29 Marzo 2002
El agravamiento de la crisis que padece el país, agudizó estos últimos días los problemas de larga data que venía arrastrando el sector agropecuario y puso al campo de Tucumán en virtual paralización y al borde del colapso. Ya se vislumbra que los problemas que sufrirá el sector citrícola y el cañero mantendrán en vilo a propios y extraños, sin mencionar a lo que ya vienen sufriendo tabacaleros, horticultores y pequeños productores, que desarrollan sus actividades productivas en diferentes localidades de la provincia.
El caos social se agudizará más aún, a medida que nos avancemos sobre abril y mayo. Los cortes diarios en las rutas provinciales sin que intervengan las autoridades competentes se tornan caóticos. La situación que viven los productores al intentar trasladar sus productos que tanto esfuerzo y dinero les costó conseguir, es de zozobra y de penumbra. La falta de financiación para el inicio de las zafras citrícola y cañera, la suba en el precio del gasoil -el 5% en estos últimos días-, el aumento descontrolado del dólar que arrastró en su carrera ascendente a todos los insumos del agro, predicen que la actividad agropecuaria local está en un callejón sin salida.
Ya se puede observar como hasta los más encumbrados citricultores comenzaron a disminuir las inversiones en sus quintas, notándose como las malezas comenzaron a tomar la altura inclusive de los mismos árboles frutales. Sus limones hoy no tienen precio. Con los productos químicos dolarizados y la producción pesificada no se puede esperar otra salida.
Quienes aseguran que la devaluación benefició al campo se equivocan lisa y llanamente. Hoy, salvo los productores de granos y los citricultores que basaron su crecimiento en base a las exportaciones, el resto de lo producido en Tucumán se volcó y se seguirá volcando por mucho tiempo más en el mercado doméstico, hoy más deprimido y recesivo que nunca. ¿Donde está entonces el beneficio que manifiestan conocer, desde sus cómodos buffete los funcionarios de turno?
Es imposible que en el mercado interno un sector como el citrícola pueda vender una caja de limón a menos de $9, o un industrial azucarero el kilogramo de azúcar a menos de $0,80.
Estos que hoy son precios que muchos puedan criticar, alcanzan apenas para cubrir los costos de producción en sistemas productivos que la nueva economía dolarizó de facto. Esto conducirá indefectiblemente a que, lejos de poder ir a buscar tecnologías de avanzada a los países más desarrollados del planeta -ante la imposibilidad de poder adquirir divisas-, el presidente Eduardo Duhalde y los productores deberán en cambio pensar en viajar a Cuba a conversar con Fidel Castro, y copiar un modelo de subsistencia digno de un país que posee una economía totalmente cerrada y vedada para adquirir tecnología de vanguardia. Cuba de esto conoce bastante y lo padece. Llegó la hora de desarrollar tecnologías de producción para un sector que deberá subsistir en una economía cubanizada.
Si los productores citrícolas no están en condiciones de adquirir agroquímicos a pesar de vender gran parte de sus producciones al mundo, qué podemos esperar de un productor cañero, de un horticultor o de un tabacalero. La productividad se verá así comprometida seriamente.
En este contexto se deberá trabajar más que nunca pensando en el mercado. Aquel productor que no oriente su producción hacia un producto demandado y con un elevado valor agregado, difícilmente podrá seguir en este sector y quedará fuera del sistema. Los grandes y medianos productores deberán apostar cada vez más fuerte hacia la exportación, única salida válida a esta, que esperemos, sólo sea una coyuntura pasajera. A los pequeños productores sólo les quedará agruparse, manejarse con economías de escala y apostar con su dedicación laboral en forma intensiva a sus actividades productivas.
El caos social se agudizará más aún, a medida que nos avancemos sobre abril y mayo. Los cortes diarios en las rutas provinciales sin que intervengan las autoridades competentes se tornan caóticos. La situación que viven los productores al intentar trasladar sus productos que tanto esfuerzo y dinero les costó conseguir, es de zozobra y de penumbra. La falta de financiación para el inicio de las zafras citrícola y cañera, la suba en el precio del gasoil -el 5% en estos últimos días-, el aumento descontrolado del dólar que arrastró en su carrera ascendente a todos los insumos del agro, predicen que la actividad agropecuaria local está en un callejón sin salida.
Ya se puede observar como hasta los más encumbrados citricultores comenzaron a disminuir las inversiones en sus quintas, notándose como las malezas comenzaron a tomar la altura inclusive de los mismos árboles frutales. Sus limones hoy no tienen precio. Con los productos químicos dolarizados y la producción pesificada no se puede esperar otra salida.
Quienes aseguran que la devaluación benefició al campo se equivocan lisa y llanamente. Hoy, salvo los productores de granos y los citricultores que basaron su crecimiento en base a las exportaciones, el resto de lo producido en Tucumán se volcó y se seguirá volcando por mucho tiempo más en el mercado doméstico, hoy más deprimido y recesivo que nunca. ¿Donde está entonces el beneficio que manifiestan conocer, desde sus cómodos buffete los funcionarios de turno?
Es imposible que en el mercado interno un sector como el citrícola pueda vender una caja de limón a menos de $9, o un industrial azucarero el kilogramo de azúcar a menos de $0,80.
Estos que hoy son precios que muchos puedan criticar, alcanzan apenas para cubrir los costos de producción en sistemas productivos que la nueva economía dolarizó de facto. Esto conducirá indefectiblemente a que, lejos de poder ir a buscar tecnologías de avanzada a los países más desarrollados del planeta -ante la imposibilidad de poder adquirir divisas-, el presidente Eduardo Duhalde y los productores deberán en cambio pensar en viajar a Cuba a conversar con Fidel Castro, y copiar un modelo de subsistencia digno de un país que posee una economía totalmente cerrada y vedada para adquirir tecnología de vanguardia. Cuba de esto conoce bastante y lo padece. Llegó la hora de desarrollar tecnologías de producción para un sector que deberá subsistir en una economía cubanizada.
Si los productores citrícolas no están en condiciones de adquirir agroquímicos a pesar de vender gran parte de sus producciones al mundo, qué podemos esperar de un productor cañero, de un horticultor o de un tabacalero. La productividad se verá así comprometida seriamente.
En este contexto se deberá trabajar más que nunca pensando en el mercado. Aquel productor que no oriente su producción hacia un producto demandado y con un elevado valor agregado, difícilmente podrá seguir en este sector y quedará fuera del sistema. Los grandes y medianos productores deberán apostar cada vez más fuerte hacia la exportación, única salida válida a esta, que esperemos, sólo sea una coyuntura pasajera. A los pequeños productores sólo les quedará agruparse, manejarse con economías de escala y apostar con su dedicación laboral en forma intensiva a sus actividades productivas.















