La madurez del sí

Pbro. Marcelo Barrionuevo

28 Septiembre 2014
Este evangelio que nos habla de los dos hijos o de las actitudes de los hermanos, muestra tres facetas del comportamiento del hombre con Dios, con los demás, con el mundo que le rodea. No podemos negar que al leer el texto (Mt 21,28-32) nos vemos identificados en las diversas actitudes que hemos tenido o tenemos en relación con Dios, los hombres y el mundo. Nos sentimos identificados cuando decimos que vamos a realizar algo y luego lo dejamos, no cumplimos la palabra, somos llevados por la pereza y la comodidad. Decimos pero no hacemos. También nos pasa como el primero que nos cuesta aceptar la obediencia de las cosas, de los principios, de las obligaciones y el “No” inicial luego de un proceso de reflexión se hace “Sí” fructífero para el servicio que debemos concretar. Del Evangelio debemos sacar en claro que las obligaciones hay que cumplirlas, que no podemos decir sí…sí y luego no servir en aquello que se nos ha encomendado. En la vida cristiana el servicio es esencial y a veces hay que hacerlo a través de la obediencia.

La vida cristiana es una pro-existencia: un ser para el otro, un compromiso humilde para con el prójimo y con el bien común, esta es la actitud fundante sobre la cual debemos afrontar la realidad. En estas actitudes de los dos hijos se pueden ver reflejadas las diversas situaciones que vivimos ante el mundo y la sociedad: hay hombres dispuestos a dar su vida para que el mundo salga de sus crisis y hay otros que solo piensan en su propio beneficio. El Padre llama a estos dos hijos que son dos hermanos para hacerlo responsable del bien común, hoy Dios también nos llama a no lavarnos las manos frente a una creciente crisis mundial o nacional. La vida está hecha para dejar huellas de bien, de verdad, de justicia, de fe que abre horizontes grandes en la historia.El Evangelio es un llamado fuerte a la Iglesia donde somos convocados como hijos y debemos trabajar como hermanos. No son fáciles los momentos que vivimos en la Iglesia pero confiamos en la asistencia del Espíritu Santo que guíe a la barca de Cristo con Pedro a la cabeza. Pero lo que sí que resulta claro es que debemos ponernos al hombro nuestra Iglesia y superar la mirada especuladora de si me gusta esto o no, de si acepto al Papa o no, de si me gusta el Obispo por simpático o no, de si el cura predica bien o es aburrido. En La Iglesia estamos llamados a vivir la Fe en Jesús nuestro Salvador, en comunión con Pedro, el Papa Francisco, junto a nuestro Obispo Alfredo y acompañando la vida de la fe de nuestro pueblo cristiano. El primer hijo dijo “No” y luego reflexionó y dijo “Sí” Son tiempos de decir “Sí” a Dios, al hombre que es camino de la Iglesia. Son tiempos de madurez y entrega al servicio. La Iglesia en Argentina superará los grandes desafíos del presente y del futuro y seguirá siendo fermento en la sociedad, si los sacerdotes, las personas consagradas y los laicos que creen en Cristo, fieles a su vocación especifica, colaboran juntos; si las parroquias, las comunidades y los movimientos se sostienen y se enriquecen mutuamente; si los bautizados y confirmados, en comunión con su obispo, tienen alta la antorcha de una fe inalterada y dejan que ella ilumine sus ricos conocimientos y capacidades.

Estas actitudes deberían ser las motivadoras para preparar el Bicentenario y el Congreso Eucarístico. Tucumán debe dar lo mejor de sí. Los hijos de esta provincia debemos evitar que el “árbol de las elecciones” no tape el bosque histórico de lo que celebraremos.

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