20 Diciembre 2002
La demanda de papas procesadas en Argentina creció 10 veces en los últimos 5 años. En los Estados Unidos se estima que la mitad del volumen de comercialización de las principales hortalizas tiene algún tipo de procesamiento. El 50% del consumo de papa se realiza bajo la forma de fritas en bastones o rodajas y puré deshidratado. Las arvejas, espárragos, porotos chauchas, lentejas, garbanzos, cebollas y el tomate, se consumen industrializados en EE.UU, opinó Néstor Zamudio, director del INTA Famaillá.
Venezuela, Colombia, Brasil y algunos Estados centroamericanos tienen una demanda firme de 7.000 toneladas mensuales de papa para industria, y el consumo de tomates procesados supera los 10 kilogramos/hab/año. El tomate junto con la arveja, son las hortalizas de mayor insumo industrial en Argentina. El tomate ocupa el segundo lugar en términos de producción con destino a industria de todas las frutas y hortalizas del país, después de la uva. Durante la última década del Siglo XX, el consumo de tomate industrializado aumentó de 2,2 kg/hab/año a 5, y el consumo en fresco bajó de 12 a 10.
El crecimiento de la demanda de papas prefritas congeladas, motorizado por el vertiginoso avance de las cadenas de fast food, llevó a una acelerada conversión de la producción primaria para satisfacer las exigencias de calidad de la industria. El mercado mundial de papa industrializada es dominado por EE.UU. (48% del mercado), seguido por Holanda (15%) y Canadá (9%). El procesador más grande es McCain con el 50% del mercado.
A partir de 1996, la elaboración de papas pre-fritas congeladas creció a razón del 100% anual, colocándose la mitad en Brasil. El valor actual de la producción se estima en $ 55 millones.
Tucumán
Tucumán no escapa a este proceso de cambio en el hábito de consumo de las hortalizas. La demanda de tomate, arveja y choclo procesado es alta; el consumo de papas fritas en bastones o rodajas registra incrementos comparables a los niveles nacionales.
Las 300.000 toneladas de hortalizas frescas que se producen en Tucumán no sufren ningún tipo de transformación industrial. Las limitaciones a esta apertura son más del tipo agronómicas y de poder adquisitivo de la población, que de demanda por parte de la misma. La tradición de producir primicias en pequeñas superficies, con altos costos y con mercados limitados por ofertas de otras regiones productoras, determina un sistema de producción de baja rentabilidad.
La actividad hortícola local debe responder a la creciente demanda nacional de productos industrializados, cambiando el sistema productivo actual por uno más extensivo y eficiente.
Venezuela, Colombia, Brasil y algunos Estados centroamericanos tienen una demanda firme de 7.000 toneladas mensuales de papa para industria, y el consumo de tomates procesados supera los 10 kilogramos/hab/año. El tomate junto con la arveja, son las hortalizas de mayor insumo industrial en Argentina. El tomate ocupa el segundo lugar en términos de producción con destino a industria de todas las frutas y hortalizas del país, después de la uva. Durante la última década del Siglo XX, el consumo de tomate industrializado aumentó de 2,2 kg/hab/año a 5, y el consumo en fresco bajó de 12 a 10.
El crecimiento de la demanda de papas prefritas congeladas, motorizado por el vertiginoso avance de las cadenas de fast food, llevó a una acelerada conversión de la producción primaria para satisfacer las exigencias de calidad de la industria. El mercado mundial de papa industrializada es dominado por EE.UU. (48% del mercado), seguido por Holanda (15%) y Canadá (9%). El procesador más grande es McCain con el 50% del mercado.
A partir de 1996, la elaboración de papas pre-fritas congeladas creció a razón del 100% anual, colocándose la mitad en Brasil. El valor actual de la producción se estima en $ 55 millones.
Tucumán
Tucumán no escapa a este proceso de cambio en el hábito de consumo de las hortalizas. La demanda de tomate, arveja y choclo procesado es alta; el consumo de papas fritas en bastones o rodajas registra incrementos comparables a los niveles nacionales.
Las 300.000 toneladas de hortalizas frescas que se producen en Tucumán no sufren ningún tipo de transformación industrial. Las limitaciones a esta apertura son más del tipo agronómicas y de poder adquisitivo de la población, que de demanda por parte de la misma. La tradición de producir primicias en pequeñas superficies, con altos costos y con mercados limitados por ofertas de otras regiones productoras, determina un sistema de producción de baja rentabilidad.
La actividad hortícola local debe responder a la creciente demanda nacional de productos industrializados, cambiando el sistema productivo actual por uno más extensivo y eficiente.













