De la élite europea a jugar con amigos en Tucumán: el polista Lucas Torales engalana la Equestrian Week
Es el único bonaerense en el certamen que se disputa en Tapia. Pasó por La Natividad junto a los Castagnola, hoy maneja una organización suiza y viaja por el mundo, pero eligió nuestra provincia para jugar y disfrutar de la pasión por el polo antes de partir rumbo a Inglaterra.
CON LOS MEJORES. Lucas Torales llegó a tener 6 goles de hándicap y compartió cancha con figuras como “Lolo” y “Barto” Castagnola. Hoy se lo puede ver en Tapia. Foto: prensapolo.com
El paisaje imponente de las sierras de Tapia, teñido por el verde tucumano y el habitual movimiento de jugadores, caballos y espectadores, cobija por estos días una nueva edición de la Equestrian Week. El certamen amistoso se transformó en el epicentro del polo de la región, reuniendo a deportistas de Salta, Catamarca, Jujuy y Santiago del Estero. Sin embargo, entre la marea de tonadas norteñas, hay un acento que sobresale. Es el de Lucas Torales, el único jugador de la provincia de Buenos Aires que pisa el césped tucumano en esta oportunidad.
Torales es un perfil singular dentro de la hípica moderna: un profesional que trabaja en estructuras competitivas internacionales, pero que todavía conserva intacto el valor del polo como espacio de encuentro y camaradería. Sentado al borde de la cancha, el bonaerense sintetiza sus primeras sensaciones con una sonrisa: “Llegué el viernes temprano y jugué a la tarde. Vine a la casa de Federico Pasquini, que me invitó al torneo. La verdad que me encantó el club, el lugar me parece recontra cálido, la gente me recibió muy bien. En el debut perdimos, pero nos salió un partido muy divertido; la pasamos muy bien”.
Para Lucas, salir de Buenos Aires no es solo cumplir con un fixture de fin de semana; es una oportunidad para comprobar que el polo mantiene una identidad que late con fuerza propia a lo largo y ancho del país. “El nivel muy bueno, espectacular. Vi un partido antes del mío y la verdad que juegan muy bien, andan fuerte; hay una buena calidad de caballos y de jugadores”, asegura con el ojo clínico de alguien que respira el deporte las 24 horas del día.
De la ruta a la élite
Para entender a este jinete que hoy transita con naturalidad por las canchas del Country Las Cortaderas, hace falta revisar una historia marcada por el esfuerzo. Hijo de un profesor de salto ecuestre en Cañuelas, Torales aprendió a montar prácticamente antes de caminar. A diferencia de muchos jugadores, Lucas no venía de una dinastía tradicional del polo y no poseía una estructura financiera familiar detrás. Sus primeros entrenamientos transcurrieron de manera precaria, taqueando en los márgenes de las rutas bonaerenses con su único caballo. La perseverancia terminó abriéndole puertas importantes a los 15 años en la organización El Metejón de la mano de Federico Tévez, y más tarde siguió escalando en Puesto Viejo junto al patrón británico Jeremy Baker.
COMPETENCIA. En Tapia, Lucas Torales forma parte del equipo Brillante. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
Su tenacidad lo llevó a alcanzar los 6 goles de hándicap y a ser convocado para integrarse al trabajo diario de La Natividad, el proyecto de la familia Castagnola. Bajo la tutela de Bartolomé “Lolo” Castagnola, Torales compartió alineaciones oficiales en torneos como el Abierto de San Jorge y la Copa de la República, mientras absorbía los métodos de selección de la dinastía. De aquella experiencia no solo se llevó el aprendizaje técnico, sino también el acceso directo a la genética más selecta del polo argentino.
Con esa escuela a cuestas, al pasar la barrera de los 30 años, Lucas supo reconfigurar su rol. Hoy, con un hándicap de 5 goles, se enfoca en la gestión de organizaciones y en el desarrollo de su propio centro de cría y transferencia embrionaria en Cañuelas.
Caballos prestados
A pesar de semejante currículum y de tener su base de operaciones en las exclusivas caballerizas de La Dolfina Polo Ranch, Torales llegó a Tucumán despojado de cualquier misticismo de élite. En Tapia, el bonaerense aceptó el desafío de competir con un lote de caballos prestados por su anfitrión, Federico Pasquini, superando el examen de adaptabilidad con creces.
“Siempre es diferente cuando jugás con caballos que no conocés. Pero el lote que me pasaron estaba muy bueno, así que me acomodé rápido”, celebra. Y aprovecha para reiterar su satisfacción por el nivel de juego que se encontró en las canchas tucumanas. “Estas copas de tres, cuatro días son bravísimas. Hay muchos jugadores buenos, no tienen nada que envidiarle a lo que se ve en Buenos Aires”, asegura.
Lejos de la frialdad corporativa de las grandes ligas, a Torales lo mueve la curiosidad y el intercambio genuino que propone el polo del interior. “Eso es lo que más me gusta cuando voy a jugar en las provincias. Conocer gente, charlar, ver cómo se manejan, cómo hacen las cosas. Aquí lo veo espectacular, tienen un club hermoso, un torneo bien organizado, tres canchas de polo. Es un programón venir acá en esta fecha del año”, valora.
Esa misma fascinación por la cultura ecuestre se encendió al hablar sobre el torneo de pato programado en la Equestrian Week. Aunque confiesa no haberlo practicado nunca, sus palabras denotan un respeto profundo: “Es un deporte muy lindo para mirar, más pintoresco... hay más contacto, está bueno. A mí todos los deportes que sean con caballos me divierten”, revela, mientras trata de averiguar si los horarios no coincidirán con su próximo partido.
Destino: el mundo
La estadía de Torales en el norte tiene fecha de vencimiento inmediata, ya que su hoja de ruta para el resto del año refleja la intensa dinámica de un manager global. Actualmente se desempeña como Polo Manager, mentor deportivo e instructor técnico del consorcio suizo Standing Rock, fundado por Philipp Müller y representado en las canchas por su hijo Pierandrea. Bajo la tutela de Lucas, la escuadra pasó de tener cinco caballos a una estructura que supera los cuarenta ejemplares de alta competencia, los cuales se exportan anualmente para afrontar la exigente temporada de Inglaterra.
DISFRUTA. Lucas destacó el nivel de los caballos y jugadores que participan en la Equestrian Week. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
El lunes por la noche, Torales emprenderá el regreso a Buenos Aires, pero las valijas no se quedarán quietas por mucho tiempo. Su agenda incluye disputar la Copa Día de la Bandera en el Jockey Club de Rosario junto a sus amigos de Cañuelas. Posteriormente, cruzará el Atlántico rumbo a Inglaterra para sumarse a la escuadra de los Müller, y de allí volará para estar un mes en Estados Unidos, antes de retornar al país para encarar la temporada grande argentina.
Maneja activos globales, planifica genética de vanguardia y diseña estrategias en el hemisferio norte. Sin embargo, este fin de semana, Lucas Torales eligió la calidez de la sobremesa tucumana, demostrando que el verdadero espíritu del polo no se mide en la billetera de los grandes consorcios, sino en la generosidad de compartir un caballo prestado y disfrutar de esa pasión innegociable por el juego.





















