14 Marzo 2008
La Fundación "5 al Día" de Argentina está desarrollando una versión local de un programa internacional destinado a promover una alimentación saludable, que incluya cinco porciones diarias de frutas y hortalizas.
Esta propuesta ya fue implementada con éxito en 40 países y cuenta con el apoyo de importantes organizaciones internacionales relacionadas con la salud y la nutrición, como la Organización mundial de la Salud (OMS), Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Secretaría para la Agricultura y Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas (FAO), explicó a LA GACETA Rural, Mariano Winograd, presidente de la Fundación en el país.
La idea es combinar acciones educativas y de promoción en diversos ámbitos, además de actividades académicas y cursos de capacitación en procura de mejorar la salud pública a través de la prevención y el fortalecimiento de hábitos de vida saludables. Esto sin descartar otros alimentos, priorizando el consumo de frutas y hortalizas.
Argentina en particular, e Iberoamérica en general, constituye un escenario cuya población, hoy mayoritariamente urbana, proviene en una gran parte del medio rural, de donde migró hacia los principales centros urbanos que empezaban a consolidar sus cordones industriales a mediados de los 40.
A la población autóctona, compuesta por aborígenes de distintas culturas, se incorporó a partir de la Conquista la población de origen español y portugués y, desde fines del siglo XIX, un significativo aporte inmigrante. Tanto en el caso de la población aborigen como en los inmigrantes se verifica la existencia de un bagaje cultural que incluía el hábito de producir y consumir frutas y hortalizas. Así, las principales cuencas de traslado y los cinturones verdes de las grandes urbes se desarrollaron gracias a estos aportes.
Transmitido el hábito de generación en generación, aún con la migración a los centros urbanos, los descendientes conservaron el hábito de producir y consumir frutas y hortaliza en forma habitual.La creciente urbanización, un nuevo ciclo de globalización a partir de los 90 y profundos cambios culturales hicieron que aquellas costumbres se debiliten.
Esta propuesta ya fue implementada con éxito en 40 países y cuenta con el apoyo de importantes organizaciones internacionales relacionadas con la salud y la nutrición, como la Organización mundial de la Salud (OMS), Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Secretaría para la Agricultura y Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas (FAO), explicó a LA GACETA Rural, Mariano Winograd, presidente de la Fundación en el país.
La idea es combinar acciones educativas y de promoción en diversos ámbitos, además de actividades académicas y cursos de capacitación en procura de mejorar la salud pública a través de la prevención y el fortalecimiento de hábitos de vida saludables. Esto sin descartar otros alimentos, priorizando el consumo de frutas y hortalizas.
Argentina en particular, e Iberoamérica en general, constituye un escenario cuya población, hoy mayoritariamente urbana, proviene en una gran parte del medio rural, de donde migró hacia los principales centros urbanos que empezaban a consolidar sus cordones industriales a mediados de los 40.
A la población autóctona, compuesta por aborígenes de distintas culturas, se incorporó a partir de la Conquista la población de origen español y portugués y, desde fines del siglo XIX, un significativo aporte inmigrante. Tanto en el caso de la población aborigen como en los inmigrantes se verifica la existencia de un bagaje cultural que incluía el hábito de producir y consumir frutas y hortalizas. Así, las principales cuencas de traslado y los cinturones verdes de las grandes urbes se desarrollaron gracias a estos aportes.
Transmitido el hábito de generación en generación, aún con la migración a los centros urbanos, los descendientes conservaron el hábito de producir y consumir frutas y hortaliza en forma habitual.La creciente urbanización, un nuevo ciclo de globalización a partir de los 90 y profundos cambios culturales hicieron que aquellas costumbres se debiliten.













