El futuro según Arriazu
En su paso por Tucumán, el economista trazó un mapa posible del porvenir económico argentino. En lo que se ha convertido en un retorno ritual, orientó a muchos de los más destacados empresarios de la provincia. LA GACETA lo distinguió por su aporte al análisis reflexivo y prospectivo de nuestro país.
Ricardo Arriazu ocupa el centro de uno de los lados largos de una mesa rectangular. Alrededor se distribuyen 25 empresarios en la sede de LA GACETA. Cada uno de ellos formula una o dos preguntas. Cuando termina la ronda, el economista hace una clasificación temática de los interrogantes y luego, en una muestra de memoria prodigiosa, realiza una exposición en la que irá enhebrando las distintas cuestiones planteadas. Lo que vemos es un cerebro privilegiado, extraordinariamente lúcido, aplicando la técnica mnemotécnica del palacio de la memoria, combinada con una brillante capacidad analítica y un extenso bagaje nutrido por su experiencia.
Arriazu vuelve a Tucumán, una vez más. Hace medio siglo viaja anualmente a su provincia natal para brindar una conferencia sobre las perspectivas económicas del país, invitado por la Fundación del Tucumán. En los últimos años se ha convertido en el topógrafo más calificado de un futuro posible y luminoso, deducido a partir de datos de una radiografía precisa del presente y de proyecciones propias. Pinta la fisonomía de una Argentina que en 2030 podría usufructuar un extraordinario crecimiento de su PBI, con una balanza comercial que triplicaría la actual, de la mano de la explotación de sus recursos mineros y energéticos.
Los principales conceptos de sus “charlas tucumanas” suelen marcar la agenda de la discusión económica del año. Impactan fuertemente en la atención del Presidente –a quien vio solo una vez– y en la de los principales tomadores de decisiones del país, entre los que suele encabezar los rankings de economistas más valorados.
Paradojas de la economía dual
En 2025 se definió como “el gallego que maneja a contramano por la Avenida 9 de Julio”, por la visión solitaria que tenía sobre la economía argentina. Alertó enfáticamente sobre las inconveniencias y los riesgos de ciertas medidas oficiales, como la instauración de las bandas cambiarias, que luego generaron trastornos significativos.
Arriazu se mete con la contradicción entre los datos de la macro y la percepción extendida en un gran porcentaje de la sociedad. Coexisten cifras de récord de actividad con altos niveles de endeudamiento, morosidad y dificultades para llegar a fin de mes. El consumo también arroja cifras en crecimiento, pero en la descomposición de los números sobresale la compra de autos, motos o turismo, conviviendo con caídas en el consumo masivo. El problema de fondo, sentencia, es que el PBI es chico. “Somos pobres”, resume.
Confianza
El año pasado otorgaba entre un 30 y 40% de posibilidades de éxito al tránsito hacia el futuro auspicioso que describe. Hoy, más de un 50 %. Es la primera vez, en décadas, que es tan optimista. Cree que esa chance está apoyada fundamentalmente en la confianza, combinada con ventajas puntuales –una gran cosecha por delante, novedades como las del fallo norteamericano sobre YPF y los precios en ascenso del petróleo y los metales–.
El termómetro de la confianza, explica, es la compra de dólares. Si los argentinos imaginan que crecen las posibilidades de un regreso del gobierno anterior, podría generarse una corrida similar o superior a la de 2025. Recuerda que en todas las crisis, excepto en el 95, el que compró dólares ganó. Por eso cree que es importante que esta vez el que apuesta contra el peso pierda.
Arriazu también había advertido el año pasado que los cambios económicos traerían destrucción antes de que llegaran los beneficios de la creación. Es el gran escollo en el camino hacia la prosperidad. Habrá ganadores y perdedores. Las provincias con recursos estratégicos tendrán transformaciones potentes y positivas. Sufrirán las que tienen grandes conurbanos alrededor de industrias a las que les costará sobrevivir. “Estamos en una Argentina distinta que recién está mostrando lo que será”, afirma.
Premio LA GACETA
Conocí a Ricardo en el Foro Iberoamérica, institución que integrábamos y que reunía a estadistas de la talla de Julio María Sanguinetti, Felipe González, Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos; empresarios de la envergadura de Carlos Slim, y escritores como Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. La voz de Arriazu era una voz destacada dentro de los debates que allí tenían lugar. Se trata de una de las mentes más reconocidas, lúcidas y productivas que ha dado Tucumán –y la Argentina– a lo largo de su historia.
En 2025, LA GACETA instituyó una distinción que lleva su nombre y que reconoce la trayectoria de aquellos que hicieron grandes contribuciones para interpretar y transformar nuestro país. En esa primera edición se reconoció a Natalio Botana, para muchos, nuestro mayor historiador y politólogo. Este año la distinción recayó en Arriazu por su valioso aporte para pensar la Argentina y trazar senderos posibles para engrandecer su horizonte. Es un tucumano que recorrió el mundo y tejió una de las trayectorias más sobresalientes dentro de su profesión. Un embajador que exhibió, más allá de nuestras fronteras, la potencia formativa de nuestra universidad y, para los tucumanos que lo reencuentran, un guía que vuelve periódicamente a transmitir sus diagnósticos sobre una realidad compleja y a señalar las oportunidades que no deberíamos desperdiciar.






















