14 Marzo 2008
La aparición de la enfermedad en un lote ubicado en La Virginia, el viernes pasado, generó preocupación entre los productores de soja de Tucumán, ya que esta enfermedad es muy agresiva y puede perjudicar las plantaciones si no se toman medidas precautorias.
Es por ello que la Eeaoc hizo recomendaciones para prevenir mayores inconvenientes que puedan perjudicar los rendimientos finales del cultivo. Se recomienda monitorear los lotes y aplicar fungicidas preventivos si continúan las condiciones ambientales predisponentes.
La temperatura, la humedad y el rocío favorecieron la aparición de la enfermedad
El viernes pasado apareció en algunos lotes sojeros de Tucumán la "roya de la soja". La enfermedad mostró sus primeros síntomas de ataque en la campaña 2008 debido a que el clima ideal para su desarrollo comenzó a plasmarse la semana pasada, cuando las temperaturas subieron en algunas localidades a 28°C, la humedad relativa superaba el 80% y el agua de lluvia y/o rocío permanecía en la superficie foliar por más de 5 ó 6 horas.
Esta situación ayudó a que la roya encontrara el momento ideal para hacerse notar. Esta enfermedad es causada por dos hongos: la "forma asiática" -la más grave- por la Phakopsora pachyrhizi y, la "sudamericana" causada por el agente Phakopsora meibomiae.
Las hojas son los órganos más afectados. En ataques muy severos los síntomas también pueden ser vistos en vainas, tallos y peciolos. Esta enfermedad produce lesiones necróticas. Según la guía para su reconocimiento y manejo elaborada por los profesionales Carmona, Ploper, Grijalva, Gally y Barreto, los síntomas comienzan a observarse como numerosos y diminutos puntos grisáceos de aspecto acuoso, en el haz de las hojas. Luego, estos puntos -restringidos por las nervaduras- oscurecen más, toman forma poligonal y angular, acelerando la senesencia de las hojas. Las pústulas se forman en el envés de las hojas, conformando una pequeña elevación en el centro. Esa protuberancia contiene numerosas "uredosporas" que se liberan en cantidades. La liberación ocurre cuando la protuberancia se torna más castaña y se rompe en un pequeño poro, importante para el diagnóstico ocular.
Los investigadores sugieren al productor estar muy atento a lo que sucede dentro de su campo
Desde diferentes instituciones de investigación del medio y del país llevan adelante programas de investigación sobre el manejo y control de la "roya de la soja". No hay dudas de que el cultivo de esta oleaginosa es, en la actualidad, estratégico para los destinos de la Argentina, por lo que el mismo representa para la economía nacional. En este sentido, el productor debe estar muy atento a lo que pasa en sus lotes y saber actuar a tiempo para evitar la proliferación de este hongo que, de no ser controlado a tiempo, podría causarle daños irreparables al cultivo.
En el mundo se aconseja a los productores realizar el monitoreo en el cultivo para el diagnóstico precoz de la enfermedad y su control químico. Se sugiere hacerlo dos veces por semana, desde apenas antes de la floración.
Por otro lado, el productor debe evitar la ocurrencia y frecuencia del mantenimiento del período crítico de la enfermedad sembrando ciclos cortos y respetando las siembras tempranas. Es preciso, además, que los productores eliminen de sus campos las "plantas guachas" o de hospedantes alternativos.
Según numerosos investigadores, los fungicidas son la herramienta táctica más indicada en el corto plazo. La diferencia entre campos tratados y no tratados es muy significativa. Las recomendaciones van desde el uso de fungicidas triazoles y estrobilurinas o sus mezclas. Esta medida debe ser mejorada y elaborada en función de criterios técnicos, establecidos en base a la epidemiología de la enfermedad y el retorno económico, siguiendo muy de cerca el estudio del Umbral de Daño Económico para cada situación.
Los monitoreos deben hacerse cada cinco días
Para tomar cualquier decisión en sus campos, el productor debe hacer un monitoreo permanente del mismo. Una de las técnicas recomendadas es la de extraer al azar, caminando en zigzag, unas 20 plantas. De las mismas habrá que eliminar las ramificaciones y sólo las hojas del tallo principal.
Las hojas senescentes, muertas y las que están en expansión no son tomadas en cuenta y deben desecharse. Luego, se evalúa la severidad de cada folíolo, para luego sumar los valores de severidad de cada uno. En el promedio también se debe considerar el valor cero para hojas sin sintomatología.
El diagnóstico correcto de la roya debe asegurarse con el uso de una lupa de mano de 15 ó 20 X, constatando la presencia de pústulas abiertas (poros) y de esporas. Hay que evitar las hojas mojadas porque pueden dificultar la visualización de lesiones y pústulas.
El monitoreo debe realizarse antes o bien al inicio de la floración. Se sugiere el estadio vegetativo V6, que debería ser retomado cada 15 días después de la aplicación de un fungicida, cuando esté finalizando el poder de protección del mismo.
El objetivo final es evitar la desfoliación que ocurre aún con bajos niveles de severidad. La frecuencia de visitas debe ser cada 5 días a más tardar, considerando la alta velocidad de progreso de la epidemia y el hecho de que las primeras lesiones son visibles luego de 10 a 14 días de la infección.
Es por ello que la Eeaoc hizo recomendaciones para prevenir mayores inconvenientes que puedan perjudicar los rendimientos finales del cultivo. Se recomienda monitorear los lotes y aplicar fungicidas preventivos si continúan las condiciones ambientales predisponentes.
La temperatura, la humedad y el rocío favorecieron la aparición de la enfermedad
El viernes pasado apareció en algunos lotes sojeros de Tucumán la "roya de la soja". La enfermedad mostró sus primeros síntomas de ataque en la campaña 2008 debido a que el clima ideal para su desarrollo comenzó a plasmarse la semana pasada, cuando las temperaturas subieron en algunas localidades a 28°C, la humedad relativa superaba el 80% y el agua de lluvia y/o rocío permanecía en la superficie foliar por más de 5 ó 6 horas.
Esta situación ayudó a que la roya encontrara el momento ideal para hacerse notar. Esta enfermedad es causada por dos hongos: la "forma asiática" -la más grave- por la Phakopsora pachyrhizi y, la "sudamericana" causada por el agente Phakopsora meibomiae.
Las hojas son los órganos más afectados. En ataques muy severos los síntomas también pueden ser vistos en vainas, tallos y peciolos. Esta enfermedad produce lesiones necróticas. Según la guía para su reconocimiento y manejo elaborada por los profesionales Carmona, Ploper, Grijalva, Gally y Barreto, los síntomas comienzan a observarse como numerosos y diminutos puntos grisáceos de aspecto acuoso, en el haz de las hojas. Luego, estos puntos -restringidos por las nervaduras- oscurecen más, toman forma poligonal y angular, acelerando la senesencia de las hojas. Las pústulas se forman en el envés de las hojas, conformando una pequeña elevación en el centro. Esa protuberancia contiene numerosas "uredosporas" que se liberan en cantidades. La liberación ocurre cuando la protuberancia se torna más castaña y se rompe en un pequeño poro, importante para el diagnóstico ocular.
Los investigadores sugieren al productor estar muy atento a lo que sucede dentro de su campo
Desde diferentes instituciones de investigación del medio y del país llevan adelante programas de investigación sobre el manejo y control de la "roya de la soja". No hay dudas de que el cultivo de esta oleaginosa es, en la actualidad, estratégico para los destinos de la Argentina, por lo que el mismo representa para la economía nacional. En este sentido, el productor debe estar muy atento a lo que pasa en sus lotes y saber actuar a tiempo para evitar la proliferación de este hongo que, de no ser controlado a tiempo, podría causarle daños irreparables al cultivo.
En el mundo se aconseja a los productores realizar el monitoreo en el cultivo para el diagnóstico precoz de la enfermedad y su control químico. Se sugiere hacerlo dos veces por semana, desde apenas antes de la floración.
Por otro lado, el productor debe evitar la ocurrencia y frecuencia del mantenimiento del período crítico de la enfermedad sembrando ciclos cortos y respetando las siembras tempranas. Es preciso, además, que los productores eliminen de sus campos las "plantas guachas" o de hospedantes alternativos.
Según numerosos investigadores, los fungicidas son la herramienta táctica más indicada en el corto plazo. La diferencia entre campos tratados y no tratados es muy significativa. Las recomendaciones van desde el uso de fungicidas triazoles y estrobilurinas o sus mezclas. Esta medida debe ser mejorada y elaborada en función de criterios técnicos, establecidos en base a la epidemiología de la enfermedad y el retorno económico, siguiendo muy de cerca el estudio del Umbral de Daño Económico para cada situación.
Los monitoreos deben hacerse cada cinco días
Para tomar cualquier decisión en sus campos, el productor debe hacer un monitoreo permanente del mismo. Una de las técnicas recomendadas es la de extraer al azar, caminando en zigzag, unas 20 plantas. De las mismas habrá que eliminar las ramificaciones y sólo las hojas del tallo principal.
Las hojas senescentes, muertas y las que están en expansión no son tomadas en cuenta y deben desecharse. Luego, se evalúa la severidad de cada folíolo, para luego sumar los valores de severidad de cada uno. En el promedio también se debe considerar el valor cero para hojas sin sintomatología.
El diagnóstico correcto de la roya debe asegurarse con el uso de una lupa de mano de 15 ó 20 X, constatando la presencia de pústulas abiertas (poros) y de esporas. Hay que evitar las hojas mojadas porque pueden dificultar la visualización de lesiones y pústulas.
El monitoreo debe realizarse antes o bien al inicio de la floración. Se sugiere el estadio vegetativo V6, que debería ser retomado cada 15 días después de la aplicación de un fungicida, cuando esté finalizando el poder de protección del mismo.
El objetivo final es evitar la desfoliación que ocurre aún con bajos niveles de severidad. La frecuencia de visitas debe ser cada 5 días a más tardar, considerando la alta velocidad de progreso de la epidemia y el hecho de que las primeras lesiones son visibles luego de 10 a 14 días de la infección.












