15 Octubre 2004
El uso eficiente del fertilizante nitrogenado (N) se mide por los tonelajes de caña por hectárea obtenidos con una determinada cantidad de fertilizante utilizada, explicó a LA GACETA Rural, el doctor Federico Pérez Zamora, experto en la materia. "Por eso será preciso -opinó-, que al momento de decidir la dosis a utilizar se evalúe el abastecimiento de nitrógeno del suelo, expresado por el contenido de materia orgánica, junto con la capacidad de producción del cañaveral que se cultiva sobre ese suelo".
Pérez Zamora sostuvo que dicha capacidad es un dato que puede inferirse a partir de la producción de la cosecha anterior y de la edad de la cepa. De esto se desprende, que cañaverales de cepas jóvenes, que en la última cosecha dieron altos tonelajes, tienen preferencia a la hora de aumentar la dosis, con más razón si estos se cultivan sobre suelos de moderado a bajo abastecimiento de nitrógeno (materia orgánica inferior al 2%).
En estos casos, la producción se sustenta sobre una adecuada población de tallos que deben estar bien nutridos y de un escaso o nulo nivel de enmalezamiento, puntualizó el experto.
En términos generales, las cañas plantas (primer año) pueden acercarse a los óptimos de producción con una cuota menor de fertilizante nitrogenado que las socas (a partir del segundo año).
Pero la pregunta técnica surge a la hora de decidir en qué caso se puede bajar la dosis de nitrógeno a las socas, sin riesgo de comprometer los rendimientos culturales. "Deben seleccionarse aquellos cañaverales que, estando implantados en suelos con buenos contenidos de materia orgánica, la baja población de cepas o el alto nivel de enmalezamiento impedirán que el cañaveral exprese -al cosechar- los buenos niveles de nutrición que se pueden alcanzar con una dosis normal de fertilizante nitrogenado", respondió. "En estos casos, se debe disminuir la dosis", dijo.
Sería un error utilizar en estos casos altas dosis de fertilizante nitrogenado, tratando de solucionar con nitrógeno otros problemas agronómicos limitantes, que nada tienen que ver con este nutriente, opinó.
Hay 2 conceptos que deben manejarse con independencia: la necesidad de N y la dosis. Las socas viejas -dijo Pérez Zamora- poseen baja capacidad de absorber nitrógeno en su sistema radicular, lo que las hace altamente dependiente del nitrógeno del fertilizante. "Ello no implica una mayor dosis debido a que su capacidad de producción se encuentra acotada por la despoblación de cepas que puede tener el surco y, en muchos casos, asociada a una alta infestación con grama bermuda", aclaró.
"Por eso -agregó- las socas viejas siempre responden a la fertilización nitrogenada, pero hasta una determinada dosis asociada a su capacidad productiva".
Además, en los lotes con problemas de "encharcamiento temporario" por mal drenaje debe aumentarse la dosis de fertilizante nitrogenado, con relación a otros lotes con el mismo nivel de materia orgánica y producción de cañaveral. Esto es porque las condiciones de escasa aireación que existe en esos suelos, hace que los procesos biológicos necesarios para liberar el N nativo se vean limitados y las plantas no cuenten con la cuota de nutriente que el suelo debe aportar.
Pérez Zamora sostuvo que dicha capacidad es un dato que puede inferirse a partir de la producción de la cosecha anterior y de la edad de la cepa. De esto se desprende, que cañaverales de cepas jóvenes, que en la última cosecha dieron altos tonelajes, tienen preferencia a la hora de aumentar la dosis, con más razón si estos se cultivan sobre suelos de moderado a bajo abastecimiento de nitrógeno (materia orgánica inferior al 2%).
En estos casos, la producción se sustenta sobre una adecuada población de tallos que deben estar bien nutridos y de un escaso o nulo nivel de enmalezamiento, puntualizó el experto.
En términos generales, las cañas plantas (primer año) pueden acercarse a los óptimos de producción con una cuota menor de fertilizante nitrogenado que las socas (a partir del segundo año).
Pero la pregunta técnica surge a la hora de decidir en qué caso se puede bajar la dosis de nitrógeno a las socas, sin riesgo de comprometer los rendimientos culturales. "Deben seleccionarse aquellos cañaverales que, estando implantados en suelos con buenos contenidos de materia orgánica, la baja población de cepas o el alto nivel de enmalezamiento impedirán que el cañaveral exprese -al cosechar- los buenos niveles de nutrición que se pueden alcanzar con una dosis normal de fertilizante nitrogenado", respondió. "En estos casos, se debe disminuir la dosis", dijo.
Sería un error utilizar en estos casos altas dosis de fertilizante nitrogenado, tratando de solucionar con nitrógeno otros problemas agronómicos limitantes, que nada tienen que ver con este nutriente, opinó.
Hay 2 conceptos que deben manejarse con independencia: la necesidad de N y la dosis. Las socas viejas -dijo Pérez Zamora- poseen baja capacidad de absorber nitrógeno en su sistema radicular, lo que las hace altamente dependiente del nitrógeno del fertilizante. "Ello no implica una mayor dosis debido a que su capacidad de producción se encuentra acotada por la despoblación de cepas que puede tener el surco y, en muchos casos, asociada a una alta infestación con grama bermuda", aclaró.
"Por eso -agregó- las socas viejas siempre responden a la fertilización nitrogenada, pero hasta una determinada dosis asociada a su capacidad productiva".
Además, en los lotes con problemas de "encharcamiento temporario" por mal drenaje debe aumentarse la dosis de fertilizante nitrogenado, con relación a otros lotes con el mismo nivel de materia orgánica y producción de cañaveral. Esto es porque las condiciones de escasa aireación que existe en esos suelos, hace que los procesos biológicos necesarios para liberar el N nativo se vean limitados y las plantas no cuenten con la cuota de nutriente que el suelo debe aportar.
Lo más popular














