03 Marzo 2017
FELICES. En primer plano, Teresa Córdoba. A la derecha, Javier Cancinos.
Javier Cancinos, de 31 años, dejó el departamento de Cruz Alta para mudarse e instalarse con la familia de su esposa. Desde entonces junta dinero para poder terminar su casa. Ahora, con los $ 30.000 que ganó con los Números de Oro de LA GACETA se acercará un poco más a la vivienda propia.
El miércoles sólo le faltaba el 78 para completar la grilla. “Me encerré en una pieza y me puse a controlar solito”, comentó, y agregó que no se tenía confianza porque en ocasiones anteriores le habían faltado uno o dos números y la suerte le fue esquiva. “Cuando vi el 78 me quedé quieto. Entró mi cuñadito y le conté que había ganado. Y él, emocionado, se lo dijo al resto de la familia”, relató. Javier, además, será papá dentro de siete meses.
La suerte también pasó por la casa de Teresa del Carmen Córdoba. Estaba tan nerviosa que no quiso controlar los números. Su hija Antonella tampoco quiso hacerlo, así que fueron sus sobrinas, Micaela y María, las que revisaron la grilla. Teresa cocinaba cuando escuchó que le decían: “tía, completamos los números”.
A partir de ahí todo fueron nervios, risas y apuros. “Estaba tan nerviosa que no festejé. Además estaba apurada cocinando ese día”, comentó. El destino del premio todavía no es seguro. Lo más probable es que lo use para unos arreglos en el hogar, cuenta. “Regalos para nosotras”, bromea su hija. A lo que Teresa retruca: “nunca querés controlar, no les voy a dar nada”, y se ríe.
El miércoles sólo le faltaba el 78 para completar la grilla. “Me encerré en una pieza y me puse a controlar solito”, comentó, y agregó que no se tenía confianza porque en ocasiones anteriores le habían faltado uno o dos números y la suerte le fue esquiva. “Cuando vi el 78 me quedé quieto. Entró mi cuñadito y le conté que había ganado. Y él, emocionado, se lo dijo al resto de la familia”, relató. Javier, además, será papá dentro de siete meses.
La suerte también pasó por la casa de Teresa del Carmen Córdoba. Estaba tan nerviosa que no quiso controlar los números. Su hija Antonella tampoco quiso hacerlo, así que fueron sus sobrinas, Micaela y María, las que revisaron la grilla. Teresa cocinaba cuando escuchó que le decían: “tía, completamos los números”.
A partir de ahí todo fueron nervios, risas y apuros. “Estaba tan nerviosa que no festejé. Además estaba apurada cocinando ese día”, comentó. El destino del premio todavía no es seguro. Lo más probable es que lo use para unos arreglos en el hogar, cuenta. “Regalos para nosotras”, bromea su hija. A lo que Teresa retruca: “nunca querés controlar, no les voy a dar nada”, y se ríe.














