mundo tecnológico y con una certeza: va a tener que seguir aprendiendo constantemente. “La tecnología avanza todo el tiempo y tenemos que estar preparados para adaptarnos”, asegura.
SU HERRAMIENTA DE TRABAJO. Mientras espera su primera oportunidad en el rubro, combina formación, práctica y búsqueda laboral. / LA GACETA, ÁLVARO MEDINA
“Hay que seguir intentando”
Ayelén sabe que su historia puede resonar en otros jóvenes, especialmente en quienes vienen de contextos similares al suyo. “Que no piensen que no es para ellos. No importa de dónde vengas ni si no tenés base. Se puede”, dice.
Su propio recorrido lo confirma: de una escuela rural sin informática a convertirse en desarrolladora, con uno de los mejores promedios de su promoción. Nada de eso fue sencillo.
“Si no conseguía la beca, iba a tener que trabajar para pagarme la carrera. Mi idea siempre fue estudiar, sí o sí quería tener mi título”, cuenta. El futuro, admite, todavía tiene incertidumbre. Pero también entusiasmo. “Sé que todo el esfuerzo va a dar frutos. Hay que seguir intentando”, suma.
Hoy, los días de Ayelén se reparten entre escribir código y buscar trabajo. Pasa horas frente a la computadora, probando, aprendiendo y entrando a plataformas como Computrabajo, mientras espera una oportunidad más alineada con lo que estudió.
Producción audiovisual: Agustina Garrocho y Álvaro Medina.






















