Hay que incorporar buenas prácticas

Analisis para LA GACETA Rural de Néstor Zamudio, director del INTA Famaillá.

05 Septiembre 2003
La principal producción hortícola de Tucumán es la de "primicia" en la zona pedemontana, con papa, pimiento, tomate, frutilla fresca, poroto chaucha, zapallo, zapallito de tronco y arveja fresca. A esto se agrega la producción forzada de pimiento y de tomate en invernadero, sostuvo para LA GACETA Rural, Néstor Zamudio, director del INTA Famaillá Las hortalizas de hoja cultivadas en el cinturón hortícola de la Capital y en las serranías de San Javier y Raco, completan el cuadro de producción intensiva.
La actividad hortícola extensiva de estación se realiza en la llanura del este con la producción de batata, maíz para choclo, sandía, zapallo, mientras que en la zona de los valles de altura (Tafí del Valle y Amaicha del Valle), se ubican las áreas semilleras de papa, ajo, viveros de frutilla y la producción de pimiento para pimentón.
De esto se desprende, que la actividad hortícola es completa y diversificada, lo que permite un abastecimiento de hortalizas frescas casi todo el año y prescindir de la oferta de provincias vecinas. Este esquema de producción genera un volumen de 300.000 toneladas de hortalizas frescas, con un valor de producción del orden de los $ 70 millones.
Esto representa un aporte del 9% de la producción nacional y contribuye con un 19% al Producto Interno provincial.

Las tendencias
Las nuevas tendencias en el consumo de alimentos como comidas congeladas, pre-procesadas, etc., plantean novedosas alternativas de industrialización o proceso, cuyas factibilidades técnico-económicas y comerciales se deben desarrollar.
El paso ineludible para llegar a la tecnología de proceso que, de una vez por todas debe encarar la horticultura tucumana, es el desarrollo de las "buenas prácticas agrícolas" (BPA) y "buenas prácticas de manufactura" (BPM). Estos procesos ya los está desarrollando la actividad citrícola en los empaques e industrias. Las BPA y BPM son prácticas que promueven la diferenciación y el agregado de valor a los alimentos y a los procesos agroindustriales.
Si se cumplen las normas que regulan estas prácticas, como uso de agua de riego sin contaminación, bajo consumo de agroquímicos, período de carencia, selección poscosecha y posterior empaque con la identificación correspondiente, etc, se puede certificar el producto.
En el caso de nuestra horticultura, el proceso debería arrancar en la elección del terreno para implantar la huerta y con un programa de uso racional de agroquímicos, y finalizar con manejo poscosecha y clasificación en la línea de empaque o última etapa industrial.

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