El caos del tránsito en Yerba Buena

En cualquier ámbito, la escasa planificación suele ser la causa de inconvenientes futuros. Ello se hace evidente, por ejemplo, en ciudades que quedan encorsetadas en problemas de difícil resolución, más por ineficacia de quienes rigen sus destinos que por falta de ideas. Yerba Buena es una de ellas. Su desmedido crecimiento poblacional, inmobiliario, automotor que pudo preverse está produciendo incomodidades, conflictos, quejas, en la vida cotidiana de sus habitantes.

La avenida Aconquija es la columna vertebral de la Ciudad Jardín. Hasta hace unos años era prácticamente el único acceso, ahora compartido a unas nueve cuadras con la Perón. Atravesarla en las horas pico suele ser un desafío a la paciencia. Se estima que en esa ciudad hay más de 100.000 vehículos particulares, son 670 licencias de taxis las inscriptas y circulan tres líneas de ómnibus, con 30 unidades cada una, en promedio. Las calles laterales que podrían ayudar a descomprimir el tránsito por la Aconquija, son insuficientes y muchas no se hallan en buen estado. Hay descontrol en el estacionamiento, pese a que no está permitido en la avenida, lo mismo se aparca, incluso sobre las veredas. Por otro lado, estacionar el vehículo en las calles perpendiculares inspira inseguridad.

En una extensa cobertura que publicamos ayer sobre este asunto, un arquitecto que diseñó el primer shopping de Yerba Buena, dijo que las ciudades desarrolladas priorizan al peatón. “En la práctica, esto significa que los planteos se hacen en función de las personas que las transitan. Por eso, hay buenas veredas, plazas y espacios convocantes. También se desarrolla el transporte público... Si Yerba Buena no tiene un circuito de transporte público eficiente, la gente seguirá usando sus autos. Si no tiene veredas, seguirá usando sus autos. Si no tiene bicisendas, seguirá usando sus autos. Por ende, seguirá saturando las vías de comunicación”, señaló. Respecto del tránsito de la Aconquija, indicó que no habrá solución si no hay movimiento en las calles transversales y perpendiculares. “No se puede analizar la problemática de manera aislada. Fíjese el caso de la avenida Perón. Está creciendo hacia el norte en un tamaño igual al de otra ciudad. Cuando eso ocurra, tendremos el mismo desorden que en la Aconquija”, acotó.

En realidad, el problema no es nuevo sino que va creciendo vertiginosamente con el paso del tiempo. En octubre de 2007, se instalaron los 18 semáforos sobre la avenida, que se activaron por unos pocos días, con un perjuicio significativo para el erario municipal. Un estudio posterior determinó que los aparatos no podían solucionar los principales problemas del tránsito de Yerba Buena: la concentración de la mayoría de los vehículos sobre una sola avenida (lo que generaba grandes embotellamientos), la alta velocidad a la que circulaban los vehículos, la falta de calles alternativas a la Aconquija, la concentración comercial y el gran incremento poblacional y del parque automotor del municipio en los últimos años. En 2008, la Municipalidad anunció que había encargado un sistema de radarización para colocar a lo largo de la Aconquija y la Perón, al parecer, sin haber tenido en cuenta el fracaso de esta modalidad en la avenida Mate de Luna y en las rutas.

Han transcurrido siete años y se sigue hablando de la necesidad de descomprimir la Aconquija por las calles adyacentes. Parece increíble que teniendo en Tucumán cuatro universidades, colegios profesionales y urbanistas de sólida formación, no hayan sido convocados el municipio para diseñar una propuesta. Pero no sólo se trata de elaborar un proyecto, sino de llevarlo luego a la realidad, que suele ser una de las grandes dificultades de nuestra clase dirigente. Se suelen buscar parches y no soluciones a los problemas, por esa razón, estos siguen creciendo. Ocurre también que el remedio suele ser peor que la enfermedad, por lo menos, en materia urbanística.

Temas Yerba Buena
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios