Pedro Pablo Verasaluse
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El Sistema de Bretton Woods (1944), firmado por 44 países, era la sumisión de los países firmantes a un nuevo sistema monetario. Cada país adoptó una política para su moneda nacional que mantuviera su tipo de cambio dentro de un determinado valor vinculado al dólar. El dólar, a su vez, estaría vinculado al oro a un tipo de cambio fijo de equivalencia (en este caso, 35 dólares por cada 31,10 gramos). Se reconocía, de esta manera, el protagonismo de la economía estadounidense, donde el valor de las monedas y de los bienes mundiales estaban relacionados con el llamado patrón dólar - oro. En 1957, en Roma, ocurre un hecho significativo: se funda la Comunidad Económica Europea (Alemania, Francia, Italia y Benelux). Se trataba de un bloque que iba a competir con EEUU. Su producción industrial va a tener caídas significativas en los años 1954 y 1958, lo que reforzó una creciente pérdida de competitividad con Europa y Asia reduciendo significativamente las reservas de oro estadounidenses.
En este cuadro, desde la Primera Guerra Mundial, el petróleo se había convertido en la principal fuente de energía del mundo. Así, el desarrollo de los países, estuvo fuertemente ligado a la disponibilidad de petróleo para hacer funcionar sus industrias, desarrollar productos o mover medios de transporte. La exploración petrolera a nivel mundial estaba concentrada en siete empresas que actuaban como un cartel para controlar el producto.
En 1960 se creó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con el objetivo de coordinar las políticas petroleras de los países productores, permitiendo controlar la oferta mundial e impulsar los precios y beneficios de los países productores. Hasta ese momento, las empresas extranjeras, pagaban poco por el petróleo extraído y lo vendían a precios mucho más altos. Hasta 1973, sus miembros fueron: Argelia, Libia, Nigeria, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Irán, Irak, Kuwait, Qatar, Indonesia, Ecuador y Venezuela.
En 1968, los países árabes miembros de la OPEP crearon la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (Opaep). Esta organización surgió con el objetivo de utilizar el petróleo como instrumento político. Coincidió con la Guerra de los Seis Días de 1967 (entre Israel y Egipto, Jordania y Siria y Líbano) por el conflicto de Palestina y el embargo petrolero llevado a cabo por algunos países árabes de Oriente Medio, en represalia por el apoyo occidental a Israel durante la guerra.
En 1969 Richard Nixon fue elegido presidente de Estados Unidos. Se hizo cargo de un país implicado en la guerra de Vietnam (1955 – 1975). Dos años después, en 1971, estos acuerdos entraron en crisis (convertibilidad dólar-oro) debido a que Estados Unidos ya financiaba en esa época su déficit comercial mediante emisión, pasando a un sistema de cambio flotante. Decidió, entonces, suspender la convertibilidad del dólar respecto del oro. El sistema de Bretton Woods, recordemos, determinaba una tasa fija de la relación entre el oro y el dólar.
Dólar flotante
El inicio del patrón dólar flotante provocó una devaluación general de todas las monedas. La abrupta caída del valor de las monedas no estuvo acompañada de una disminución del valor de los productos, lo que provocó un aumento de la inflación mundial (los bienes se volvieron más caros para los consumidores).
Pero, para garantizar su hegemonía y demanda de dólares, el presidente Gerald Ford, sucesor de Nixon, recurrió a un acuerdo con Arabia Saudita y luego con el resto de la OPEP, según la cual la monarquía sunnita sólo aceptaría dólares para vender petróleo y reinvertir esos ingresos en bonos del tesoro norteamericano. Estados Unidos, a cambio, le garantizaba armamento y seguridad.
La inflación, a pesar del acuerdo, se extendió por todos los sectores de la economía mundial y, como se esperaba, llegó al petróleo -un insumo básico para la producción industrial y energética-, aumentando muchas veces su precio de mercado. La situación empeoró cuando comenzó la Guerra de Yom Kippur en octubre de 1973 (Egipto y Siria contra Israel). Como represalia al apoyo estadounidense, Arabia Saudita, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar anunciaron unilateralmente un aumento del precio del petróleo del 70%, de 3,57 a 5,11 dólares por barril, y un recorte progresivo de la producción.
La crisis de 1973
Al reducir la cantidad de petróleo producido llevaron a un aumento en el precio del producto que al ser más escaso, se volvió más caro. Las compañías petroleras se vieron obligadas a aumentar drásticamente sus costos y el precio del petróleo subió a 12 dólares el barril a finales de año.
Con el aumento de precio y menor disponibilidad del producto se provocó una reacción en cadena, dando lugar a la crisis de 1973. Las petroleras aumentaron el precio del petróleo que vendían y los países comenzaron a ahorrar su consumo de petróleo, aumentando el precio de los derivados del petróleo -por ejemplo, combustibles y productos industrializados para el consumidor final. Comenzó, finalmente, el racionamiento y el miedo a la escasez de productos, poniendo en riesgo el funcionamiento de fábricas, medios de transporte y generación de electricidad en las grandes ciudades de muchos países del mundo.
Cincuenta y un años después, en el 2024, Arabia Saudita rompió ese acuerdo. Comenzó a aceptar otras monedas, en virtud de que su principal comprador pasó a ser China, además de otros países de Asia. El dólar, de esta manera, perdió una de las principales fortalezas: la de ser imprescindible para comprar petróleo. La guerra en Irán aceleró este proceso de desdolarización que se está desarrollando en el mundo. Impulsó un nuevo protagonismo de los “petroyuanes” y disparó la inflación a niveles en que los bonos del tesoro estadounidense dejaron de ser rentables.
La guerra de Irán fue un catalizador de todo este proceso. Las sanciones sobre Rusia, Irán y Venezuela operaron como un factor desdolarizar, en la medida que obligaron a operar en mercados paralelos, por fuera del sistema bancario occidental y del dólar.
Fueron las sanciones las que empujaron tanto a esos países como a sus compradores a diagramar un sistema comercial alternativo al Swift, la red que usan los bancos para enviar órdenes de pagos entre países. Refinerías de India, por ejemplo, un aliado de Estados Unidos, comenzaron a liquidar importaciones de crudo ruso en monedas alternativas, como yuanes o dirhams, mediante esquemas financieros que evitan el sistema tradicional en dólares.
Existen varios sistemas paralelos que utilizan monedas locales: el más predominante es el yuan, aunque Rusia también creó un sistema alternativo, e India impulsa pagos internacionales en rupias, para lo cual ha establecido acuerdos bilaterales con varios países.
Muchos bancos centrales, además, están desarrollando versiones digitales de sus monedas, lo que en un futuro podría permitir pagos sin pasar por Swift. Los Brics utilizan monedas locales para el comercio bilateral y están discutiendo el desarrollo de un sistema alternativo y de una moneda común.
El problema es que, para reemplazar el dólar, se necesita un país dispuesto a posicionar su moneda como referencia internacional. China quiere aumentar el uso mundial del yuan porque eso implica un incremento de sus ventas, pero no quiere asumir los costos que conlleva convertirse en moneda de referencia. Tampoco pretende hundir al dólar, ya que aún conserva grandes reservas en esa moneda.
Estamos ante una tendencia a la caída de la hegemonía del dólar, pero sin un reemplazo claro a la vista. Los misiles de Irán, además de destruir la cúpula de hierro de Israel, están acelerando la caída del predominio del dólar. La crisis energética, en Asia y Europa, pone de manifiesto que la inteligencia artificial no puede existir sin energía- es decir sin recursos tangibles como gas, petróleo, carbón o uranio- y que el control del comercio no pasa por dominar algoritmos, sino por controlar los pasos comerciales y las cadenas de suministros


















