16 Enero 2004
Un informe elaborado por el área de Economía de los grupos CREA sostiene que, a pesar de los duros momentos que tuvo que afrontar la actividad lechera entre 2002/03, el panorama para este año es mucho más alentador.
La producción lechera durante 2003 fue desuniforme, ya que en algunas zonas hubo registros inferiores a los históricos por la sequía y en otras alcanzaron valores normales o superiores al promedio, según el informe.
Las regiónes que consiguieron resultados positivos se vieron influenciadas por el efecto de precios más ventajosos, una mejor selección de los rodeos y un mayor confort para las vacas originada por las condiciones de clima seco reinante. El resultado general calculado por los especialistas señala que el consumo interno de lácteos creció, una situación que vino a mejorar el escenario que dejó 2002, cuando el índice per cápita se desplomó a 170 litros de los 220 registrados en 2001.
La suba es consecuencia de la mejora que experimentó -en términos generales- el poder adquisitivo de los argentinos, un pueblo que tradicionalmente es gran consumidor de productos lácteos.
Uno de los grandes interrogantes que debe superar el productor lechero es enfrentarse con la opción del cultivo de la soja, y su tentadora rentabilidad, o contraponer las exiguas ganancias y la gran inversión necesaria para desarrollar la actividad lechera.
En los últimos tiempos una gran cantidad de pequeños y medianos establecimientos cerraron sus puertas, liquidaron sus stocks y se dedicaron a la agricultura. La Argentina ocupa hoy el noveno lugar en el ránking mundial de producción lechera. Respecto de este punto, en el trabajo de Aacrea se subraya que "el aumento de la producción total en los últimos años se dio en un marco caracterizado por un menor número de tambos, un mayor tamaño promedio del rodeo y más producción por tambo y rendimiento por vaca.
También se advierte que la reducción en el número de establecimientos es el resultado de un proceso de concentración y especialización que comenzó a principios de la década del 70. Hace 25 años el tambo medio argentino producía 200 litros diarios, mientras que en la actualidad trepa a casi 1.500. Pero cuáles son, en números, las dimensiones de esta actividad productiva. En 2002 la cantidad de tambos rondaba los 15.000 y el número de vacas por establecimiento se estimaba en 117. De allí surge que, para una producción de 8.150 millones de litros como la de ese año, el rodeo lechero debía estar en el 1,75 millón de cabezas. Estos datos dan una productividad por vaca de 4.644 litros al año, equivalentes a 16,6 litros por día.
En su diagnóstico la entidad asegura: "más allá de lo coyuntural, hay factores estructurales que permiten prever una recuperación de la actividad lechera". AL margen de la recuperación incipiente del mercado interno, los analistas consideran que los beneficios cambiarios y el crecimiento del mercado internacional podrían impulsar a la industria láctea -cuyas inversiones están frenadas desde hace meses- a lanzarse nuevamente hacia el sector de las exportaciones. Según el informe, en 2002 la Argentina envió sus productos lácteos a más de 80 países, aunque sólo 14 de ellos representaron individualmente compras superiores al 1% del total y los cuatro primeros destinos (Brasil, Argelia, México y Chile) sumaron el 65% del volumen total. Sin embargo, a mediados de 2003 las exportaciones sufrieron un parate, tal vez motivado por la misma reactivación de la demanda interna, que se mantiene hasta el presente.
La producción lechera durante 2003 fue desuniforme, ya que en algunas zonas hubo registros inferiores a los históricos por la sequía y en otras alcanzaron valores normales o superiores al promedio, según el informe.
Las regiónes que consiguieron resultados positivos se vieron influenciadas por el efecto de precios más ventajosos, una mejor selección de los rodeos y un mayor confort para las vacas originada por las condiciones de clima seco reinante. El resultado general calculado por los especialistas señala que el consumo interno de lácteos creció, una situación que vino a mejorar el escenario que dejó 2002, cuando el índice per cápita se desplomó a 170 litros de los 220 registrados en 2001.
La suba es consecuencia de la mejora que experimentó -en términos generales- el poder adquisitivo de los argentinos, un pueblo que tradicionalmente es gran consumidor de productos lácteos.
Uno de los grandes interrogantes que debe superar el productor lechero es enfrentarse con la opción del cultivo de la soja, y su tentadora rentabilidad, o contraponer las exiguas ganancias y la gran inversión necesaria para desarrollar la actividad lechera.
En los últimos tiempos una gran cantidad de pequeños y medianos establecimientos cerraron sus puertas, liquidaron sus stocks y se dedicaron a la agricultura. La Argentina ocupa hoy el noveno lugar en el ránking mundial de producción lechera. Respecto de este punto, en el trabajo de Aacrea se subraya que "el aumento de la producción total en los últimos años se dio en un marco caracterizado por un menor número de tambos, un mayor tamaño promedio del rodeo y más producción por tambo y rendimiento por vaca.
También se advierte que la reducción en el número de establecimientos es el resultado de un proceso de concentración y especialización que comenzó a principios de la década del 70. Hace 25 años el tambo medio argentino producía 200 litros diarios, mientras que en la actualidad trepa a casi 1.500. Pero cuáles son, en números, las dimensiones de esta actividad productiva. En 2002 la cantidad de tambos rondaba los 15.000 y el número de vacas por establecimiento se estimaba en 117. De allí surge que, para una producción de 8.150 millones de litros como la de ese año, el rodeo lechero debía estar en el 1,75 millón de cabezas. Estos datos dan una productividad por vaca de 4.644 litros al año, equivalentes a 16,6 litros por día.
En su diagnóstico la entidad asegura: "más allá de lo coyuntural, hay factores estructurales que permiten prever una recuperación de la actividad lechera". AL margen de la recuperación incipiente del mercado interno, los analistas consideran que los beneficios cambiarios y el crecimiento del mercado internacional podrían impulsar a la industria láctea -cuyas inversiones están frenadas desde hace meses- a lanzarse nuevamente hacia el sector de las exportaciones. Según el informe, en 2002 la Argentina envió sus productos lácteos a más de 80 países, aunque sólo 14 de ellos representaron individualmente compras superiores al 1% del total y los cuatro primeros destinos (Brasil, Argelia, México y Chile) sumaron el 65% del volumen total. Sin embargo, a mediados de 2003 las exportaciones sufrieron un parate, tal vez motivado por la misma reactivación de la demanda interna, que se mantiene hasta el presente.
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