10 Diciembre 2020

EL MITO DE LA CAVERNA

El filósofo griego Platón (428-348 a.C.), como una premonición, describió Argentina, en especial nuestra provincia, a través del mito de la caverna en su libro “La República”: el Estado contraído por falta de educación, es decir la situación de la gran mayoría de los humanos que se sienten felices en su ignorancia, que viven en el error, tomando como verdadero lo que son simples sombras de objetos fabricados con mentiras y engaños. Ciertamente, con el tiempo, los estudiosos profundizaron las ideas del excelso filósofo para hacer el distingo entre educación e instrucción. Ahora ya estamos convencidos de que la educación se imparte en el hogar y son los padres los primeros maestros o filósofos, que con ingenio, voluntad y responsabilidad no sólo deciden procrear sino formar nuevos seres que los superen en el menor tiempo posible. También nos aleccionan que la instrucción se consolida en la escuela, desde el jardín hasta el claustro, en donde profesores y catedráticos ilustran a los educandos en todos los avances de la ciencia y la tecnología. Platón, con su teoría de ideas, explica que los pueblos deben ser gobernados por personas interesadas en salvar a los encadenados por la ignorancia para que abandonen en el menor tiempo posible falsas creencias que les impiden comprender la realidad, que superen miedos y dificultades. Con metáforas explica que ese proceso es muy costoso y demanda tiempo, pero con esfuerzo puede generar contagio ejemplarizante. Sin ir muy lejos, la actual gobernante de Alemania sentencia casi permanentemente que los presupuestos anuales deben considerar fuertes sumas en educación e instrucción, puesto que el sostenimiento de la ignorancia es muy oneroso. Otros remarcan que la pobreza no es la ausencia de riqueza o dinero sido la multiplicación de deseos e intereses efímeros. Platón es enfático cuando se refiere a la liberación de las cadenas del desconocimiento e incide en el proceso de la emancipación como un acto de rebeldía a lo que ahora se denomina revolución o cambio de paradigma, pero lo individual; y eso se logra con el conocimiento de los grandes avances de la ciencia. El filósofo postula la ascensión a la verdad, lo que él llama el sol, lo que a veces ciega pero que facilita el descubrimiento de verdades u otras realidades. Con esta pandemia y la incomprensión de las autoridades, muchos alumnos permanecen en la caverna y así se quedarán, en tanto que otros que están ascendiendo visualizan otro mundo, pero al mismo tiempo se convierten en enemigos de los primeros, pues consideran que están engañando, que lo que han estudiado y describen es una farsa. El autor del mito de la caverna hace alusión al mandato moral, primero de los padres, que inducen a sus hijos, incluso con rigor, a liberarse de las cadenas, a ver el sol, a conocer más, a difundir verdades, muchas de las cuales los mismos progenitores no conocen; luego, ese precepto ético que lo cumplan los profesores y los directores; y finalmente las autoridades en los distintos niveles de conducción encargados de patrocinar el desarrollo y el progreso de las personas que los enaltecieron con el voto, no precisamente para acumular riqueza personal sino para librar a todos, sin distinción de clases, credo o posición, de la ignominiosa cadena de la ignorancia.

Fernando Sotomayor


Juan Bautista Alberdi 139


San Miguel de Tucumán

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Irene Benito, una periodista valiente y frontal, trabaja a conciencia y al hacerlo, poniendo la verdad por estandarte, evidentemente pulsa las cuerdas cruciales que amenazan la paz de los corruptos. No es raro, entonces, que procuren sacarla de carrera o manchar su trayectoria. Hoy es preciso apoyar la labor periodística porque significa una base fundamental para sostener la democracia y erradicar malos manejos que de otro modo harían tambalear un proceso de limpia investigación en áreas vedadas a la transparencia. Hoy más que nunca necesitamos periodistas comprometidos con la libertad de expresión, que con información, análisis o comentarios nos lleven a conocer lo que sucede y así evitar caer en una red manipuladora y perversa de los que creen que callando al periodismo podrán ocultar las malas acciones, socavando los pilares de las instituciones en procura de sus conveniencias políticas.

Nelly Elías de Benavente
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ellybenavente0@gmail.com

CALIDAD DE VIDA

Dos artículos del sábado 05/12, escritos por los periodistas Federico Türpe y Roberto Delgado, merecen la calificación de excelentes. Aunque nos duelan. El primero se refiere a la calidad de vida y el segundo a ideas nuevas en materia de seguridad. Türpe detalla extensamente los ítems que, a su juicio, constituyen la calidad de vida. Haciendo caso omiso de los comentarios descalificantes de cierto político tucumano, sobre los pequeños problemas a los que se aboca el periodista, limpieza, ruidos, parques, por nombrar sólo algunos, me permito aseverar que son los que más nos molestan diariamente a los tucumanos que vivimos en la capital. Habla Türpe de que en una encuesta sobre calidad de vida la ciudad de Mendoza resultó 1ª y, aquí viene lo malo, San Miguel de Tucumán salió última. Siento que corre por mis venas una vergüenza y una humillación que no debiera sentir en una ciudad que goza de una localización geográfica exenta de males provocados por la naturaleza, que es realmente pródiga en proveernos de belleza y seguridad. Entonces, ¿qué sucede? ¿Son sus habitantes y sus gobernantes los que se encargan de empobrecer, ensuciar, destruir, malconstruir, contaminar, llenar de ruidos excesivos, impedir la natural movilidad tanto de personas como de vehículos? Mucho se está haciendo desde la Municipalidad. Pero la ciudad es grande, tiene muchos barrios y a veces no se ven los problemas acuciantes en el ejido urbano y las obras que se realizan tardan mucho en verse terminadas. Dicen las “leyendas urbanas”, que los legisladores y los concejales tienen muchos asesores. “Se dice” también que algunos sólo aparecen cuando deben percibir sus sueldos. En muchas reparticiones estatales,” se dice…”, que algunas personas tienen puestos pero no trabajan. Qué bueno sería que estos grupos pagados por el contribuyente, pudieran hacer algo para mejorar la calidad de vida de Tucumán. Propongo un pequeño aporte: que se aproveche el sistema de “Cuadrantes de Patrulla” que se cita en la nota sobre seguridad del periodista Delgado y que se aplica solamente a la Policía con respecto a la prevención del delito, y que nos da otro aterrador posicionamiento: 2ª provincia más violenta del país. Propongo que se destine a los asesores y trabajadores provinciales o municipales sin tareas específicas, a cada cuadrante, organizándolos debidamente, empezando por las calles que están detrás de las cuatro avenidas, para que, cuaderno en mano, vayan observando y anotando todos los problemas que saltan a la vista: roturas del pavimento, aguas que corren por el cordón cuneta; estado de dichos cordones; estado de las veredas; acumulación de desechos de todo tipo; barrido y limpieza; estado de las luminarias, de los semáforos, arbolado urbano con árboles a punto de caer, árboles que tapan los semáforos, cables caídos, etc. Luego, deberán presentar a las autoridades sus observaciones, las que serán sistematizadas en planillas. Luego se deberá recoger los datos y tramitar ante los entes correspondientes los trabajos necesarios para proceder al mantenimiento y a las reparaciones. Estos problemas son menores. Pero cómo nos afectan. En nuestra vestimenta, en nuestro humor, cuando no en nuestro cuerpo, si llegamos a quebrarnos o herirnos por caer en calles o veredas. Dejemos los problemas mayores (educación, seguridad, salud, presupuestos, economía, jubilaciones, impuestos, leyes, etc.) para aquellos que deberán tratarlos en Diputados y Senadores. Es sólo un pequeño aporte, una idea que puede perfeccionarse si se desea llevarla a cabo. Pensémosla.

María Amelia Acuña de Molina


yuyiacumol2017@gmail.com

EL PAÍS DE LA DESOBEDIENCIA

La pandemia pone en evidencia que mucha gente hace caso omiso a las disposiciones sanitarias tendientes a proteger la vida humana. Este es el país de la desobediencia. Cada día se registran episodios donde numerosas personas no acatan las directivas de diferentes autoridades; es más, hacen lo contrario. Sobran ejemplos de incumplimientos, de irreverencias, en la vida cotidiana. Y uno de ellos es observable en tiempos en los que la Covid 19 amenaza la salud. Para muestra basta un botón: miles de personas llegaron a la Costa Atlántica para disfrutar del último fin de semana largo, una prueba piloto ante la proximidad del período vacacional, y sin embargo hubo descontrol en una pileta del balneario Punta Mogotes. Los barbijos y el distanciamiento social estuvieron ausentes ¿Y los protocolos? Se enferma y muere mucha gente a causa de este virus, pero no hay una toma de conciencia de la gravedad de la situación.

Marcelo Malvestitti 

ABORTO

“No podemos estar equivocados, si no estaríamos muy equivocados”. El extraño argumento generó más dudas que certezas. Despertó, contrariamente a lo pretendido, inquietud entre muchos argentinos ¿y si hay vida desde la concepción? Esa sola duda debería ser suficiente para desechar la posibilidad de legalizar el aborto. De la época de la Ley del Talión hasta acá hemos aprendido, a la hora de hacer justicia, dos cosas: el concepto de dignidad de la persona humana y que somos falibles. El concepto de dignidad de la persona (con la vida y la libertad como bienes inestimables e inalienables de la persona) ha servido de base para elaborar sendos instrumentos de Derechos Humanos. En nuestro país respetamos la vida a rajatabla; no hay pena de muerte, la vida solo puede afectarse en caso de extrema necesidad (legítima defensa) y es por ello que la sanción, la pena más grave es la pérdida de la libertad (pues este es el bien más preciado después de la vida). Esa es la distancia entre la vida y la libertad, una solo se justifica por razón de necesidad y la otra admite una razón de conveniencia. Sin embargo, conscientes de que somos falibles respetamos una máxima universal: en caso de duda debe respetarse la libertad. Cuando un juez resuelve un caso (dicta sentencia) puede cometer una injusticia de dos tipos: condenar a un inocente o absolver a un culpable, y de estas dos injusticias, la peor es condenar a un inocente. Por ello, conscientes de los errores que podemos cometer existe un principio respetado universalmente, “in dubio pro reo” (en caso de duda debe resolverse en favor del acusado); no importa el crimen que se esté juzgando, la libertad es un bien muy preciado como para perderlo injustamente, no hay margen para el error. ¿Acaso la vida no es un bien incomparablemente más alto que la libertad? Será que un razonamiento de siglos y siglos de evolución, de garantizar derechos y libertades, pueda borrarse de un plumazo con una votación errada de nuestros representantes cuando lo que esta en juego ahora no es la libertad sino la vida.

Lucas Manuel Maggio 


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