19 Mayo 2006
SIEMBRA DIRECTA Y LABRANZA VERTICAL. La aplicación de técnicas conservacionistas en los cultivos posibilita las explotaciones a largo plazo.(LA GACETA/Juan Pablo Sánchez Noli)
El término sustentabilidad, en los sistemas productivos agrícolas y/o ganaderos, gravita más allá de su alcance etimológico. Tiene una importancia fundamental, ya que otorga a cualquier sistema de explotación una permanencia en el tiempo, que debe ser siempre generacional, en procura de mejorar la calidad del medio ambiente y de los recursos naturales, para satisfacer las necesidades primarias del hombre, que es la alimentación. Es por ello que este concepto se apoya en tres elementos fundamentales, que son el sostenimiento ecológico y biológico, el sostenimiento social y el sostenimiento económico.
En lo que respeta a lo ecológico y biológico, el productor y todos los factores involucrados en los sistemas productivos -también incluye al Estado- deben ser conscientes de que la fragilidad del medio ambiente es una constante. De manera que las actividades deben concretarse sin alterar esta fragilidad y poner empeño para conservarla, y en algunos casos mejorarla por mucho tiempo.
Es sabido que en el país y en Tucumán los suelos destinados años atrás a una agricultura tradicional y convencional generaron una pérdida constante de la materia orgánica de los suelos. Podía observarse en los terrenos del este tucumano una elevada tasa de mineralización de la materia orgánica, después de los desmontes. Esta actividad se realizaba para destinar la superficie ganada a la producción constante de granos, que iba siempre de la mano de una erosión hídrica y eólica permanente.
En suelos cercanos al pedemonte, con labranzas tradicionales y poco uso de la sistematización de suelos, se generó la erosión hídrica y la pérdida de los horizontes más fértiles del suelo. Luego llegó como novedad el manejo conservacionista de labranza vertical y posteriormente la siembra directa, métodos que trajeron muchos beneficios y la suma de una permanente concientización por parte de instituciones de investigación dedicadas a la agricultura, y su respectiva transferencia al campo.
De todas maneras, hay que seguir trabajando para lograr que se elimine el monocultivo de cualquier especie, principalmente soja, y que se incorporen al suelo los nutrientes que se extraen en cada cosecha. También es necesario que se realice una correcta rotación de suelos y que se evalué periódicamente las condiciones de los suelos para mantenerlos en condiciones óptimas de fertilidad.
Respecto de la incidencia social y económica, el principal objetivo pasa por mantener al hombre de campo en su lugar de trabajo, brindándole la cobertura de las necesidades básicas que necesita. Para ello, las obras de infraestructura son fundamentales. Debe disponer de agua, luz, educación, vivienda y, por supuesto, un trabajo y salario dignos dentro de cada explotación.
Debemos tener en cuenta que muchas actividades hoy son mecanizadas y requieren de muy poca mano de obra. Por ello, hay que procurar que las actividades donde la demanda de esa mano de obra es escasa o nula se generen productos para la industria o para incorporarle valor agregado que generen fuentes de trabajo.
Pero en este afán, es dable que esas actividades que requieren mano de obra sean conservadas como tales, y no las alteren las presiones impositivas que apuntan a sus resultados económicos y las tornen inviables.
El productor debe entender además, que los negocios cortoplacistas ya no existen y que, para mantener los negocios en el tiempo, debe invertir en la conservación del suelo con un manejo adecuado de rotaciones e incorporación de nutrientes, que tienen sus costos. Pero en su convencimiento debe primar la idea de que ese gasto, en definitiva, le dará buenos resultados a largo tiempo.
Por otro parte, le cabe al Estado fomentar actividades de largo plazo, como la forestación, las producciones mixtas de agricultura y ganadería, y no castigar impositivamente actividades que andan bien o que tengan poca mano de obra, sino estimular su agroindustria transformadora y mantenerlas rentables en el tiempo.
En lo que respeta a lo ecológico y biológico, el productor y todos los factores involucrados en los sistemas productivos -también incluye al Estado- deben ser conscientes de que la fragilidad del medio ambiente es una constante. De manera que las actividades deben concretarse sin alterar esta fragilidad y poner empeño para conservarla, y en algunos casos mejorarla por mucho tiempo.
Es sabido que en el país y en Tucumán los suelos destinados años atrás a una agricultura tradicional y convencional generaron una pérdida constante de la materia orgánica de los suelos. Podía observarse en los terrenos del este tucumano una elevada tasa de mineralización de la materia orgánica, después de los desmontes. Esta actividad se realizaba para destinar la superficie ganada a la producción constante de granos, que iba siempre de la mano de una erosión hídrica y eólica permanente.
En suelos cercanos al pedemonte, con labranzas tradicionales y poco uso de la sistematización de suelos, se generó la erosión hídrica y la pérdida de los horizontes más fértiles del suelo. Luego llegó como novedad el manejo conservacionista de labranza vertical y posteriormente la siembra directa, métodos que trajeron muchos beneficios y la suma de una permanente concientización por parte de instituciones de investigación dedicadas a la agricultura, y su respectiva transferencia al campo.
De todas maneras, hay que seguir trabajando para lograr que se elimine el monocultivo de cualquier especie, principalmente soja, y que se incorporen al suelo los nutrientes que se extraen en cada cosecha. También es necesario que se realice una correcta rotación de suelos y que se evalué periódicamente las condiciones de los suelos para mantenerlos en condiciones óptimas de fertilidad.
Respecto de la incidencia social y económica, el principal objetivo pasa por mantener al hombre de campo en su lugar de trabajo, brindándole la cobertura de las necesidades básicas que necesita. Para ello, las obras de infraestructura son fundamentales. Debe disponer de agua, luz, educación, vivienda y, por supuesto, un trabajo y salario dignos dentro de cada explotación.
Debemos tener en cuenta que muchas actividades hoy son mecanizadas y requieren de muy poca mano de obra. Por ello, hay que procurar que las actividades donde la demanda de esa mano de obra es escasa o nula se generen productos para la industria o para incorporarle valor agregado que generen fuentes de trabajo.
Pero en este afán, es dable que esas actividades que requieren mano de obra sean conservadas como tales, y no las alteren las presiones impositivas que apuntan a sus resultados económicos y las tornen inviables.
El productor debe entender además, que los negocios cortoplacistas ya no existen y que, para mantener los negocios en el tiempo, debe invertir en la conservación del suelo con un manejo adecuado de rotaciones e incorporación de nutrientes, que tienen sus costos. Pero en su convencimiento debe primar la idea de que ese gasto, en definitiva, le dará buenos resultados a largo tiempo.
Por otro parte, le cabe al Estado fomentar actividades de largo plazo, como la forestación, las producciones mixtas de agricultura y ganadería, y no castigar impositivamente actividades que andan bien o que tengan poca mano de obra, sino estimular su agroindustria transformadora y mantenerlas rentables en el tiempo.
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