Hay que temerles a los negocios con China

El uso del dumping. El gigante asiático compra poco y exporta de todo, y no respeta la economía de mercado. Los riesgos para el productor agropecuario.

19 Noviembre 2004
Por Ernesto José Caram

En estos días vemos como gran parte de los medios de comunicación de la Argentina hablan sin conocer y, lo que es peor, con total irresponsabilidad sobre las ventajas de los acuerdos que nuestro país firmó con China. Y lo hacen con una gran obsecuencia hacia los gobernantes de turno. Nadie mide las consecuencias nefastas que dichos resultados le podrían provocar a la economía nacional, sobre todo porque se contemplarán inversiones que derivarán en la salida de un volumen importante de divisas hacia el país asiático, por emprendimientos que perfectamente lo podrían llevar adelante empresas argentinas.Tampoco se habla de los verdaderos peligros que representa este nuevo socio para la economía argentina, que ya sufrió sus consecuencias nefastas durante la convertibilidad, cuando todo lo que se consumía en el país era "Made in China".
Esta importación masiva llevó a que se cerraran miles de PyME, entre ellas muchas agropecuarias, proveedoras de insumos para el agro e inclusive productoras de agroalimentos y textiles (insumos algodón). Entonces, a las empresas nacionales se les hacía imposible competir contra el aluvión de productos que llegaban de China, todos ellos subsidiados por un país que no conoció nunca de reglas claras de juego y mucho menos por no respetar la economía de mercado.
Las grandes potencias del mundo, como Estados Unidos y la Unión Europea, conocen de las trampas que articula Hu Jintao con su equipo de gobierno, imponiendo barreras de todo tipo a la importación de productos y servicios del mundo entero. China es un gran exportador y sólo es un importador circunstancial. Compra elementos vitales para su economía como lo es la soja o algún bien de capital (que finalmente termina plagiando), pero no mucho más que eso.
Recuerdo hace unos años atrás, un amigo personal, gerente de una importante fábrica española de maquinarias para procesar productos frutihortícolas, fue a ofrecerlas a China. Al llegar fue recibido con alfombras rojas. Las autoridades asiáticas le ofrecieron al visitante español un galpón de más de 20.000 metros cuadrados cubiertos, con todos los servicios instalados, todo ello en forma gratuita, para que esta firma española se instale en China y fabrique todas las máquinas que demandara el mundo. Pero había que cumplir algunas premisas: la mano de obra debería ser 100% china, las leyes laborales a aplicar también chinas, la producción y las exportaciones serían controladas por el gobierno chino y las divisas administradas por las autoridades del país asiático. Los españoles sólo ponían la tecnología necesaria para producir y se quedarían con un porcentaje de las ganancias de las exportaciones que, llegado el momento y luego de estudiar con detalles el negocio, les explicarían en qué porcentaje.

Competencia desigual
En China no existe el Estado de derecho. El gobierno controla todo. La mano de obra es subsidiada y los obreros pertenecen al estado. Los salarios son indignos (U$S 60 por mes) y toda la producción se comercializa en el exterior bajo la modalidad de dumping. Es decir, venden por debajo de sus costos. Lo único que se busca es exportar y acumular divisas para posicionarse como una verdadera potencia en el mundo. Algo que ya lograron.
Por eso se equivocan quienes piensan que con China se podrán hacer negocios. Y menos con las leyes impositivas y laborales que rigen en la Argentina. China vende todo y no compra nada. Y cuando compra lo hace con reglas poco claras.
Aldo Karagosian, de la Fundación argentina Pro Tejer, sostuvo que "un posible acuerdo con China es una amenaza concreta para la producción textil nacional" y por ende para los productores de algodón y todos los argentinos que trabajan en esta actividad. Es muy mal negocio exportar materia prima, como el algodón -que con tanto riesgo y sacrificio se produce- e importar productos manufacturados producidos con tan bajos costos, al revés de lo que ocurre con las empresas argentinas. En este contexto se hace imposible competir con un país donde todo es subsidiado por el estado y el dumping es el principal factor de competitividad.
Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria Argentina, alertó a las autoridades nacionales que "no se deberá utilizar al mercado agrario como moneda de cambio en los acuerdos comerciales". También resaltó que es obligación del actual Gobierno defender a nuestro campo dentro de cualquier convenio que se firme. Buzzi exigió, en todo caso, la participación de los principales dirigentes ruralistas del país, que son los que conocen qué productos se podrían negociar dentro de un marco de plena justicia y equidad comercial. Es todo un desafío que se espera no quede sólo en una nueva estafa y engaño a los hombres de campo.

Tamaño texto
Comentarios