Por Gustavo Rodríguez
02 Julio 2014
En este Mundial no hay nada más molesto que los horarios de los duelos que le tocó a jugar a la Selección. Se transformó una obra de terror dividida en cinco partes. A repasar:
- Primer acto: en la redacción de LA GACETA se almorzaron tacos y nachos con salsas acompañados con gaseosas dietéticas. Todo muy coqueto, pero: ¿y el choripán? ¿El asado? Por Dios, qué insulto a la costumbre futbolera.
- Segundo acto: los dormilones que “madrugan” para ver el partido y se quejan hasta del ruido de las cornetas en pleno partido. Insoportables.
- Tercer acto: los ansiosos secantes que gritan los goles antes de que la pelota llegue al arco. Sus gritos de golllllll desvían el balón. ¡Fuera diablos!
- Cuarto acto: los amargos pesimistas que pronostican una derrota de la Selección y no se quedan a ver el final del partido. Repudiable por donde se lo mire.
- Quinto acto: las compañeras reunidas en un sector que, además de gritar como cotorras con cada jugada de peligro, piden a los gritos que Ezequiel Lavezzi se saque la camiseta para ver sus atributos. Inaguantable.
Son demasiados argumentos para desear con el alma estar bien lejos.
- Primer acto: en la redacción de LA GACETA se almorzaron tacos y nachos con salsas acompañados con gaseosas dietéticas. Todo muy coqueto, pero: ¿y el choripán? ¿El asado? Por Dios, qué insulto a la costumbre futbolera.
- Segundo acto: los dormilones que “madrugan” para ver el partido y se quejan hasta del ruido de las cornetas en pleno partido. Insoportables.
- Tercer acto: los ansiosos secantes que gritan los goles antes de que la pelota llegue al arco. Sus gritos de golllllll desvían el balón. ¡Fuera diablos!
- Cuarto acto: los amargos pesimistas que pronostican una derrota de la Selección y no se quedan a ver el final del partido. Repudiable por donde se lo mire.
- Quinto acto: las compañeras reunidas en un sector que, además de gritar como cotorras con cada jugada de peligro, piden a los gritos que Ezequiel Lavezzi se saque la camiseta para ver sus atributos. Inaguantable.
Son demasiados argumentos para desear con el alma estar bien lejos.











