Si las lluvias acompañan el desarrollo del cultivo, los rindes serán excelentes

El aporte hídrico por las lluvias fue homogéneo en todo el territorio provincial.

05 Enero 2005
La siembra de soja en la campaña actual se inició cuando comenzaron las lluvias en noviembre, y continuó en diciembre mientras el clima lo permitió. Sólo se paralizó por cuestiones climáticas. El aporte hídrico por las lluvias fue homogéneo en todo el territorio provincial, lo que permitió que se generalizara la siembra sin mayores sobresaltos, explicó el ingeniero Mario Devani, jefe de la Sección Granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). A la fecha, agregó, se sembró más del 80% de la superficie estimada para toda la provincia y sus zonas aledañas, lo que indica que se aprovechó bien las fechas gracias a la humedad disponible en los perfiles de los suelos. "Esto nos da pie para pensar que si las lluvias continúan durante el ciclo del cultivo, la cosecha será buena en la región", afirmó Devani.
En cuanto a la superficie a implantar con soja en la campaña 2004/05 se estima que será similar a la de la anterior: unas 260.000 hectáreas. "En general, el estado de los cultivos es de bueno a muy bueno, gracias a los aportes hídricos que se registraron en las últimas semanas. Esos aportes reconstituyeron en gran parte la escasa humedad que había en los perfiles, después de la trilla del trigo", apuntó el experto.
En la actual campaña, los productores manejaron toda la tecnología disponible desde el inicio de la siembra, utilizando productos curasemillas que combinan fungicidas de amplio espectro (de contacto y sistémico) con otros insecticidas, apuntando estos últimos básicamente al control del picudo de la soja (Promecops carinicolis), como también a los ataques del picudo del norte (Sternenchus pinguis). "En algunos casos, en los que no se utilizaron curasemillas insecticida, se debió sortear el ataque de picudos realizando aplicaciones de insecticidas foliares", explicó Devani.
Otros insumos cuyo uso se generalizó en esta campaña, fueron los fungicidas foliares para el control de la roya, que fueron comprados y almacenados antes del inicio de la siembra. "Sería importante que las lluvias continúen acompañando el desarrollo del cultivo, de manera que se puedan alcanzar los rendimientos potenciales de nuestra provincia y de la región", concluyó el especialista.
Dentro del esquema de producción de soja, es importante diferenciar los posibles inconvenientes generados por las plagas según la etapa de desarrollo, indicó por su parte Hernán Salas, de la sección Zoología Agrícola de la EEAOC. Actualmente, la mayoría de los lotes atraviesan el período vegetativo.
Explicó que los daños ocasionados por los picudos fueron atenuados por el uso de insecticidas curasemillas y solo en algunas zonas se detectó la presencia de la "oruga del ataco", Loxostege bifidalis y moluscos como caracoles y babosas. En la próxima etapa, la presencia de orugas defoliadoras (Anticarsia y medidoras) pueden tener una incidencia importante en la marcha del cultivo.
Para decidir respecto de las medidas de control es conveniente recurrir al uso de paños de muestreo, los cuáles indicarán con precisión los niveles de ataque del cultivo, sostuvo Salas. En este sentido, recordó que en las últimas campañas las medidas de control para estas plagas tuvieron resultados muy erráticos.

La aparición de la roya alertó a los productores sojeros
La reaparición del hongo asiático "roya" de la soja en tres provincias argentinas puso en guardia al Gobierno, que ante la certeza de que la enfermedad seguirá avanzando busca cómo evitar que el ataque sea devastador. El hongo, que reduce el rendimiento de los cultivos, estuvo presente el ciclo pasado en nueve de las 24 provincias del país, el tercer productor mundial de soja. Pero sólo atacó sobre el final de la campaña, por lo que el impacto fue insignificante.
En cambio, en este ciclo apareció cuando la siembra todavía no llegó al 90% del área prevista, y algunos temen un efecto similar al del ciclo pasado en Brasil, cuando el hongo causó pérdidas de 4,5 millones de toneladas en la producción.
La llamada localmente "roya de la soja" apareció en un campo de experimentación de Santa Fe, la mayor provincia productora, y en Misiones y en Corrientes, distritos de menor producción.
La familia Aristi, que tiene unas 20.000 hectáreas sembradas con soja en las provincias de Buenos Aires y en la norteña Santiago del Estero, está entre quienes se previnieron.
Esperan a la roya con toda una batería de productos. "Es probable que aparezca acá (en Buenos Aires) este año.
Nosotros tenemos los productos necesarios. Si a 150 kilómetros aparece un foco, en ese momento empezamos a pulverizar porque el hongo avanza rapidísimo y corremos el riesgo de que se extienda", dijo Javier Aristi.
En el ciclo pasado, el hongo afectó a la soja sembrada en las tierras que la familia posee en Santiago del Estero, sexta productora, pero no llegó a Buenos Aires, tercera en orden de producción y en el corazón agrícola del país.

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