Caminar sobre las nubes: el legendario sendero a 4.000 metros que es Patrimonio de la Humanidad
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El sendero 'Escalera a las Nubes', tramo del Qhapaq Ñan en Jujuy, ofrece un recorrido histórico a 4.300 metros de altura que conecta la cultura inca con el turismo actual.
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Con más de 500 años de antigüedad, este camino empedrado une la Quebrada con las Yungas. La ruta de 10 kilómetros se inicia en Santa Ana y fue declarada patrimonio por UNESCO.
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El sitio impulsa el turismo rural sustentable y la preservación de la herencia inca. Su relevancia reside en la conexión cultural y el desarrollo de las comunidades locales.
Escalera a las Nubes permite asomarse a la inmensidad de la Quebrada. (Imagen web)
Parte de las grandes hazañas de la humanidad quedó enquistada a unos 4300 metros sobre el nivel del mar, en Jujuy. Uno de los tesoros arqueológicos mundiales se extiende en medio de las poblaciones de Valle Colorado y Santa Ana. Por allí es posible caminar rodeado de nubes, retomando el mismo recorrido que el pueblo incaico realizó para conectar el Ecuador con la provincia de Mendoza a pie y sumergiéndose por mundos diferentes que van desde la aridez de los desiertos hasta frondosas selvas en una extensión de 23 mil kilómetros.
Parte del emblemático Camino del Inca, reconocido en 2014 como patrimonio cultural de la Humanidad por la Unesco, se encuentra en la zona de Quebrada Grande, una caminata de unos 10 kilómetros (ida y vuelta) que comienza en Santa Ana por la Ruta Provincial 73. "Escalera a las Nubes" es un tramo del Qhapaq Ñan, un segmento empedrado de más de 500 años de antigüedad que aún puede recorrerse, apreciando restos de las escaleras construidas en épocas incaicas. Este sector es transitado por los pobladores locales y está rodeado de un paisaje que fusiona la jungla, la aridez, la vegetación de altura y la humedad.
Un empedrardo de 500 años de antigüedad
Esta travesía une la aridez de la Quebrada de Humahuaca con la vegetación exuberante de las Yungas. El circuito completo, que abarca unos 237 kilómetros de ripio, parte desde Humahuaca y atraviesa hitos geográficos imponentes como la Serranía del Hornocal y el Abra de Zenta, alcanzando allí su punto de mayor altitud antes de descender hacia el Parque Nacional Calilegua.
Para quienes buscan una experiencia de inmersión total, las aldeas locales a lo largo de la ruta ofrecen propuestas de turismo rural asociativo. Esta modalidad no solo permite conocer la cultura ancestral desde adentro, sino que garantiza un impacto sustentable en la región, donde el visitante puede compartir relatos, música y la gastronomía típica jujeña con los verdaderos guardianes del camino.
Historia del Camino del Inca
En 2014, el Camino del Inca fue nombrado patrimonio cultural de la Humanidad por la UNESCO EN la 38° Reunión del Comité de Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, reunido en Doha, Qatar en ese entonces.
Este trazado no era solo una ruta, sino la representación simbólica del poder y autoridad del estado Inca. Su uso era exclusivo para sus miembros. Este punto era muy importante, tal es así, que se realizaba un control mediante puntos de observación y vigilancia distribuidos en el mismo.
Fueron construidos de manera práctica basándose en el tráfico pedestre de los hombres como los chasquis o mensajeros como así también los animales como las llamas, usadas para transportar entre 30 y 40 kg en su lomo.
Consejos para recorrer la historia viva de los Andes
Dada la complejidad del terreno y la altitud, los expertos coinciden en que la mejor época para emprender esta aventura es entre abril y noviembre, cuando el clima seco facilita las caminatas. Se recomienda realizar el trayecto en compañía de guías profesionales y verificar siempre el registro de prestadores de servicios antes de salir. Además, como parte del compromiso con el patrimonio, es fundamental llevar bolsas para residuos y practicar un senderismo de bajo impacto.
La localidad de Santa Ana, ubicada a 3.333 metros sobre el nivel del mar, funciona como la base de operaciones. Con una población de 600 habitantes, el pueblo cuenta con alojamientos y comedores donde recargar energías antes de enfrentar el trekking. Desde allí, además de explorar el Qhapaq Ñan, se pueden visitar miradores como el del Cerro de la Cruz o simplemente disfrutar del silencio de la montaña, en un viaje que, más que distancia física, propone una profunda conexión con el pasado.





















