Los productores tucumanos, a pesar de la coyuntura que atraviesan todas las actividades productivas del país, no quieren abandonar el camino iniciado años atrás en pos de elevar la productividad de sus cañaverales haciendo uso de todas las tecnologías desarrolladas por la EEAOC para el medio.
Es así como la tecnología que año tras año ofrece la EEAOC, ha encontrado en un gran número de productores cañeros el convencimiento de que ésta es la única vía para elevar los índices de productividad, y con ello mejorar sus economías. Con muchos los productos tecnológicos que en los últimos años transfirió la EEAOC al sector cañero. Basta mencionar, entre otros, los surcos de base ancha, como diseño de plantación moderno sustentado por sólidos conceptos científicos. También figuran las variedades de maduración extratemprana de rápida aceptación y difusión en la región gracias a sus potenciales productivos y cualidades industriales; las tablas de recomendación para el uso de fertilizantes como una herramienta para el uso racional de los recursos; el uso de maduradores químicos como una estrategia para mejorar la ecuación caña molida-azúcar obtenida; los fertilizantes líquidos como alternativas operativamente superiores en algunas condiciones a los tradicionales fertilizantes sólidos; y este año el establecimiento de la primera red de semilleros registrados a partir de plantas micro propagadas, que representa el emprendimiento más importante al que está abocado la EEAOC.
Esta última tecnología permitirá en pocos años contar con caña semilla de calidad sanitaria superior para toda la provincia.
En este momento, la actividad cañera busca alternativas para poder realizar un manejo agronómico de los cañaverales, que asegure el mantenimiento de los niveles productivos alcanzados. Pero siempre dentro de un programa de extrema racionalización de recursos que está impuesto por la actual situación.
Uno de los principales desafíos a que deben enfrentarse los productores cañeros en la campaña 2002 es integrar todos los conocimientos disponibles para conformar sistemas de manejo que permitan cumplir los requisitos para un buen manejo. Un ejemplo lo constituyen las plantaciones en terrenos donde se determinó la necesidad de fertilizaciones con fósforo en el fondo del surco, y así asegurar un buen cañaveral a través de toda su vida útil.
En estos casos los fosfatos naturales arenados representan alternativas sensiblemente más económicas que los fertilizantes fosfóricos comerciales para cumplir con los planes de fertilización que, en años normales, se venían realizando. En este sentido, adaptar y calibrar las abonadoras diseñadas para granulados es una tarea de gran importancia con el objetivo de lograr aplicaciones de alta calidad.
Respecto de los programas de fertilización nitrogenada, deben establecerse criterios de premios y de castigo a las cañas socas, en función de la aptitud agroproductiva del lote y los tonelajes reales que produce. Así se realizará una asignación de las cantidades de fertilizantes a las distintas situaciones, que optimicen el retorno en azúcar por kilogramo de nitrógeno.
Con relación al control de malezas, deben revisarse las ventajas que ofrecen los sistemas de cobertura con maloja. Por ello la decisión de no quemar el rastrojo de cañas que fueron cosechadas en verde, constituye un planteo de sustentabilidad en lo agronómico, de ahorro en lo económico y de respeto en lo ecológico.
Las malezas encuentran un impedimento para su normal desarrollo ya que la cobertura representa una barrera física que reduce la competencia De otra manera resultaría oneroso realizar controles químicos, teniendo en cuenta que el precio de los herbicidas se incrementa en la medida que nuestra moneda pierde su valor respecto del dólar. (Por Federico Pérez Zamora, Sección Caña-EEAOC)
Los maduradores químicos inciden en la calidad de la materia prima
La maduración química de los cañaverales constituye para la agroindustria azucarera tucumana una tecnología capaz de introducir mejoras en la calidad de la materia prima y en la eficiencia global de la cosecha de la caña de azúcar. Esto permite incorporar modificaciones sustanciales en el desarrollo actual de la zafra.
En Tucumán, en los últimos años, es evidente un aumento sucesivo que alcanzó el año pasado su máximo con más de 30.000 hectáreas, que es el 18% del área cosechada en la provincia.
El empleo de los maduradores generó importantes mejoras en aspectos agronómicos y fabriles e impactó en la economía azucarera al constituirse en una práctica altamente rentable.
El efecto principal se expresa en una mayor producción y recuperación de azúcar/t de caña, con aumentos que fluctúan entre un 5-15%. No afecta en la cosecha el rinde cultural de los cañaverales, ni provoca alteraciones en indicadores de calidad que podrían perjudicar el proceso fabril.
Además, la maduración química induce a otros efectos adicionales que permiten mejorar la calidad de la materia prima y la eficiencia de la cosecha. Se destaca el desecamiento acelerado del follaje y la excelente calidad de los canutos de la porción superior de los tallos, aspectos que favorecen una mayor capacidad operativa de las integrales, una mejor limpieza, un mejor despuntado mecánico y un transporte más eficiente. Se generan de esta manera importantes mejoras en la cosecha, a lo que habría que agregar una reducción de los costos de recolección y de transporte.
La implementación de un programa de manejo de la maduración química, bien planificado y de uso generalizado, permitirá elevar y estabilizar los niveles de recuperación de azúcar, mejorar la eficiencia de la cosecha e introducir modificaciones estratégicas en el desarrollo de la zafra.
Pero para aprovechar sus beneficios es fundamental que la planificación sea anticipada e incluya todos los aspectos organizativos y técnicos requeridos. La coordinación productor-ingenio constituye una exigencia fundamental, ya que el plan de manejo debe estar concensuado, coordinado y expresado en un cronograma de tareas que considere: * elección de los lotes; * el madurador; * época y dosis a emplear; * control de las aplicaciones aéreas y, * orden racional de la cosecha que optimice la calidad fabril de la materia prima en la fase inicial de la zafra. (Por Eduardo Romero, Sección Caña-EEAOC)
La exportación será una buena opción
En los primeros días de abril comenzará el análisis de los rendimientos culturales y fabriles de los cañaverales tucumanos. Una vez obtenidos se podrá estimar cuál será el volumen de producción de azúcares para la presente campaña azucarera.
Se prevé que este año la producción sea similar a la de 2001. La fuerte crisis que comenzó a castigar a los diferentes sectores productivos encontró al cañaveral con sus tareas culturales y productivas ya finalizadas.
No obstante, los problemas que se avecinan son por ahora no cuantificables ya que girarán en torno a un malestar social y gremial crecientes. A esto hay que sumarle el aumento descontrolado de los precios, más la alarmante suba en el costo del gasoil. Esto llevará a que los servicios de cosecha y de flete deban ser renegociados con valores muy superiores a los de la campaña 2001. Estos valores saldrán a la luz hacia fines de abril. La zafra 2001, que concluyó el 10 de noviembre pasado, llegó a procesar algo más de 9 millones de toneladas de caña y la producción llegó a las 863.000 toneladas de azúcares. Estos valores productivos, que experimentaron una gran caída en el último quinquenio, difícilmente puedan crecer en un contexto de recesión y de falta de financiación.
Sin embargo, a pesar de que la actividad vuelca la producción mayoritariamente al mercado interno, le queda la posibilidad de salir al mundo exportando gran parte del azúcar si el dólar sigue su carrera ascendente frente al peso. La exportación que años anteriores rechazaba gran parte del sector azucarero local, se convertirá hoy en una alternativa válida si es que el precio en el mercado interno del azúcar llega a deprimirse.















