Historias de trasplantes en Tucumán: “Porque ellos donaron sus órganos, nosotras vivimos”

  • Tres mujeres trasplantadas de Tucumán, Salta y Córdoba concientizan sobre la donación de órganos tras el Día del Donante para desmitificar el proceso y salvar vidas.
  • Tras recibir trasplantes de córnea, riñón y corazón, las tres amigas difunden sus vivencias en Tucumán, provincia que duplicó la media de donantes de órganos en el país.
  • Su activismo busca derribar mitos sobre la Ley Justina y garantizar derechos médicos. Su testimonio demuestra que la donación mejora la calidad y expectativa de vida futura.

UNA MISMA MISIÓN. Las tres mujeres recibieron un trasplante para poder vivir y hoy crean conciencia. UNA MISMA MISIÓN. Las tres mujeres recibieron un trasplante para poder vivir y hoy crean conciencia.

A veces una amistad nace en la escuela, en el trabajo o entre vecinos. La de María Valeria Sardi, Noemí del Milagro Cruz y Nora Salibi de Pich comenzó por una experiencia mucho menos frecuente. Las tres recibieron un trasplante que les permitió vivir.

Una es tucumana, otra salteña y la tercera cordobesa. Las separan generaciones, profesiones y trayectorias personales. Lo que las une es haber atravesado una enfermedad, haber esperado un órgano o un tejido y haber encontrado en esa experiencia un motivo para impulsar campañas de concientización.

Estas acciones cobran especial relevancia luego del Día Nacional del Donante de Órganos, que se conmemoró el 30 de mayo. Aunque Argentina cuenta con la Ley Justina y registra importantes avances en materia de trasplantes, quienes viven gracias a una donación sostienen que todavía persisten mitos, temores y desinformación.

Para María Valeria, escritora, docente y deportista trasplantada tucumana, la palabra donar adquirió un significado profundo hace más de dos décadas. Recibió dos trasplantes de córneas, en 2003 y 2005, que cambiaron el rumbo de su vida.

Gracias a esas intervenciones pudo estudiar, recibirse como profesora de Lengua y Literatura, especializarse, escribir libros y convertirse en una activa promotora de la difusión sobre donación de órganos y tejidos.

“Donar es el acto de mayor amor y altruismo que una persona puede realizar por quienes están en lista de espera”, sostiene. Y agrega que dar testimonio de su experiencia es una forma de demostrar que detrás de cada trasplante existe una historia de esperanza. “Poder hablar de la vida de un paciente trasplantado es ratificar que existen la generosidad, el amor y la posibilidad de mejorar la calidad y la cantidad de vida”, manifiesta.

Riñón trasplantado

Desde Salta, Noemí comparte una mirada similar. Tiene 37 años y lleva 11 viviendo con un riñón trasplantado proveniente de un donante cadavérico. La insuficiencia renal crónica irrumpió cuando apenas tenía 19 años y la obligó a familiarizarse con términos médicos, sesiones de diálisis y restricciones que transformaron por completo su rutina.

“Cuando los riñones dejan de funcionar no solo se deteriora el cuerpo. También se postergan proyectos, estudios, trabajo y momentos simples de la vida cotidiana”, recuerda.

Ella piensa seguido en la persona que le donó el órgano y en su familia. “Tengo la esperanza de que hayan encontrado consuelo sabiendo que, gracias a ese acto de amor, muchas personas pudimos vivir y retomar sueños que habíamos tenido que postergar”, señala.

La tercera integrante de esta amistad es Nora, de Córdoba. Tiene 85 años y hace 23 vive con un corazón trasplantado. Su voz conserva la emoción intacta cuando habla de la experiencia. “Porque ellos donaron, yo vivo”, resume. Y detrás de esa frase sencilla aparece una historia atravesada por la gratitud.

Por eso para Nora, la concientización es fundamental. “Debe hablarse más al respecto en las familias y en las escuelas”, sostiene. Y este compromiso con la causa la llevó además a participar en el trabajo que impulsó la Ley 26.928, normativa destinada a proteger los derechos de las personas trasplantadas y de quienes se encuentran en lista de espera.

Aunque sus historias son diferentes, las tres coinciden en que el trasplante transformó mucho más que su salud.Valeria pudo desarrollar una carrera académica y literaria. Noemí retomó estudios, proyectos y actividades que la enfermedad había interrumpido. Nora volvió a vivir con el corazón de otra persona latiendo dentro de su cuerpo.

LOCAL. Los referentes médicos del hospital Padilla, un centro referente. LOCAL. Los referentes médicos del hospital Padilla, un centro referente.

Su mensaje encuentra eco en Tucumán, una provincia que se convirtió en referencia nacional en materia de procuración de órganos. Según informó el Ministerio de Salud Pública, durante los últimos diez años duplicó la media nacional de donantes y en 2025 alcanzó el primer lugar del país en cantidad de donantes por millón de habitantes. No, obtante las estadísticas y las leyes no alcanzan a explicar por sí solas lo que significa una donación. Para comprenderlo hay que escuchar historias como las de Valeria, Noemí y Nora.

Historias que nacieron en salas de espera, diagnósticos difíciles y tratamientos prolongados. Historias que hoy continúan en forma de amistad, campañas de concientización y testimonios compartidos.

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