Es preciso revisar los efectos de los planes sociales

Si bien algunos subsidios son acertados, muchos otros provocan que la persona prefiera continuar en su condición de desocupado o de trabajador irregular, a cambio de no perder el beneficio. El sector agrario se ve particularmente afectado, debido a la deserción que se observa en sus tareas específicas. Volver a la dignidad de un trabajo estable

26 Febrero 2010
Las políticas sociales de inclusión laboral son necesariamente indispensables en cualquier gobierno de turno, sobre todo en aquellos momentos en donde gran parte de su población no satisface sus necesidades básicas. También es entendible que el Gobierno otorgue subsidios a aquellos sectores sociales más desprotegidos o de menos formación laboral, a fin de darles un paliativo o ayuda para que el destinatario aproveche esos períodos para capacitarse laboralmente, mientras recibe una ayuda para vivir.

Los subsidios otorgados a la niñez, a la escolarización y a las madres solteras para atender a sus hijos en sus hogares, son bien vistos y muy bien justificados. Todos ellos tienden a que, verdaderamente, se proteja a la familia y a que los hijos sean educados bajo el cobijo de su madre o de algún tutor en forma armoniosa y responsable.

Sin embargo, cuando los beneficios o planes sociales otorgados por el Gobierno son distribuidos en forma irracional y se crea un subsidio para frenar cualquier protesta social, estos se vuelven un bumerán hacia la sociedad en su conjunto. Atentan contra la vocación al culto del trabajo y, sobre todo, contra la inclusión laboral de aquellas personas que eventualmente se encontraban sin un trabajo formal o simplemente desocupados.

En la actualidad, la gran cantidad de planes sociales existentes en la provincia se entregan a beneficiarios que carecen de un trabajo formal; es decir, que no están registrados o que están desocupados. Y estos se pierden cuando el destinatario encuentra un trabajo formal. Ese es el objetivo del plan. Pero muchas veces los beneficiarios, para no perder estos programas, prefieren buscar un trabajo informal, o simplemente no buscar nada, con la excusa perfecta de no perder el beneficio gubernamental.

En muchos casos, cuando el plan va dirigido a los niños y a la familia que consta de más de tres o de cuatro miembros, el subsidio otorgado por el Gobierno crea la excusa necesaria para que los padres no salgan a trabajar. Y los empuja a una deserción laboral que muchas veces no tiene retorno. En estos casos, el plan provoca un efecto adverso.

Mano de obra insustituible

Como es bien conocido, en el sector rural y, sobre todo, en el frutihortícola, la mano de obra es una de las herramientas básicas e insustituibles con que cuenta el productor o el empresario para llevar adelante las labores. Llámense trabajos culturales en el campo, pulverizaciones, tendidos de alambrados, cosecha de cultivos hortícolas (papa, frutilla, verduras de hoja), o de cultivos frutícolas como cítricos y arándanos. Esto es tanto para el trabajo a realizarse en el campo como en los almacenes de empaquetado de la fruta.

En los tiempos que nos toca vivir, esta cultura del subsidio desplazó la cultura del trabajo. Y esto se nota claramente en las empresas que ocupan mano de obra intensiva y temporaria, en donde se viene registrando una gran deserción de los puestos de trabajo en los últimos años. Cuando año tras año se convoca al personal temporario a volver a ocupar sus puestos de trabajo ante el inminente inicio de las zafras locales (azucarera, citrícola, arandanera, entre otros), se nota esta falta de interés en volver a las ocupaciones.

La deserción laboral en la actualidad es elevada y, en algunos casos puntuales, llega a representar hasta el 30% de la ocupación plena de una empresa agropecuaria. Esto es generado por obreros temporarios que, al recibir subsidios personales, familiares o de cooperativas laborales (que reciben planes del Gobierno), provocan un gran problema en las actividades agropecuarias que necesitan la mano de obra como un bien fundamental.

Un culto

Es evidente que un país que se jacte de ser desarrollado o que quiera crecer económicamente en forma sustentable tiene que hacer del trabajo un culto insustituible.

En la actualidad, los resultados de los programas subsidiados por el Gobierno son una incógnita y, en consecuencia, son de dudosa efectividad. Pero lo real es que las empresas agropecuarias tomadoras de mano de obra, hoy en día sufren la deserción, ya que cuando efectivamente se convoca al personal a presentarse para reanudar sus actividades, el resultado es el de un "ausente sin aviso".

No hay dudas de que hace falta un verdadero estudio del efecto que provocan en el campo argentino los programas sociales del Gobierno y de que es preciso sacar la conclusiones de las consecuencias de estos. Todo esto a fin de buscar que los subsidios sean temporarios, no permanentes. Y de que por encima de cualquier decisión gubernamental, el hombre vuelva a privilegiar la cultura del trabajo, con el objetivo de dignificar una de las actividades esenciales en un proyecto de vida del ser humano, como lo es el trabajo digno y estable.

Los subsidios otorgados a la niñez, a la escolarización y a las madres solteras para atender a sus hijos en sus hogares, son bien vistos y muy bien justificados. Todos ellos tienden a que, verdaderamente, se proteja a la familia y a que los hijos sean educados bajo el cobijo de su madre o de algún tutor en forma armoniosa y responsable.

Sin embargo, cuando los beneficios o planes sociales otorgados por el Gobierno son distribuidos en forma irracional y se crea un subsidio para frenar cualquier protesta social, estos se vuelven un bumerán hacia la sociedad en su conjunto. Atentan contra la vocación al culto del trabajo y, sobre todo, contra la inclusión laboral de aquellas personas que eventualmente se encontraban sin un trabajo formal o simplemente desocupados.

En la actualidad, la gran cantidad de planes sociales existentes en la provincia se entregan a beneficiarios que carecen de un trabajo formal; es decir, que no están registrados o que están desocupados. Y estos se pierden cuando el destinatario encuentra un trabajo formal. Ese es el objetivo del plan. Pero muchas veces los beneficiarios, para no perder estos programas, prefieren buscar un trabajo informal, o simplemente no buscar nada, con la excusa perfecta de no perder el beneficio gubernamental.

En muchos casos, cuando el plan va dirigido a los niños y a la familia que consta de más de tres o de cuatro miembros, el subsidio otorgado por el Gobierno crea la excusa necesaria para que los padres no salgan a trabajar. Y los empuja a una deserción laboral que muchas veces no tiene retorno. En estos casos, el plan provoca un efecto adverso.

Mano de obra insustituible

Como es bien conocido, en el sector rural y, sobre todo, en el frutihortícola, la mano de obra es una de las herramientas básicas e insustituibles con que cuenta el productor o el empresario para llevar adelante las labores. Llámense trabajos culturales en el campo, pulverizaciones, tendidos de alambrados, cosecha de cultivos hortícolas (papa, frutilla, verduras de hoja), o de cultivos frutícolas como cítricos y arándanos. Esto es tanto para el trabajo a realizarse en el campo como en los almacenes de empaquetado de la fruta.

En los tiempos que nos toca vivir, esta cultura del subsidio desplazó la cultura del trabajo. Y esto se nota claramente en las empresas que ocupan mano de obra intensiva y temporaria, en donde se viene registrando una gran deserción de los puestos de trabajo en los últimos años. Cuando año tras año se convoca al personal temporario a volver a ocupar sus puestos de trabajo ante el inminente inicio de las zafras locales (azucarera, citrícola, arandanera, entre otros), se nota esta falta de interés en volver a las ocupaciones.

La deserción laboral en la actualidad es elevada y, en algunos casos puntuales, llega a representar hasta el 30% de la ocupación plena de una empresa agropecuaria. Esto es generado por obreros temporarios que, al recibir subsidios personales, familiares o de cooperativas laborales (que reciben planes del Gobierno), provocan un gran probl

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios