Decepción del Centenario

La drástica reducción del programa de 1916

COMISIÓN NACIONAL DEL CENTENARIO. Desde la izquierda, Joaquín de Anchorena, el gobernador de Tucumán, Ernesto Padilla; Norberto Quirno Costa, Miguel Ortiz, José Figueroa Alcorta, Brígido Terán y Manuel de Iriondo, en 1915 la gaceta / archivo COMISIÓN NACIONAL DEL CENTENARIO. Desde la izquierda, Joaquín de Anchorena, el gobernador de Tucumán, Ernesto Padilla; Norberto Quirno Costa, Miguel Ortiz, José Figueroa Alcorta, Brígido Terán y Manuel de Iriondo, en 1915 la gaceta / archivo
Para celebrar el Centenario de la Independencia, en 1916, Tucumán no contó con ayuda del Gobierno Nacional, y debió manejarse con sus propias fuerzas. El diario local “El Orden” describía esa situación, el 10 de abril de 1915.

Decía que “poco a poco, el grandioso programa proyectado hace dos años para celebrar el Centenario, ha ido dejando en el camino, uno a uno, los números de significación de que se componía”. Seguía. “Primero fue la Exposición Universal, más tarde, simplemente Argentina; luego, supresión total de este número, al que se hizo fuego desde Buenos Aires tan pronto quedó enunciado entre los actos”. Estaba también “la construcción de parques y paseos, el ‘Aconquija’ y el ‘Centenario’, pero como para esto se necesitaba dinero, quedaron bien pronto eliminados tales números”.

El tercer proyecto, fue “inspiración de la Comisión Nacional, que tuvo una vida efímera y que se disolvió rápidamente tan pronto sus miembros se convencieron del papel meramente proyectista que se les destinaba: construcción de grandes edificios para la Casa de Correos, para la Universidad, para muchas cosas”. Pero costaban millones.

Finalmente, se resolvió hacer “dos o tres Congresos” y que vinieran el presidente y el cuerpo diplomático. “El orgullo localista está de parabienes: oirá torrentes oratorios, desde los sesudos sobre abstrusos temas de sociología hasta los enternecedores impregnados de altruismo por la humanidad doliente. Abogados, médicos, pedagogos, psiquiatras, sociólogos, iluminarán la ciudad de los azahares con los destellos de su sabiduría y la música del parloteo literario y protocolar”.

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