Vuelven los cortes de ruta, que traen el caos y las pérdidas económicas

Las protestas sociales no se toman vacaciones y siguen entorpeciendo las actividades agropecuarias. Es fundado el temor entre transportistas y conductores particulares.

16 Enero 2004
Cuando parecía que la calma llegaba a las rutas tucumanas en esta época de verano y que los ciudadanos podrían volver a gozar de sus garantías individuales para circular libremente por todo el territorio provincial, esta semana volvieron a aparecer los cortes de ruta.
Durante el invierno pasado a los piqueteros sin trabajo se les sumaban los sindicatos rurales reclamando algún aumento salarial o bolsones para ser distribuídos entre los afiliados a sus gremios y justificar así la presencia de estas desvirtuadas organizaciones sindicales.
Todo este accionar muestra a las claras la falta de políticas activas por parte del Gobierno frente a los verdaderos problemas sociales que vive a diario gran parte de la sociedad tucumana. En los últimos años, y a lo largo de la zafra azucarera y de la citrícola, las rutas tucumanas se tornaron intransitables por los cientos de cortes de rutas -justificados o no- que a diario se registraban a lo largo y ancho de la geografía provincial.
Este pandemonium llevaba paradójicamente a que todas las actividades productivas, generadoras de mano de obra y de divisas para la provincia se vean avasalladas e impedidas de poder desarrollar su accionar en forma ordenada y previsible, encareciendo de esta manera todos los costos productivos y logísticos.
Los hombres de campo y los habitantes del interior tucumano son los que mejor saben sobre las cuantiosas pérdidas económicas que este tipo de manifestaciones generan. Y es precisamente durante el verano cuando esos hombres de campo trabajan a brazo partido contra los fenómenos climáticos para llevar adelante sus prácticas culturales y poner en forma sus plantaciones de cítricos, de caña de azúcar, de cultivos hortícolas y de granos, entre otros, que serán cosechados durante el invierno.
El martes pasado, sobre el puente del Río Seco, un grupo de cosecheros temporarios de caña de azúcar reclamaban al Gobierno que les suministre medios de transporte para poder trasladarse al sur del país, para sumarse a la cosecha de peras y de manzanas en las provincias de Neuquén y de Río Negro.
Todo ese día el sur de la provincia quedó aislado del norte, gracias a las incumplidas promesas gubernamentales que hicieron reaccionar a los obreros "golondrina" que, indignados, no tuvieron mejor idea que atacar a los ciudadanos comunes impidiéndoles la libre circulación.
Y en esto hay que ser claros. La incertidumbre y el miedo son sensaciones que a diario viven no sólo los productores sino también los transportistas que circulan a diario por las rutas provinciales y nacionales que cruzan el territorio tucumano.
Esas sensaciones tienen justificadas razones. Los cortes son intempestivos y salvajes. Los sorprendidos transportistas y conductores particulares deben incluso pagar, en la mayoría de las veces y contra su voluntad, un peaje obligatorio e ilegal -delante de la presencia de la misma autoridad policial- para evitar que sean dañados sus vehículos.
Ante este cuadro, la primera conclusión es que en Tucumán la circulación nunca será normal. Como ocurre con los guardianes del orden que "vigilan" en los cortes de ruta, las autoridades responsables miran al costado o no les interesa tomar cartas en el asunto.
También la inacción oficial tiene su justificación. Impedir este tipo de manifestaciones sociales sería una medida antipopular y, principalmente "restaría votos". Pero las actitudes que asumen los piqueteros por activos y los gobernantes por pasivos vulnera el derecho a la libertad de trabajo de quienes salen todos los días a apuntalar el crecimiento del país, incluso en estas épocas en que los gobernantes de turno asolean sus cuerpos en playas lejanas o disfrutan de sus vacaciones en confortables hoteles del exterior. Pero en estos calurosos días en el "Jardín de la República", la falta de seguridad en las rutas es una constante y es preciso aplicar lo antes posible el remedio para restablecer el orden y los derechos de aquellos ciudadanos que optaron por quedarse en la provincia y trabajar, para ponerle el hombro al país de la mejor manera que saben hacerlo. Y en ese reordenamiento, un primer paso sería cambiar la mentalidad de aquellos que optaron por las dádivas y la vida fácil que les genera el ser "socios" de punteros o de sindicalistas que miran primero sus intereses a los del colectivo.
Estos últimos son los que aprovechan las necesidades sociales para enarbolar sus mediáticos y engañosos discursos hacia una parte de la sociedad que muchas veces actúa más por la desesperación, que por la convicción que este tipo de accionar significa para sus vidas. Si bien la actividad productiva aún no alcanzó su máxima intensidad, sería conveniente buscar de inmediato el orden y evitar así que algún ciudadano indignado haga justicia con sus propias manos. Lo inaceptable después, sería apelar al lamento al leer en los diferentes medios de prensa nacionales que en nuestra provincia se vive una verdadera "Guerra entre tucumanos".(Por Ernesto José Caram, sección rural)

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