La pelea contra la contaminación en Tucumán sigue encabezando la lista de materias pendientes

Los tucumanos exigen que las promesas de un habitat más sano pasen de lo declamativo a los hechos. El respeto por la vida es más importante que el lucro. Por Ernesto José Caram - Sección Rural.

PELIGRO latente. Tucumán sigue dando que hablar por su descuidado ambiente, que se encuentra en peligro por la elevada contaminación que registra. ARCHIVO LA GACETA PELIGRO latente. Tucumán sigue dando que hablar por su descuidado ambiente, que se encuentra en peligro por la elevada contaminación que registra. ARCHIVO LA GACETA
25 Mayo 2007
Mayo representa para la mayoría de los tucumanos el mes en el que comienza a generarse una fuerte contaminación de los recursos naturales de la provincia. Esto se debe al descontrol con el que producen decenas de agroindustrias locales, que utilizan como materia prima prioritariamente a la caña de azúcar y al limón, pero que también involucran a frigoríficos y a centros urbanos con sus derrames cloacales -sin tratamiento- sobre los principales cauces naturales.
No todos transgreden la ley, pero son pocos los que la respetan. Lamentablemente la mayoría contaminante se impone sobre la minoría conservacionista. Estructuralmente, las industrias tucumanas están concebidas para producir productos de alta calidad, que dejan sobre sus espaldas una fuerte carga contaminante que no sólo afecta a la flora y a la fauna sino que vulnera además, en forma directa, la salud de los habitantes de la provincia.
Bajo ningún concepto se puede justificar la producción de alimentos para el país o para el mundo si por detrás se está contaminando a una población que observa pasiva como se violan todas las normas y las leyes naturales de vida.
Polución ambiental multiplicada, ríos con sus aguas contaminadas y una descontrolada quema de cañaverales, son algunos de los factores que generan en Tucumán un ambiente insoportable que atenta contra la subsistencia de la propia especie humana.
En estos días, numerosos medios del país publicaron en forma sensacionalista como la Secretaria de Medio Ambiente de la Nación, Romina Picolotti, decidía clausurar un ingenio tucumano, porque no había realizado las inversiones necesarias para solucionar sus problemas de contaminación. Dos días después, como por arte de magia, se hablaba que se levantaría esa suspensión porque habían presentado los papeles requeridos, con el plan de saneamiento. Como si la contaminación pasara por cumplir con simples trámites administrativos.
En el mundo existen sistemas productivos de avanzada que producen contaminación cero y se pueden certificar con normas internacionalmente reconocidas. Esto en Tucumán ocurre muy poco. Pero hoy la población local siente que este tipo de medidas mediáticas quedará en la nada y que la contaminación se apoderará un año más del ya degradado y destruido suelo tucumano.
La realidad indica que es muy poco lo que cambió en la provincia, respecto de la recuperación de sus recursos naturales contaminados. Basta con circular temprano por la vera del Río Salí y percibir el fuerte olor nauseabundo que emana del agua del cauce. Es una mezcla líquida de desechos orgánicos, de productos tóxicos y de químicos arrojados por diversas industrias a lo largo de toda la geografía tucumana, que finalmente terminarán vertiéndose en el cauce principal.
En Tucumán, la contaminación data de varias décadas atrás, y a decir por los resultados nada se hizo para frenarla. Por el contrario, los factores contaminantes se multiplicaron en los últimos años hasta convertir la principal cuenca acuífera tucumana en una cloaca a cielo abierto.
La realidad de Tucumán supera a la ficción. La zafra azucarera no comenzó a tomar forma y la molienda de limones se echó a rodar. Pero la contaminación está vigente y la basura, desparramada por todos los rincones de la provincia, espanta a más de un turista. La población reclama a viva voz que las autoridades tomen medidas efectivas contra los desaprensivos que vierten líquidos contaminantes sobre los cauces naturales.
El emblemático Río Salí ya no es el lugar de esparcimiento de los tucumanos. Es un cauce imposible de disfrutar, por su peligrosidad. La flora y la fauna sufrieron el efecto y llevará mucho tiempo recuperar el equilibrio natural.
Este año debería convertirse en un punto de inflexión a favor de la protección del medio ambiente, con sanciones ejemplificadoras para los transgresores, sin excepción. Cualquier lucro económico no puede anteponerse al respecto por la vida humana. La sociedad reclama por un ambiente digno. La respuesta la tienen los empresarios y el gobierno.

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