Entre tantas formaciones distintas, San Martín mostró en Santiago el dibujo que mejor le sienta
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San Martín de Tucumán venció 2-0 a Güemes en Santiago del Estero tras implementar una línea de tres defensores para optimizar el rendimiento colectivo y el equilibrio táctico.
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El técnico Andrés Yllana ajustó funciones tras semanas de rotaciones por lesiones y suspensiones, logrando que jugadores como Salazar y Diarte exploten sus bandas con mayor libertad.
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Este triunfo consolida un dibujo táctico que potencia las individualidades y sugiere que el cuerpo técnico ha encontrado finalmente la base estructural para el resto del torneo.
CONTROL. Luca Arfaras tuvo un buen desempeño en el ataque de San Martín. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
A veces, un cambio de sistema no altera tanto por los nombres que pone en cancha, sino por el lugar desde el que les permite rendir. Eso fue lo que ocurrió con San Martín en Santiago del Estero. La línea de tres que eligió Andrés Yllana para enfrentar a Güemes no debe leerse como una reacción conservadora, ni tampoco como un simple volantazo táctico. Fue, más bien, la consecuencia de una búsqueda que venía abierta desde hace varias fechas y que, por fin, encontró una forma bastante convincente. El 2 a 0 dejó algo más importante que el resultado: dejó la sensación de que el equipo encontró una estructura que lo acomodó mejor.
Basta repasar las placas de las últimas formaciones para entender el contexto de esa decisión. Del equipo que jugó en Madryn al que recibió a Chacarita ya había retoques. Luego vino la Copa Argentina, con una rotación casi total. Y en Güemes volvió a aparecer otro dibujo. Yllana pasó varias semanas corrigiendo sobre la marcha, obligado por lesiones, suspensiones, rendimientos y también por la necesidad de encontrar respuestas. Por eso, lo valioso del triunfo en el Madre de Ciudades no fue sólo haber cambiado: fue haber cambiado con sentido. San Martín venía mutando casi de partido en partido; esta vez, en cambio, dio la impresión de haber modificado para ordenarse.
Lo interesante, además, es que contra Güemes no hubo una revolución de nombres, sino de funciones. Si se toma como referencia el equipo que había jugado contra el “Funebrero”, los cambios de nombres no fueron tantos. Pero sí cambió de manera fuerte la lógica del equipo. La línea de tres quedó conformada por Tiago Peñalba, Nicolás Ferreyra y Guillermo Rodríguez; Víctor Salazar y Lucas Diarte pasaron a ocupar toda la banda; en el medio quedaron Alan Cisnero, Santiago Briñone y Nicolás Castro; y arriba se movieron Diego Diellos y Luca Arfaras. Esa distribución hizo que varios futbolistas dejaran de jugar incómodos o forzados y empezaran a recibir el partido desde un lugar más natural.
Ahí aparece la principal lectura táctica del partido. La línea de tres no retrasó al equipo: lo sostuvo. Con tres centrales, San Martín tuvo más cobertura para los movimientos de Salazar y Diarte, dos futbolistas que por características pueden influir mucho más cuando tienen metros para ir y venir. A la vez, el mediocampo ganó otra dinámica. Briñone tuvo más libertad para tomar la pelota y organizar, Castro pudo moverse sin quedar tan aislado y Cisnero encontró un escenario ideal para sostener ritmo, presión y recorrido. El sistema, en vez de partir al equipo, lo compactó. Le dio mejores distancias, más respaldo y una circulación más lógica. No fue un San Martín replegado; fue un San Martín más equilibrado.
Un efecto positivo
También arriba el dibujo generó un efecto positivo. Diellos no quedó tan solo ni tan obligado a pelear cada pelota en desventaja, mientras que Arfaras aportó movilidad, presión y agresividad para atacar los espacios. El primer gol, de hecho, nace de esa intención: un equipo que aprieta, obliga al error y encuentra premio a partir de una estructura corta y agresiva. No hizo falta poblar de delanteros el área para lastimar; hizo falta que el equipo llegara mejor armado a cada sector del campo. Esa fue la diferencia. San Martín no atacó más porque se lanzó al desorden, sino porque encontró una manera más clara de avanzar.
Yllana, de algún modo, explicó esa búsqueda cuando marcó que no le interesa quedarse “en el partido del pizarrón”. Su idea, según dijo, pasa por “poner al jugador lo más cómodo posible en la cancha para que pueda mostrar sus cualidades”. Esa frase encaja perfecto con lo que se vio en Santiago. Porque el mérito no estuvo únicamente en haber dibujado una línea de tres, sino en haberla usado para potenciar rasgos individuales. Rodríguez se acomodó bien como stopper, Peñalba respondió en el centro de la zaga y Ferreyra tuvo un contexto más limpio para imponerse. Lo mismo pasó con los carrileros y con Briñone, que encontró un escenario favorable para hacerse dueño del ritmo.
Diarte también dio una pista importante cuando remarcó que una línea de tres “no es fácil” y que se necesita “mucho trabajo, mucho entendimiento”. Es una observación valiosa porque corre la mirada del resultado inmediato. Lo de Güemes no fue una improvisación afortunada ni una ocurrencia de último momento. Fue una variante ensayada, madurada de a poco y activada en el momento que el cuerpo técnico creyó conveniente. Por eso salió con tanta naturalidad y también puede leerse como algo más profundo que un acierto aislado: como una señal de que Yllana, después de varias semanas de mover piezas, empieza a encontrar una base.
Una pista
La pregunta de fondo ahora no pasa por si San Martín debe jugar siempre así, sino por qué esta estructura le devolvió tanta coherencia al equipo.
La respuesta parece estar menos en el sistema en sí que en la relación entre el sistema y los jugadores disponibles. En un torneo en el que Yllana cambió bastante, el partido contra Güemes dejó una conclusión fuerte: no siempre hace falta modificar mucho para transformar bastante. A veces alcanza con redistribuir mejor.
Eso fue lo que logró el entrenador “santo”. Después de varias formaciones diferentes, de nombres que entraban y salían del equipo, y de funciones que parecían todavía en construcción, San Martín encontró una versión que no sólo ganó, sino que transmitió una idea clara.




















