05 Enero 2005
Tanto a nivel país como en la región NOA, el sector agropecuario es líder indiscutible en la generación de puestos de trabajo y de riquezas y, sin lugar a dudas, su aporte resultó fundamental para el gran despegue que vivió el país luego de los graves acontecimientos políticos desencadenados a fines de 2001.
El agro fue el sector de la economía nacional que motorizó a las regiones del país, poniéndolas de pie. Esto llevó a que en el mundo entero se conozca al agro argentino por su elevada profesionalidad y competitividad, en cualquier de los rubros que se trate: carne, granos, aceite, vinos, frutas, hortalizas, etc.
Pero a pesar de ello, todavía estamos muy lejos de que nuestro país, productor de comodities, se convierta en una Nación que le dé valor agregado a sus producciones, lo que genera que los precios de la producción local sufran grandes vaivenes que no dependan sólo de lo bien que se pueda trabajar localmente. Sin embargo, la falta de unión entre los diferentes sectores y la poca visión de algunos dirigentes para conformar un frente común, convierten al agro argentino en un sector muy vulnerable, ante el ataque que enfrentan por el abuso que significan la mayoría de las políticas económicas estatales que, a lo único que condujeron, fue a perjudicar al inversor agropecuario y quitarle competitividad.
El año 2005 será complicado para el sector, en general, fruto de la benignidad del clima que se está viviendo, lo que influirá en un aumento de las principales producciones agropecuarias. El fantasma de los excesos se implantó de nuevo y cunde la desmoralización, especialmente entre los operadores citrícolas, hortícolas y cañeros.
En 2003 fue la sequía la que afectó de manera considerable a los productores de granos, quienes sufrieron pérdidas de sus cosechas por la falta de lluvias en tiempo y forma. Este año 2004 le tocó el turno a los limones por los bajos precios obtenidos en los principales mercados mundiales. Los frutilleros, a su vez, tuvieron una mala campaña, con una gran caída de los precios en el mercado local ante una excesiva oferta de fruta fresca, a lo que se sumó los bajos precios de la fruta a nivel mundial con la irrupción de China, ofertando fruta congelada a precios de dumping.
En 2005, de no mediar las exportaciones voluntarias, el precio del azúcar podría caer muy bajo por el exceso de oferta local, que llegará -sin duda- gracias a las abundantes precipitaciones caídas hasta la fecha. Se prevé una cosecha récord en caña. Frente a este panorama desmoralizador, el sector observa en forma pasiva cómo los funcionarios se frotan las manos, al analizar las variables macro de la economía nacional y hacen sus números sobre la futura recaudación que obtendrán, fruto de las retenciones a las exportaciones o del impuesto a las ganancias, o del impuesto al cheque, entre otros.
No hay dudas que las culpas están repartidas entre los dirigentes del agro nacional, que poco hicieron para llegar a torcer las decisiones que se tomaron desde el Ejecutivo nacional. El sector agropecuario argentino demostró, una vez más, ser un ejemplo inaudito de desunión y desorganización. El agro, en su conjunto, tendría que sentarse -definitivamente- en una misma mesa y generar reclamos que beneficien a la actividad. Así se estaría en condiciones de negociar con el Estado las verdaderas políticas en materia productiva, de infraestructura y fiscal a aplicarse en el futuro. De no mediar urgente un frente común, 2005 vendrá con una mayor presión fiscal y una falta de inversiones nacionales en infraestructura. Los ruralistas están todavía a tiempo para hacer valer sus reales derechos.
El agro fue el sector de la economía nacional que motorizó a las regiones del país, poniéndolas de pie. Esto llevó a que en el mundo entero se conozca al agro argentino por su elevada profesionalidad y competitividad, en cualquier de los rubros que se trate: carne, granos, aceite, vinos, frutas, hortalizas, etc.
Pero a pesar de ello, todavía estamos muy lejos de que nuestro país, productor de comodities, se convierta en una Nación que le dé valor agregado a sus producciones, lo que genera que los precios de la producción local sufran grandes vaivenes que no dependan sólo de lo bien que se pueda trabajar localmente. Sin embargo, la falta de unión entre los diferentes sectores y la poca visión de algunos dirigentes para conformar un frente común, convierten al agro argentino en un sector muy vulnerable, ante el ataque que enfrentan por el abuso que significan la mayoría de las políticas económicas estatales que, a lo único que condujeron, fue a perjudicar al inversor agropecuario y quitarle competitividad.
El año 2005 será complicado para el sector, en general, fruto de la benignidad del clima que se está viviendo, lo que influirá en un aumento de las principales producciones agropecuarias. El fantasma de los excesos se implantó de nuevo y cunde la desmoralización, especialmente entre los operadores citrícolas, hortícolas y cañeros.
En 2003 fue la sequía la que afectó de manera considerable a los productores de granos, quienes sufrieron pérdidas de sus cosechas por la falta de lluvias en tiempo y forma. Este año 2004 le tocó el turno a los limones por los bajos precios obtenidos en los principales mercados mundiales. Los frutilleros, a su vez, tuvieron una mala campaña, con una gran caída de los precios en el mercado local ante una excesiva oferta de fruta fresca, a lo que se sumó los bajos precios de la fruta a nivel mundial con la irrupción de China, ofertando fruta congelada a precios de dumping.
En 2005, de no mediar las exportaciones voluntarias, el precio del azúcar podría caer muy bajo por el exceso de oferta local, que llegará -sin duda- gracias a las abundantes precipitaciones caídas hasta la fecha. Se prevé una cosecha récord en caña. Frente a este panorama desmoralizador, el sector observa en forma pasiva cómo los funcionarios se frotan las manos, al analizar las variables macro de la economía nacional y hacen sus números sobre la futura recaudación que obtendrán, fruto de las retenciones a las exportaciones o del impuesto a las ganancias, o del impuesto al cheque, entre otros.
No hay dudas que las culpas están repartidas entre los dirigentes del agro nacional, que poco hicieron para llegar a torcer las decisiones que se tomaron desde el Ejecutivo nacional. El sector agropecuario argentino demostró, una vez más, ser un ejemplo inaudito de desunión y desorganización. El agro, en su conjunto, tendría que sentarse -definitivamente- en una misma mesa y generar reclamos que beneficien a la actividad. Así se estaría en condiciones de negociar con el Estado las verdaderas políticas en materia productiva, de infraestructura y fiscal a aplicarse en el futuro. De no mediar urgente un frente común, 2005 vendrá con una mayor presión fiscal y una falta de inversiones nacionales en infraestructura. Los ruralistas están todavía a tiempo para hacer valer sus reales derechos.
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