08 Diciembre 2006
Los basurales a cielo abierto atentan contra la competitividad del sector productivo tucumano
Panorama rural por Ernesto José Caram, sección rural. Es permanente el ataque al medio ambiente y la solución no aparece. A lo largo de la geografía tucumana se repiten los focos infecciosos por la falta de tratamiento de los residuos urbanos, que causan daños al ecosistema.
El permanente ataque que sufre el medio ambiente que nos circunda parece no tener solución. Entre los graves daños que los tucumanos observan a diario contra el ecosistema, está el producido por la falta de tratamiento de los residuos urbanos. El paisaje se repite a lo largo de la geografía provincial.
Un caso concreto es el que se presenta muy cerca de la población de San Pablo, donde convive un núcleo habitacional muy importante de la provincia, con la exuberante naturaleza del pedemonte, con numerosos cultivos citrícolas y hortícolas, frente a un enorme basural generado en contra de la ley y de lo que debería ser un verdadero respeto por el medio ambiente.
Lindante con Finca Lules o Barrio Toledo (San Pablo) hay un área de unas 2,5 hectáreas de acopio de residuos generales a cielo abierto, y sin tratamiento alguno. El sector está rodeado hacia el norte y el este por plantaciones de citrus; hacia el oeste con plantaciones de caña de azúcar y linda al sur con la cuenca del Río Seco, de aproximadamente tres metros de profundidad y 10 de ancho.
Durante los días de lluvia estival, sobre este río suele escurrir un importante caudal de agua. Los residuos se encuentran a sólo un metro y medio a las plantaciones cítricas y a un metro de las de caña de azúcar hacia el oeste. Y se extiende por más de 350 metros sobre el borde de las plantaciones de limones, cuyas producciones se exportan.
En el basural se pueden encontrar todo tipo de residuos y a simple vista se observan plásticos, animales muertos, vidrios, materiales pirotécnicos en grandes cantidades, residuos domiciliarios, productos y envases químicos, chatarras, residuos clasificados como peligrosos según la Ley 24.051 (aceites, grasas, agroquímicos, pilas, residuos patógenos), entre otros. Estos últimos requieren de un tratamiento especial por parte de alguna empresa controlada por las autoridades competentes, debido al elevado impacto negativo que se genera sobre el medio ambiente (producciones) y sobre la comunidad de influencia (daños en la salud).
Al acopio de los residuos lo realiza el personal de la Comuna de San Pablo. Actualmente se arrojan ocho carros llenos por día, en un vehículo que luce una leyenda muy clara: "Gobernación Alperovich-Gestión Marcos Ruiz".
En las inmediaciones del basural se observan niños que esperan la llegada de los carros para comenzar a separar el contenido y vender luego la chatarra, los cartones, etc. En medio de tantos desperdicios, los "separadores" se exponen al contagio de enfermedades o a posibles heridas provocadas con distintos elementos. Ese daño puede afectar a otras personas de la comunidad y quizá a las generaciones futuras, porque a través de los residuos patogénicos pueden transferirse enfermedades que aún no tienen cura.
En los días de lluvia, debido a que los residuos están elevados respecto del nivel del suelo, el agua fluye hacia las plantaciones lindantes y alimenta los acuíferos ya contaminada. Seguramente será el líquido que extraerán aguas abajo a través de pozos construidos para utilizarlo para el consumo humano o servirá para el riego en diferentes cultivos.
Cuando llueve, el agua que fluye entre los basurales es putrefacta, de color negro, espesa, con olor nauseabundo, y además presenta restos de aceites y de químicos. Todo esto afecta a la población y a los campos productivos.
Se pueden observar en las plantaciones citrícolas lindantes carteles que rezan que se cumplen las normas Eurepgap, las cuales certifican además Buenas Prácticas Agrícolas y permiten que las cosechas sean procesadas en empaques e industrias que, finalmente, exportarán a los principales mercados del mundo.
Empresas de la zona realizaron presentaciones en los diferentes organismos provinciales de control, que se encuentran vinculados a esta temática, como la Secretaria de Comunas y Municipios y la Dirección de Medio Ambiente. Esas empresas aún no recibieron ningún informe oficial que muestre la voluntad de las autoridades para colaborar con la gestión privada y erradicar este y otros basurales.
Es hora de que el Estado aborde con altura y responsabilidad el tema, ya que es preocupación de los productores, de los empresarios y de la población en general.
Un caso concreto es el que se presenta muy cerca de la población de San Pablo, donde convive un núcleo habitacional muy importante de la provincia, con la exuberante naturaleza del pedemonte, con numerosos cultivos citrícolas y hortícolas, frente a un enorme basural generado en contra de la ley y de lo que debería ser un verdadero respeto por el medio ambiente.
Lindante con Finca Lules o Barrio Toledo (San Pablo) hay un área de unas 2,5 hectáreas de acopio de residuos generales a cielo abierto, y sin tratamiento alguno. El sector está rodeado hacia el norte y el este por plantaciones de citrus; hacia el oeste con plantaciones de caña de azúcar y linda al sur con la cuenca del Río Seco, de aproximadamente tres metros de profundidad y 10 de ancho.
Durante los días de lluvia estival, sobre este río suele escurrir un importante caudal de agua. Los residuos se encuentran a sólo un metro y medio a las plantaciones cítricas y a un metro de las de caña de azúcar hacia el oeste. Y se extiende por más de 350 metros sobre el borde de las plantaciones de limones, cuyas producciones se exportan.
En el basural se pueden encontrar todo tipo de residuos y a simple vista se observan plásticos, animales muertos, vidrios, materiales pirotécnicos en grandes cantidades, residuos domiciliarios, productos y envases químicos, chatarras, residuos clasificados como peligrosos según la Ley 24.051 (aceites, grasas, agroquímicos, pilas, residuos patógenos), entre otros. Estos últimos requieren de un tratamiento especial por parte de alguna empresa controlada por las autoridades competentes, debido al elevado impacto negativo que se genera sobre el medio ambiente (producciones) y sobre la comunidad de influencia (daños en la salud).
Al acopio de los residuos lo realiza el personal de la Comuna de San Pablo. Actualmente se arrojan ocho carros llenos por día, en un vehículo que luce una leyenda muy clara: "Gobernación Alperovich-Gestión Marcos Ruiz".
En las inmediaciones del basural se observan niños que esperan la llegada de los carros para comenzar a separar el contenido y vender luego la chatarra, los cartones, etc. En medio de tantos desperdicios, los "separadores" se exponen al contagio de enfermedades o a posibles heridas provocadas con distintos elementos. Ese daño puede afectar a otras personas de la comunidad y quizá a las generaciones futuras, porque a través de los residuos patogénicos pueden transferirse enfermedades que aún no tienen cura.
En los días de lluvia, debido a que los residuos están elevados respecto del nivel del suelo, el agua fluye hacia las plantaciones lindantes y alimenta los acuíferos ya contaminada. Seguramente será el líquido que extraerán aguas abajo a través de pozos construidos para utilizarlo para el consumo humano o servirá para el riego en diferentes cultivos.
Cuando llueve, el agua que fluye entre los basurales es putrefacta, de color negro, espesa, con olor nauseabundo, y además presenta restos de aceites y de químicos. Todo esto afecta a la población y a los campos productivos.
Se pueden observar en las plantaciones citrícolas lindantes carteles que rezan que se cumplen las normas Eurepgap, las cuales certifican además Buenas Prácticas Agrícolas y permiten que las cosechas sean procesadas en empaques e industrias que, finalmente, exportarán a los principales mercados del mundo.
Empresas de la zona realizaron presentaciones en los diferentes organismos provinciales de control, que se encuentran vinculados a esta temática, como la Secretaria de Comunas y Municipios y la Dirección de Medio Ambiente. Esas empresas aún no recibieron ningún informe oficial que muestre la voluntad de las autoridades para colaborar con la gestión privada y erradicar este y otros basurales.
Es hora de que el Estado aborde con altura y responsabilidad el tema, ya que es preocupación de los productores, de los empresarios y de la población en general.












