Los sueños que permite el rey Messi

23 Diciembre 2012
"Siempre pensé que los argentinos tenían rarezas divertidas, pero eso de que Messi haya finalizado en una votación como tercer mejor deportista del país en 2012 ya me pareció demasiado". Así comienza el correo electrónico que me envía un amigo español desde Barcelona. El amigo, un destacado periodista deportivo en su país, me dice que causó cierta sorpresa en España el resultado de la votación por el Olimpia de Oro que coronó a Sergio "Maravilla" Martínez como mejor deportista del año, seguido del taekwondista Sebastián Crismanich, único oro argentino en los Juegos Olímpicos de Londres.

"¿Es cierto que Messi fue superado por ambos?", me pregunta el colega español. No entiende, y yo tampoco, por qué Messi no fue elegido como el mejor deportista argentino de 2012. Tratándose de premios "Olimpia", me dice mi amigo, tal vez habría tenido una cierta lógica que ganara Crismanich, deportista olímpico.

Crismanich, efectivamente, salvó al deporte argentino al volver de Londres al menos con una medalla dorada. No entiende en cambio mi amigo lo de "Maravilla", aún cuando le explique lo que significó el título mundial de Martínez para revitalizar al alicaído boxeo argentino, de nombres gloriosos en décadas pasadas. Mi amigo agradece el dato. Pero me dice: "aquí (por la ciudad de Barcelona) apostamos a que Messi se convertirá el 7 de enero en el primer jugador en la historia del fútbol mundial que gane cuatro Balones de Oro seguidos, pero ustedes -finaliza enojado- no han hecho un gran favor a nuestra causa con esa votación del Olimpia".

El propio "Maravilla" confesó minutos después de la premiación que no deberían quedar dudas a la hora de señalar a Messi como el mejor deportista argentino en 2012. Fue un palo directo a los votantes del Círculo de Periodistas Deportivos. Crismanich, como se dijo, tiene al menos el argumento de haberle dado al deporte argentino un oro único en la cita más importante que tuvo el deporte en 2012. Los Juegos de Londres fueron el hecho deportivo del año.

Argentina, que pese a los nuevos dineros del ENARD, sigue teniendo menores presupuestos deportivos que países de la región, continúa dando en el escenario olímpico pasos de hormiga comparados con otros que en cambio caminan casi como elefantes. El olimpismo, aunque no en las pistas, vivirá en 2013 un año clave en Argentina cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) se reúna el 7 de setiembre en Buenos Aires para elegir nuevo presidente y votar la sede de los Juegos de 2020. El alemán Thomas Bach, oro en esgrima en los Juegos de Montreal 76, es, desde hace años, el gran candidato a suceder al belga Jacques Rogge. Y Madrid aspira a ganar por fin la sede olímpica, siempre y cuando no se agrave la grave crisis económica que sacude hoy a varios países de Europa.

Presidentes de Federaciones que se atornillan en sus puestos. Infraestructura técnica todavía discreta para fiscalizar si los dineros públicos que se conceden a Federaciones que se jactan de ser autónomas son destinados a la mejor preparación posible del atleta. ¿El mejor semillero de talentos es el club o la escuela?

Se trata de debates del deporte olímpico que no son exclusivos de Argentina. Con el modelo fácil de Gran Bretaña (es usual que el país anfitrión triplique sus medallas), otros, en cambio, se hacen hoy en Europa una pregunta que siempre habíamos escuchado en estas tierras: ¿puede exigir el deporte más dinero para ganar medallas olímpicas en países que, al mismo tiempo, hacen drásticos recortes en sus presupuestos de educación y salud? ¿Puede hacerlo cuando casi todo el dinero -por no decir todo- que sirve para formar al atleta sale de las arcas del Estado, porque el sector privado suele aparecer sólo cuando ese deportista se sube a un podio, no antes? Especialistas aseguran que, por una persona que hace deporte, los Estados se ahorran futuros gastos de salud. Señalan a la práctica del deporte como una inversión, no como un gasto.

Saber que Crismanich ha viajado estos meses por el país para difundir su deporte hace bien al ideal olímpico. Una medalla, si bien es una gloria individual, tiene un obligado sentido extra: inspirar a otros miles para que también ellos hagan deporte.

Pero el deporte olímpico es deporte de alto rendimiento. Comparte escenarios competitivos con títulos mundiales de boxeo como los de "Maravilla" y con ligas top de fútbol como las que juega Messi. Lo mismo que Los Pumas que protagonizaron un 2012 histórico en su crecimiento y que Juan Martín del Potro que le gana a los mejores, aunque con los modos de su renuncia para la primera rueda de 2013 confirma que, para él, la Copa Davis es más un trauma que una alegría.

La competencia de Messi, sin embargo, es mucho mayor que la de todos. Y Leo no revalida su condición de número uno una o dos veces al año. Lo hace todos los fines de semana. Compite con Cristiano Ronaldo y ahora también con Radamel Falcao en cada fecha de la Liga española, con Wayne Rooney o Zlatan Ibrahimovic en Liga de Campeones y con Neymar en Sudamérica. Y le gana a todos. No se sabe qué récord inventar para desafiarlo a que lo quiebre. Es impresionante porque lo hace. Pero es una tontería. Diego Maradona no precisó batir esos récords para ser el mejor del mundo. Para Messi, eso sí que nos importa, 2012 fue el año de su definitivo liderazgo con el seleccionado argentino. En 2013 deberá encabezar la clasificación al Mundial. Y, al año siguiente, buscar saldar su gran deuda, la Copa de la FIFA, para que otros dejen de poner en duda su calidad. Alfredo Di Stéfano y Michel Platini, por citar a dos grandes, no batieron récords goleadores ni ganaron Mundiales. Nadie discute hoy que, sin embargo, forman parte del selecto club de los mejores futbolistas de la historia.

Los futuros Crismanich de nuestro deporte olímpico sueñan con los próximos Juegos cerca de casa, en Río 2016. Pero, hay que admitirlo, más que un oro olímpico en Río, millones de argentinos sueñan, y tienen derecho a hacerlo, con el próximo Mundial, que también se juega en Brasil. Sueñan, en realidad, con un Maracanazo argentino.

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