05 Febrero 2010
La frutihorticultura europea enfrenta una crisis
Gran parte de la pérdida de la competitividad sufrida en este último año se debió a la baja en los subsidios, que se tradujeron en menos ayuda a la producción, a la industrialización y a la extracción del mercado de los productos excedentes, una política que llevó adelante Bruselas. Aparecieron problemas de iliquidez e inseguridad en la producción.
A decir por los especialistas europeos, el sector de las frutas y hortalizas frescas en Europa recordará a 2009 y lo que va de 2010 como uno de los años más negativos que hayan vivido. Tanto los cultivos de frutas de verano (carozo y pepitas) como los de invierno (cítricos) sufrieron una fuerte retracción en la demanda en este último período, fruto de la crisis que sufre el sector. Lo mismo pasó con otros productos como la carne, la leche, el maíz o el trigo. En muchos casos las ventas fueron tan bajas y a quebranto, que lo percibido por el productor no llegó a cubrir sus costos de producción. Diferentes asociaciones interprofesionales -asociaciones gremiales de productores-, acusan que la crisis se debe en gran parte a la permisividad puesta por Bruselas al ingreso masivo de productos frescos de ultramar, que atentan contra la producción local europea.
A esto se le sumó la crisis sufrida por aspectos climáticos, como sequías extremas en este último año o bien heladas y nevadas muy fuertes como nunca antes vista. También se cita el problema generado por la gran caída del consumo que afectó al bolsillo de la clase media europea. Pero a decir verdad, uno de los temas que no citan los productores y exportadores europeos es que gran parte de la pérdida de la competitividad se debió a la gran baja en los subsidios, que se tradujeron en bajas de las ayudas a la producción, a la industrialización y a la destrucción o retirada del mercado de productos excedentes que llevó adelante Bruselas, este último año, tendiente a achicar los gastos en materia de subsidios.
Todo este recorte en ayudas ha llevado a que gran parte de los pequeños productores y las cooperativas comenzaran a tener problemas de iliquidez, inseguridad en la producción y exportación, tomar más riesgos de incobrables -por parte de sus clientes-, y porque no decirlo, a asumir un costo empresarial que antes estaba muy protegido por Bruselas. Los problemas del sector agropecuario no se deben a un exceso de oferta, todo lo contrario. Se debe a que en Europa han comenzado a cambiar las reglas de juego de a poco, y en momentos de crisis esto se siente con más fuerza. Los agricultores y exportadores europeos deberán adaptarse, de aquí en más, a producir con mayor riesgo y a no depender tanto del Estado. Es decir, a producir más como se hace en los países en vías de desarrollo, en donde el Estado siempre estuvo ausente en cualquier tipo de ayuda a la producción y los Gobiernos se encargaron de apretar a los productores con más gravámenes fiscales, en busca de dinero para solventar el Estado gigante y paternalista. Lo que está en claro es que los productores europeos se están organizando y comenzando a agruparse para defender sus derechos, con fuertes protestas en Madrid, París y Bruselas. Pero en todos lados por igual, tratando de hacer valer sus derechos, informando que quieren seguir produciendo frutas y hortalizas, seguir viviendo en el campo y que quieren a esta actividad como su medio de subsistencia.
Algo parecido a lo que hacen los productores argentinos, con la diferencia de que en nuestro país los productores lo hacen cuando se ven avasallados por un Estado ausente, que busca regular cada vez más las actividades en lugar de imitar a los que tienen más experiencias es la busca de la "desregulación".
Regular en la Argentina es sinónimo de corrupción, y esto también sucede en Europa. Subsidiar, tanto en el viejo mundo como en el nuestro, es sinónimo de actos espurios, en donde se inventan producciones que nunca existieron con el fin de hacer negocios con el funcionario de turno. Lo mismo que se vive en Europa, se vive en la Argentina. Está claro que el Estado debe estar presente dictando políticas claras y a largo plazo. Previsibles y no cambiantes. Que respeten las leyes, y no que las vulneren.
En Europa, el productor necesita de subsidios para producir. En la Argentina, el productor necesita que lo dejen producir sin subsidios y sin presiones fiscales. En la Argentina, el productor agropecuario es altamente competitivo; en Europa. el productor perdió la competitividad cuando comenzó a percibir subsidios y a vivir del Estado. En la Argentina, el productor desarrolló su ingenio ante la crisis y ante la adversidad impuesta por los Gobiernos de turno. En Europa, los productores se caen sino son ayudados. Estas dos realidades que vive el mundo deberían servir como una gran oportunidad para que el país cuente con políticas claras, a largo plazo, duraderas, previsibles y confiables. Si esto ocurre, nuestros productores podrán seguir haciendo trigo, maíz, soja y carne para el consumo doméstico y para el mundo, sin que le falten alimentos a nadie que lo demande y que esté dispuesto a pagar a un precio razonable. Imitemos a Bruselas que, en busca de un acto productivo más transparente y competitivo, está desregulando las actividades.
No pretendamos seguir inventando regulaciones, que el tiempo demostró que a lo único que conducen es a la corrupción por parte de los reguladores que buscan sacar diferencias para tiempos futuros.














