Año nuevo, problemas viejos

Luis Tarullo | Agencia DyN

04 Enero 2015
BUENOS AIRES.- Nada original el título, pero menos original es la dirigencia que, desde hace una larguísima ristra de años, sigue sin resolver cuestiones fundamentales.

Y el ámbito laboral es uno de aquellos en los que los problemas se han convertido en callos en el cuerpo de la sociedad, que duelen más en los sectores más débiles.

Es así como el panorama actual es drásticamente distinto del que se presentaba en un tiempo del cual ya parece no haber recuerdo.

El fin de un año y el comienzo de otro son prácticamente nada más que un convencionalismo y una breve pausa para el brindis y los deseos de buenos augurios.

Y en este último ciclo parece haberse borrado aún más esa diferencia. Solamente hay que detenerse en unos pocos datos para corroborar esa nueva realidad.

Por ejemplo, hay actividades en las cuales no se ha cobrado aún el último tramo de los aumentos salariales pactados en comodísimas cuotas y las partes ya empiezan con los contactos para volver a actualizar los sueldos.

Caída y bonus

La inflación ha hecho estragos y los gremios con mayor poder de fuego consiguieron algún bonus para compensar la caída del valor adquisitivo de los ingresos.

Pero también fueron varios los que no lograron ese beneficio y se imaginan en figurillas en la inminente ronda de negociaciones.

Encima, los más poderosos dijeron que irán por el 40 por ciento de aumento y algunos ya se anticiparon. Como Guillermo Marconi, jefe del sindicato de empleados de la enseñanza privada, que anunció un acuerdo de 38 por ciento con las universidades para este recién nacido 2015. Hasta ahora, se perfila como la paritaria testigo para el mundo gremial, ya que casi linda con el número anticipado por los dirigentes más pesados.

Pero si de salarios solamente se tratara, los problemas estarían zanjados más tarde o más temprano. Ocurre que hay otros dramas que también llevan años y lejos están de resolverse, y otros que reaparecen en el horizonte mediato, en un año que será difícil y tiene, encima, la impronta del turno electoral fundamental.

Indeseada continuidad

Así -aunque ha recrudecido el año pasado- se espera una continuidad de suspensiones y despidos en actividades que han tenido contratiempos, no solo por la baja del consumo, sino por las erradas políticas oficiales. Los sectores automotriz e inmobiliarios son “casos testigo”.

También se repite el escenario tétrico del inaceptable nivel de empleo en negro, que afecta a casi cuatro de 10 asalariados.

El alto nivel de desempleo y el subempleo, el empleo precario y los bajos salarios en millones de bolsillos completan el círculo vicioso que tiene enfermo al mundo del trabajo, en el cual ya se sabe cuál es el eslabón más débil.

Como frutilla del postre, otra historia recurrente: la interna sindical. Tres centrales de cuño peronista (dos opositoras) y dos de centro-izquierda (una opositora).

Las principales espadas prometen unidad. Lo van a hacer, como tantas otras veces en la historia. Pero nadie tiene dudas de que, después del romance, en algún momento volverá el divorcio, y así siempre.

Con lo cual se presume una repetición del augurio gastado, cansador, nada original, pero a esta altura casi fatalmente inevitable, de “año nuevo, problemas viejos”.

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