Una pareja vivió una situación casi idéntica a la del matrimonio Robles-Albornoz: misma fiesta, mismo recorrido, distinta suerte
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Una pareja sobrevivió tras ser arrastrada por el agua en el mismo tramo de Tucumán donde el matrimonio Robles-Albornoz falleció el sábado debido a las intensas inundaciones.
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Los sobrevivientes asistieron a la misma fiesta y realizaron el idéntico recorrido. Relataron el pánico vivido al cruzar la zona donde el vehículo de las víctimas fue succionado.
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El testimonio evidencia la peligrosidad de las rutas ante temporales y presiona por mejoras en la infraestructura hídrica de Yerba Buena y Tafí Viejo para evitar nuevas tragedias.
PELIGRO. Una pareja temió por su vida donde fue arrastrado el auto de Mariano Robles y de Solana Albornoz.
La tragedia de Mariano Robles (28 años) y Solana Albornoz (32), la pareja que falleció cuando su auto fue arrastrado por el agua el sábado, cuando habían salido de un casamiento, tiene una cara paralela que estremece. Daiana y Juan José habían estado en la misma fiesta: se casaba la hermana de este. Habían salido del salón solo 20 minutos después que Mariano y Solana. Recorrieron el mismo camino, enfrentaron la misma correntada y quedaron atrapados en el mismo cauce desbordado. La diferencia fue mínima. El desenlace, opuesto.
“En la fiesta, obviamente, no tomamos dimensión del gran caudal de agua que había caído. Nosotros fuimos de los últimos en salir; a eso de las 21.50”, contó Daiana, todavía atravesada por la experiencia. Habían planeado continuar la noche en un bar de Yerba Buena, junto a otras parejas.
Salieron del salón y confiaron el rumbo al GPS. El sistema de navegación los envió por una diagonal de Tafí Viejo, un camino de tierra que, en condiciones normales, no habría representado dificultad. “Después nos enteramos de que había otra salida, por la ruta 9, pero nosotros no la conocíamos”, explicó. No llegaron a avanzar ni media cuadra cuando el miedo y la desesperación se hicieron protagonistas.
“El auto empezó a patinar. Ya había correntada, porque es una zona en bajada, como un pozo donde se junta el agua”, recordó. Daiana manejaba el Peugeot 208. “Le dije a mi marido que hacía marcha atrás, pero no hubo forma. Las ruedas patinaban y nos íbamos. La única alternativa era avanzar. Él me dijo que acelere hacia adelante. Era lo único que podíamos hacer”, relató.
Y así lo hizo. Pero la situación se tornaba cada vez más crítica: el agua subía por encima del capó y el vehículo comenzaba a desplazarse sin control. “Aceleré y aceleré hasta que el auto se apagó; ya habíamos pasado casi todo el caudal. Clavé freno de mano, puse primera, pisé el freno; activé todo. Pero sentíamos que la cola del auto se inclinaba”, describió. La lluvia había vuelto con fuerza y la visibilidad era prácticamente nula.
Entonces tomaron una decisión que marcaría el resto de la noche. Daiana abrió la puerta y comprobó que hacía pie, aunque el agua le llegaba alto en la pierna. Sugirió bajar para empujar el vehículo tomándolo desde el marco de la puerta, pero Juan José le dijo que no, que lo haría él. A partir de ese momento perdió todo contacto con él.
Desaparecido
“Cuando se baja, lo pierdo de vista. Empiezo a llamarlo, pero no me contestaba. Pensé en que se lo había llevado el río”, contó. La desesperación se instaló de inmediato: “Era gritar, gritar, gritar. No lo veía, no lo escuchaba... pensaba que se había muerto”.
Sola, empujó el auto desde la puerta del conductor hasta que logró trabarlo. Luego volvió sobre sus pasos, a buscar a su esposo, sin éxito. “No estaba. No lo veía por ningún lado”. En medio de la angustia, una idea cruzó su mente: tirarse al agua para buscarlo. Pero algo la detuvo. “Pensé en nuestra hija”. La niña no estaba con ellos. Se había ido del casamiento una hora antes, junto a sus abuelos. Pero si algo malo le había ocurrido a su esposo, ella debía cuidar de la pequeña. Durante cinco minutos que se sintieron sempiternos, ella estuvo convencida de que su esposo había muerto.
Pero no. Juan José luchaba por sobrevivir en medio del agua. La correntada lo arrastró más de 40 metros, hasta que logró aferrarse de una rama y, desde allí, hacer pie sobre una piedra. “Solo se quebró el dedo de un pie y tiene muchos hematomas en las piernas, producto de los golpes. Pero si se golpeaba la cabeza y quedaba inconsciente la historia habría sido otra”, reflexionó Daiana.
Ni bien se sintió firme, Juan José mandó un mensaje al grupo de WhatsApp de los primos, del cual también participa Daiana. Allí avisaba que estaba bien, y pedía por favor que vayan a auxiliarla: él también pensaba que a ella la había arrastrado el río.
La escena no dejó de escalar en tensión. Un cuñado acudió al lugar para asistirlos, pero su vehículo también patinó y estuvo a punto de ser arrastrado. “Su hijo lo salvó. Y yo miraba todo eso desde el otro lado”, recordó Daiana, todavía angustiada.
Rescate
El rescate demoró más de una hora. Efectivos policiales lograron llegar hasta Juan José con sogas, en un operativo que les llevó una hora y 20 minutos. “A mí me gritaban que no me baje del auto, que me podía patinar, como le había pasado a él”, dijo. Los bomberos estaban del otro lado, y no podían cruzar. Luego, los policías trasladaron a la pareja hasta la comisaría de los Pocitos. “Les estoy eternamente agradecida”, insistió Daiana.
Al día siguiente, Daiana vio los pedidos de ayuda que circulaban por redes sociales, para encontrar a Robles y a Albornoz. “Me comuniqué con una chica que había hecho una publicación en Facebook, y le conté lo que nos había pasado. Y le dije que quizás ellos salieron de la fiesta hacia esa dirección, que nosotros no habíamos visto otro vehículo en el trayecto, pero que vayan a ver. Le envié las coordenadas de donde había sido, y la ubicación que mi marido había mandado. Y a la hora y media nos enteramos de que sí, de que efectivamente los había arrastrado ese mismo río. Ellos habían salido 20 minutos antes que nosotros”, dijo Daiana, con la voz quebrada.
FAMILIA. Mariano Robles, Rodrigo Robles (su sobrino), Solana Albornoz y sus dos hijos.
Y no es para menos. La cercanía entre ambas historias impacta. Mismo punto de partida, mismo recorrido sugerido por el GPS, misma trampa natural generada por el desborde del agua. Solo un margen mínimo de tiempo separó a una pareja que logró sobrevivir de otra que no pudo hacerlo.
“No echo la culpa a nadie; pero me parece que si es como nos contó la Policía, que ya el año pasado ocurrió algo similar, debería haber señalización, cartelería, algo que indique que en caso de lluvia no se tome ese camino”, planteó Daiana. Su testimonio no busca responsables, sino prevenir nuevas tragedias. “Ojalá esto sirva para que se tomen medidas y no vuelva a ocurrir”.


























