En cuanto al tema de aplicación de fitosanitarios, los objetivos fundamentales a los cuales nuestra agricultura se tiene que orientar son: reducir el consumo, utilizar productos de bajo impacto ambiental, así como emplear técnicas de aplicación que aumenten la eficiencia y reduzcan los riegos para el ambiente y los operarios manipuladores.
En este sentido, es un hecho comprobado que las principales causas que afectan el entorno donde se desarrollan estas actividades están vinculadas a la incorrecta utilización de las técnicas de aplicación, al mal uso de los productos en cuanto a dosis excesivas, mezclas no recomendables, mala elección de productos, tratamientos fuera del tiempo de aplicación, inadecuado manejo y conservación de los equipos pulverizadores y el bajo nivel de conocimiento de las personas vinculadas al sector.
La aplicación de productos fitosanitarios en los cultivos exige la utilización de un equipo de pulverización de buena calidad y en buen estado, para conseguir la máxima eficiencia, así como también para evitar daños sobre el cultivo que se quiere proteger.
En la mayoría de los casos se le da más importancia al producto que se emplea que a la máquina que realiza la aplicación. Esto trae como consecuencia un incremento de los costos, al tener que aumentar las cantidades de producto que la aplicación exige; con ello se incrementan los riesgos de sobredosificaciones, que pueden ser causa de daños ambientales o bajas en la producción.
Por ello, se recomiendan una serie de medidas y precauciones que los productores deben tener en cuenta.
Utilizar ropa adecuada es una buena protección personal
Todo producto agroquímico utilizado en la protección de cultivos debe manejarse con cuidado y observando ciertas precauciones básicas. Es un hecho que, en días cálidos y húmedos, es más difícil usar ropa protectora adicional, que en los días templados o fríos. Esto se debe a que esta ropa resulta incómoda y, a veces, puede presentar ciertos riesgos. Por ello, es necesario dar mayor asesoramiento a quienes trabajan en estas condiciones. Esta información se desprende de un informe elaborado por la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE).
Para comprender cómo hay que protegerse de un producto fitosanitario, es importante saber cómo éstos pueden penetrar en el organismo. Existen tres maneras: por la boca (oral) -la menos probable-, a través de la piel (dermal) y al respirarlos por la nariz o la boca (inhalación).
La contaminación más probable es a través de la piel, cuando se derrama un producto, por medio de goteras, salpicaduras o por el rocío del pulverizador.
El riesgo de inhalación puede ocurrir, debido a que algunos productos fitosanitarios son volátiles, o porque el método de aplicación produce partículas líquidas o sólidas muy finas.
Por eso se sugiere: utilice elementos adecuados para medir y trasvasar el producto; al pulverizar el producto diluido, hágalo siempre a favor del viento y evite entrar en contacto con el rocío.
Se extiende el empleo de aceites emulsionables
"El uso de los aceites emulsionables con funciones insecticidas es una práctica que se está usando cada vez más en la agricultura debido, básicamente, a la prohibición en el uso de productos químicos insecticidas que son considerados tóxicos para la salud humana. La tendencia mundial lleva a usar productos lo más inocuo posible. Los aceites emulsionables, muy utilizados en los cultivos frutales, ejercen una acción de tipo física sobre las plagas, asfixiando a los insectos al obstruirles las vías de respiración".
En diálogo con LA GACETA Rural, el doctor Michael Fefer de la firma Petro Canadá, que desarrolla nuevos aceites insecticidas, sostuvo que "para que un aceite sea efectivo y no provoque daños de fitotoxicidad en el cultivo deberá ser de excelente calidad, y esto significa tener 0% de aromáticos y 0% de azufre".
"Desarrollamos el aceite 22 E, para la firma Elf, que es pesado y de mejor efecto insecticida que los 10 E y 15 E".
Este aceite actúa por sofocación y contacto, pero debe ser aplicado en el momento correcto. El aceite pesado posee ventajas únicas en el mercado mundial: inocuidad para los consumidores, efectiva acción insecticida, alta residualidad y no provoca fitotoxicidad en el cultivo ni quemaduras en las hojas.
Si un aceite provoca daños de fitotoxicidad es un muy mal aceite, ya que contiene aromáticos, y esto es malo. Un mal aceite provoca daños agudos que se ven a las 48 horas, pero también daños crónicos que afectan la fisiología del vegetal, que llevará a la obtención de una menor brotación, menor desarrollo de hojas, un color menos intenso y dificultades durante la desverdización.
"Un buen aceite (los pesados 22 E) posee un buen poder insecticida y no daña a la fruta", sostuvo el especialista.
"Este tipo de aceite tiene una mayor permanencia en frutos y hojas entre 40 y 60 días, tiene una mayor resistencia al lavado por las lluvias, ejerce una mejor cobertura en cada pulverización, es apto para cultivos orgánicos, se aplica aún con altas temperaturas y no genera resistencia.






















