05 Septiembre 2003
Fusión, integración y concentración, son palabras que cobraron una especial actualidad en el ambiente empresarial frutihortícola, que en numerosos países se caracterizó por ser un sector dinámico y competitivo.
Cuando hablamos de incorporación tecnológica al campo de la fruticultura -aparte de las revoluciones técnicas-, caben citar otras, tanto o más importantes que éstas, referidas a la distribución y comercialización de frutas frescas.
De nada vale producir cualitativa y cuantitativamente con excelentes técnicas y resultados, si a la hora de ofertar la mercancía que con tanto sacrificio fue producida, se la deba mal vender por no saber y -por ende- por no contar con una estructura comercial acorde a las circunstancias.
Esta debería ser una preocupación obsesiva que se deberían plantear los productores frutihortícolas locales, donde deberían tener como meta primordial -por el carácter perecedero de la oferta-, modernos medios de gestión, administración y organización empresarial.
La "integración" es una de las formas de trabajo que puede conseguir esos objetivos.
En los principales bloques económicos del mundo, como Estados Unidos y Europa, entendieron que las plusvalías o incrementos de valor añadido a la materia prima se producían solamente fuera de la fase productiva propiamente dicha.
Y es así que surgieron integraciones como las cooperativas de segundo grado, la integración de empresas privadas, los boards de exportación o las multinacionales, cuyos principales objetivos se basaron en potenciar la participación de los productores y exportadores en estas etapas, y tomar un mayor dominio en la distribución y comercialización de los productos frescos. Pero esto no es así en la faz p
roductiva reservada a los productores individuales, o a las cooperativas de primer grado.
Para las pequeñas empresas debe quedar bien en claro que sólo a través de una integración vertical se pueden conseguir mayores ventajas. Esta estrategia juega un papel fundamental dentro del sector citrícola, que debe concretarse para cumplir su función principal en la defensa de los intereses de sus integrantes con el fin de elevar sus rentas.
Las cooperativas
La cooperación es un instrumento que es considerado como irrenunciable en el sector citrícola mundial. Las cooperativas pueden definirse como aquellas empresas libres que, basadas en la solidaridad, la ayuda mutua y el espíritu democrático se unen para optimizar sus objetivos y permitirse -a través del asociacionismo- un desarrollo económico más armónico.
Esto también se puede lograr a través de la asociación de empresas privadas.
El cooperativismo citrícola constituye el punto de referencia del cooperativismo de comercialización agrario en países como España, con la mayor cooperativa de comercialización de Europa, Anecoop, o en Estados Unidos de América a través de Sunkist, constituyendo ambas asociaciones un elemento decisivo en el desarrollo de la citricultura en ambos países.
Tanto en España como en EE.UU. los productores se asociaron para unificar criterios en las fases de cosecha, confección y venta de sus productos, orientados tanto al mercado doméstico como al de exportación.
Cooperativismo
En España, el funcionamiento del cooperativismo citrícola tuvo su núcleo en el cooperativismo de comercialización con miras a la exportación, mientras que Sunkist lo hizo para las ventas en el mercado interno de EE.UU.
Estas sociedades cooperativas surgieron para el cumplimiento de determinados fines y constituyeron agrupaciones comerciales -hoy muy consolidadas- que marcan las tendencias en la comercialización específica de determinados productos perecederos, siendo muchas veces fijadoras de precios en los diferentes mercados por el volumen de fruta que comercializan.
Existe, también, ejemplos concretos en donde se asociaron empresas de diferentes orígenes, productivos y comerciales, para potenciar sus negocios y hacer cada grupo lo que mejor supieron hacer en el tiempo.
Cuando hablamos de incorporación tecnológica al campo de la fruticultura -aparte de las revoluciones técnicas-, caben citar otras, tanto o más importantes que éstas, referidas a la distribución y comercialización de frutas frescas.
De nada vale producir cualitativa y cuantitativamente con excelentes técnicas y resultados, si a la hora de ofertar la mercancía que con tanto sacrificio fue producida, se la deba mal vender por no saber y -por ende- por no contar con una estructura comercial acorde a las circunstancias.
Esta debería ser una preocupación obsesiva que se deberían plantear los productores frutihortícolas locales, donde deberían tener como meta primordial -por el carácter perecedero de la oferta-, modernos medios de gestión, administración y organización empresarial.
La "integración" es una de las formas de trabajo que puede conseguir esos objetivos.
En los principales bloques económicos del mundo, como Estados Unidos y Europa, entendieron que las plusvalías o incrementos de valor añadido a la materia prima se producían solamente fuera de la fase productiva propiamente dicha.
Y es así que surgieron integraciones como las cooperativas de segundo grado, la integración de empresas privadas, los boards de exportación o las multinacionales, cuyos principales objetivos se basaron en potenciar la participación de los productores y exportadores en estas etapas, y tomar un mayor dominio en la distribución y comercialización de los productos frescos. Pero esto no es así en la faz p
roductiva reservada a los productores individuales, o a las cooperativas de primer grado.
Para las pequeñas empresas debe quedar bien en claro que sólo a través de una integración vertical se pueden conseguir mayores ventajas. Esta estrategia juega un papel fundamental dentro del sector citrícola, que debe concretarse para cumplir su función principal en la defensa de los intereses de sus integrantes con el fin de elevar sus rentas.
Las cooperativas
La cooperación es un instrumento que es considerado como irrenunciable en el sector citrícola mundial. Las cooperativas pueden definirse como aquellas empresas libres que, basadas en la solidaridad, la ayuda mutua y el espíritu democrático se unen para optimizar sus objetivos y permitirse -a través del asociacionismo- un desarrollo económico más armónico.
Esto también se puede lograr a través de la asociación de empresas privadas.
El cooperativismo citrícola constituye el punto de referencia del cooperativismo de comercialización agrario en países como España, con la mayor cooperativa de comercialización de Europa, Anecoop, o en Estados Unidos de América a través de Sunkist, constituyendo ambas asociaciones un elemento decisivo en el desarrollo de la citricultura en ambos países.
Tanto en España como en EE.UU. los productores se asociaron para unificar criterios en las fases de cosecha, confección y venta de sus productos, orientados tanto al mercado doméstico como al de exportación.
Cooperativismo
En España, el funcionamiento del cooperativismo citrícola tuvo su núcleo en el cooperativismo de comercialización con miras a la exportación, mientras que Sunkist lo hizo para las ventas en el mercado interno de EE.UU.
Estas sociedades cooperativas surgieron para el cumplimiento de determinados fines y constituyeron agrupaciones comerciales -hoy muy consolidadas- que marcan las tendencias en la comercialización específica de determinados productos perecederos, siendo muchas veces fijadoras de precios en los diferentes mercados por el volumen de fruta que comercializan.
Existe, también, ejemplos concretos en donde se asociaron empresas de diferentes orígenes, productivos y comerciales, para potenciar sus negocios y hacer cada grupo lo que mejor supieron hacer en el tiempo.












