¿El fútbol nos describe? (I)
Unas 60.000 personas esperaban el inicio del partido que debían jugar River y Boca. “La Final del Mundo”, como la llamó el periodismo porteño. Quizás por el egocentrismo que hizo famosos a estos o -tal vez- ¿por las innumerables finales de copas Sudamericanas y del Mundo, que la Selección Argentina supo perder? No lo sé. Millones de personas, en sus casas; bares y confiterías; en sus trabajos, esperaban el inicio del Gran Partido. Mauricio (por Macri), desde la soledad del poder, también esperaba el inicio del gran partido, en un éxtasis brutal que lo hacía elucubrar: “por fin el mundo miraría hacia la Argentina, por algo que no fuese una toma de deuda con buitres o con el FMI”. Meditaba en silencio. Pero las malditas piedras, arrojadas al colectivo que trasladaba al equipo de Boca Juniors hacia el estadio de River, por “barras” supuestamente controlados por la fuerza de seguridad de la ministra Bullrich y del cada día menos sonriente Rodríguez Larreta, impidieron que la gran final se jugara. Y de nuevo, el patético y poco creativo periodismo porteño, dictaminando: “esto nos muestra como sociedad; es un reflejo del país”. Pienso y me pregunto: ¿a estos tipos les interesa realmente el pueblo o sólo las alternativas de un partido de fútbol? Porque de ninguna manera aceptaré que, nuevamente, se culpe al pueblo por todo lo malo que suceda, y no se identifique y castigue a los verdaderos responsables de todo lo malo que nos sucede (cada día con más frecuencia y volumen, por cierto). Un ejemplo es más que suficiente para dimensionar la perversidad de este juego: “si la inflación es descontrolada y las tarifas impagables, la culpa es del pueblo, quien debe pagar la fiesta de los 12 años anteriores y dejar de consumir como seres dignos”. Las acciones o actitudes de 50 tipos no nos deben interpelar como sociedad. Lo que sí debiera hacerlo es que, aún en la reiteración de estos hechos, sigamos teniendo a Bullrich al frente de un ministerio tan importante; o que la Justicia esté más preocupada por ver que el impuesto a las Ganancias no toque ni un céntimo de sus abultados sueldos, que por encarcelar a todas las mafias que se apoderaron de nuestros gobiernos, de nuestras instituciones, de nuestras plazas, de nuestras calles y de nuestras casas, porque ni siquiera dentro de ellas estamos a salvo.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
¿El fútbol nos describe? (II)
River vs. Boca era un partido que tendría que haber sido una fiesta, coronando a un campeón de una manchada Copa Libertadores, donde gente de todo el planeta tuvo los ojos en Argentina y volvimos a mostrar que no somos capaces de nada, que todo estuvo improvisado y manejado por mafiosos que son los barrabravas, con complicidad de dirigentes y de altos funcionarios. Inglaterra tuvo este problema hace muchos años en lo que se llamó la tragedia de Heysel entre Liverpool FC y La Juventus. Terminó con 39 muertos, lo cual despertó lo que fue el final de los “hooligans”. Margaret Thatcher comenzó “la caza” de estos criminales y logró el objetivo: eliminarlos de la Premier League de Inglaterra. La sanción fue dolorosa para los clubes británicos. Argumentó que no era un problema del fútbol sino de la sociedad, y de la mano de ella lograron un objetivo. En Argentina es casi imposible pensar eso, pero si no se hace algo el fútbol argentino morirá en manos de estos grupos, porque hinchas de fútbol no son. El castigo debería ser anular la Copa Libertadores de América, dejando a River y Boca sin nada. Y jugar un partido entre los semifinalistas para que vayan al Mundial de Clubes de la FIFA, sin darle el título de campeón. La verdad es que acá hay una complicidad de todos: una asociación delictiva de reventa de entradas, apañada por los dirigentes; apretadas, amenazas de muerte a los jugadores; más de 400 hinchas de la Argentina van perdiendo la vida en distintos estadios del fútbol argentino. El desastroso despliegue policial y la seguridad a cargo del señor Ocampo -que renunció a su cargo- muestra la ineptitud de Patricia Bullrich y del presidente Macri, quien a días de la Cumbre del G20 no demuestra nada para evitar desmanes de grupos terroristas, que lo único que hacen es generar caos, violencia y temor en la gente. Esto debe acabarse; los “barras” deben ser sacados del fútbol argentino, empezar a sancionar a los clubes con quita de puntos y descensos, no competir por tres años en torneos internacionales, sea Boca, River, All Boys, Newell’s; el color de la camiseta que sea no importa. Pero de una vez por todas esto debe cambiar, si no el fútbol argentino va directo a un cementerio. El reflejo de la sociedad argentina mostró al mundo la decadencia de los valores que perdimos hace muchos años, donde un estadio de fútbol, hoy, se convirtió en el Coliseo Romano, donde todos vamos a pedir la cabeza de algún gladiador o de algún cristiano. ¿Quién se hace responsable de esto? De todas las personas que fueron a ver el partido y no pudieron ver, porque unos violentos decidieron por su voluntad cancelarlo, si queremos volver a ser una sociedad en serio, hay que resolver este asunto que desde hace muchos años sigue y sigue, y nadie le pone un punto final a esto. ¿Necesitaremos el ejemplo de Thatcher?
Fernando Esteban Saade
Tenencia de armas
Comparto plenamente los argumentos del señor Oscar Esteban (carta “Tenencia legal de armas”, 27/11). Pero voy más allá aún, ya que no sólo la problemática que él plantea se extiende a los civiles, sino que implica al personal policial y militar, algo incomprensible si se tiene que en cuenta que, históricamente, y por imperio legal, ese personal tiene la obligación de portar armas. El personal de la Policía Federal Argentina, conforme su Ley Orgánica 21.965, está obligado a defender contra las vías de hecho la vida, la libertad y la propiedad de las personas, a riesgo de perder su propia vida. Le cabe también al personal retirado que conserva el “estado policial”. La ley los autoriza a portar armas y les proporciona una o varias, justamente para conseguir ese propósito. Pero el gobierno kirchnerista no tuvo otra cosa que hacer que obligar a ese personal a que una vez por año deambule por pasillos institucionales para obtener autorización para portar sus armas. Como bien lo señala el lector Esteban: dos informes médicos pagos ante el ex Renar y el Banco Nación, certificado de aptitud para el uso de armas, etcétera, todo lo cual insume más de $ 5.000 por año, que se acorta rápidamente ya que el trámite lleva alrededor de seis meses. Inclusive, le quitaron el nombre de Renar y ahora se llama Anmac (Agencia Nacional de Materiales Controlados). El Estado ha creado numerosos registros para que se registren bienes muebles e inmuebles de determinado valor o importancia, tales como el Registro del Automotor, el Registro de Aeronaves, el Registro de la Propiedad, etcétera. Me pregunto: ¿uno registra la propiedad de su vivienda una vez por año? La respuesta es no. ¿Uno registra su automotor una vez por año? Tampoco. En síntesis, los registros anotan la propiedad de esos bienes, y sí una vez por año obligan a pagar algunos impuestos, pero en el caso de las armas no se trata de cobrar un impuesto, sino de obligar al usuario a que reinscriba su arma, algo que ya hizo. No olvidar que el registro de armas se creó para controlar el uso indiscriminado de armas, pero una vez registrado el usuario se cierra ese círculo de control.
Juan Carlos Lionti
Un pueblo defiende su ingenio
Quiero referirme a la nota “La lucha de un pueblo por su ingenio” del periodista Manuel Riva (27/11). Quiero agregar algunos datos a los consignados en esa crónica, los que considero importantes para completar la historia. Debe consignarse que la familia García Fernández vendió el 27 de noviembre de 1965 el 75% del paquete accionario de la Compañía Azucarera Bella Vista a José Gettas y Elías Fiad, poniendo fin a 83 años al frente de la empresa fundada en 1882. Se ha omitido, dentro de los integrantes de la Comisión ProDefensa, a Marcelino Ledesma, quien fue su vicepresidente, como así también a Raúl Oscar Chabán, que fue secretario, y dentro de los vocales a Julio César Lescano, Carlos Corbalán y Damián Suárez. Quiero también agregar que en el acto del 15 de enero de 1969 fueron 14 los oradores que ocuparon la tribuna, consignando entre ellos a Miguel Graneros (FEIA), Sixto Paz (ATEP), Andrés Alvero (CGT Azucarera), Benito Romano (CGT Regional), Napoleón Posse y Julio Bulacio (UCIT), y cerró el acto el RP René Nieva, quien representaba al Sexto Decanato Arquidiocesano, con sede en Tafí Viejo. El acto debiera haber sido cerrado por Raimundo Ongaro, secretario general de la CGT de los Argentinos, a quien la policía le impidió el ingreso en el límite provincial. A dicho acto se adhirieron, además de todos los sindicatos azucareros de Tucumán, la Federación Económica, la Federación de Cooperativas Cañeras, la Federación de Bibliotecas Populares, los colegios de Abogados, Procuradores, Contadores y de Martilleros Públicos de la Provincia.
Manuel Roberto Valeros
Patrimonios históricos
Acompañamos la carta “Una cornisa peligrosa puede provocar un accidente”, de Carlos Duguech (22/11). Tal cual, ni más ni menos. Ya lo vivimos luctuosamente en mayo de este año, cuando debimos soportar la pérdida de tres vecinos que pagaron las consecuencias de la desidia y el desinterés por mantener edificios antiquísimos: el Parravicini se “llevó consigo” a personas que, por casualidad, pasaban por el lugar. No sólo cayó el “Parra”, sino la historia de Tucumán, pero dejó al desnudo que lo único que se prioriza es el interés comercial inmobiliario. Es significativo que, en otras partes del mundo, los edificios históricos sólo sirven de museo. A fuerza de ser reiterativos, decimos que existen tres edificios históricos en fila (avenida Sarmiento al 600), que datan desde 1912: el ex Hotel Savoy, que en la actualidad se encuentra en un estado de abandono total. Corriéndonos un poco más, exactamente en el medio está el otro edificio, donde en la actualidad funcionan oficinas públicas de la Legislatura, y en donde se mueven cientos de personas, un inmueble que se encuentra en un estado avanzado de peligrosidad, ya que sus paredes están agrietadas desde su cima hacia abajo. En días de lluvia, el efecto del agua se presenta en forma abundante más adentro que afuera; es decir, usando el sentido común esto indica que en la actualidad este es un edificio en riesgo; por lo tanto, también corre el mismo peligro la gente que se encuentra en su interior. Incluso nos comentaron que existiría un informe de la ART de la Caja Popular que indicaría el riesgo de seguir teniéndola en funcionamiento. Si bien son un patrimonio de nuestra historia, no menos cierto es que, por lo menos, el edificio del centro está totalmente agrietado. Pedimos públicamente al intendente o a las autoridades de la Legislatura que analicen esta situación, que -Dios así no permita- podría convertirse en una catástrofe.
Pedro Martínez





















