Después de un año políticamente intenso, se asoma un 2026 diferente para el peronismo tucumano. Un largo puente de doce meses sin urnas. La ausencia de un proceso electoral  no implica, sin embargo, que las reyertas desaparezcan. Simplemente cambian de forma: dejan de ser públicas a mantenerse en los pasillos o los subsuelos del poder.

Es probable que en este período que comienza se profundicen o se neutralicen internas, se sellen acuerdos y se perfilen los armados con la mira puesta en las elecciones provinciales y nacionales que vienen. Repiten en público que falta mucho, pero en realidad la dirigencia -sobre todo la que no tiene responsabilidad institucional- vive y actúa para lo que viene.

Sucede que durante las próximas contiendas se pondrán en juego no sólo todos los cargos electivos provinciales, ejecutivos y legislativos en Tucumán, sino también tres senadurías y cinco diputaciones nacionales. Gran parte de estos puestos están en manos del justicialismo y por ello es que este futuro inmediato genera inquietud en el espacio.  

Osvaldo Jaldo, líder del oficialismo provincial, comenzará a cruzar el puente con varios activos y algunos interrogantes. En la tarea de llevar adelante una arquitectura del poder medida y arriesgada, no admitirá aliados a medias ni distracciones innecesarias. Y esos son dos aprendizajes que capitalizó este 2025.

Jaldo gestionó. Dialogó con la Nación. Lo repudió parte del peronismo nacional. Se distanció de la Nación. Reunió en el frente “Tucumán Primero” a los suyos y a sus disidentes. Le rechazaron ofertas de candidaturas. Fue candidato a diputado. Confrontó con Roberto Sánchez. Algunos de los que no querían aceptaron ir en la lista. Sumó a su némesis Juan Manzur en la nómina. Dejó atrás a Sánchez y peleó contra La Libertad Avanza en la campaña. Ganó las elecciones por amplia diferencia. Se alejó de Manzur. Se acercó a la gestión de Javier Milei de nuevo. Dialogó con Lisandro Catalán. Intentó armar con otros gobernadores. Postergó la reforma electoral. Integró a dos antimileístas (y cercanos a Manzur) a su armado en el Congreso.    

Una seguidilla de sus movimientos más importantes, cortos y precisos. Avanzó, retrocedió y volvió a avanzar. Jugó al límite y ninguna ficha quedó fuera de su control. Asumió el costo político y siguió.

En los alrededores de Jaldo creen que tuvo un año exitoso. Que cierra con buena imagen y con una elección en el bolsillo. Subrayan que, además, está fuerte en el concierto de los peronismos en el país porque su Frente obtuvo un rendimiento destacable. Afirman que impuso su agenda permanentemente y que pudo cosechar satisfacciones en el Congreso y por el vínculo con la  Rosada.

En la línea antimileísta consideran que incumplió con los compromisos de la unidad electoral y que en la previa del 27 debería responder por ello. Abonan  la teoría de que el gobernador no podría presentarse para la reelección porque cuentan el interinato (cuando Manzur fue Jefe de Gabinete nacional). Sostienen que Manzur está desdibujado en el plano local, mas no nacional. En esta vertiente se entusiasman con el rol que otras figuras como la intendenta capitalina Rossana Chahla y Acevedo podrían tener en el escenario provincial.

Cuatro determinantes    

Las claves para el año para Jaldo pasarán por cuatro asuntos: la gestión, la relación con la Nación, la oposición y, precisamente, el peronismo.  

En cuanto a la gestión, se espera en el jaldismo un año muy “institucional” para sostener la estabilidad. El tranqueño pondrá la energía en seguir consiguiendo financiamiento y nuevas obras y para avanzar en las que dieron los primeros pasos, como el Aeropuerto y la Terminal de Ómnibus. Entienden en el despacho de la gobernación que no hay margen para actuar de otra manera. Saben, de todas maneras, que habrá seguramente algunos imprevistos y chisporroteos. Con el tablero despejado de ruidos electorales, el éxito se medirá en cemento y paz social.

El contexto es complejo. Hay indicadores de la economía que mantienen en vilo a las autoridades locales y por ello consideran que necesitan hacerse fuertes y despegarse todo lo posible de la situación nacional. Pero ese diferenciarse no implica distancia con el Ejecutivo nacional. Todo lo contrario. En los planes de la Casa de Gobierno local está previsto seguir cerca de Javier Milei. El mandatario tucumano entendió que hay una necesidad recíproca y la seguirá aprovechando. Fue el primero en alinearse al dialoguismo y pretende seguir en el mismo lugar.

En el siguiente eslabón está la oposición. Viene encadenado porque LLA desplazó en octubre a los ex Juntos por el Cambio como principales disidentes. El ex ministro del Interior, Lisandro Catalán, emergió como el líder del oficialismo nacional en Tucumán y su equipo no cesó en la construcción. No entraron en receso tras los comicios mediante los que sentaron a dos diputados en el Congreso (por diferentes acuerdos ahora suman cuatro los tucumanos en el armado). En estos meses mantuvieron reuniones y vienen sumando dirigentes y adhesiones.

Los dos grandes interrogantes en el oficialismo provincial son cuál es el margen de crecimiento de la fuerza morada hacia el 2027 y si la convivencia podrá mantenerse en buenos términos cuando los objetivos de ambas líneas sean los mismos. Más específicamente: la gobernación.    

En cuanto al PJ, el 2026 será para parar la pelota interna, dicen en cercanías al despacho principal. Pero es un parate al estilo que tiene Jaldo. No promoverá grandes disputas, pero tampoco se quedará quieto si siente alguna incomodidad. En el entorno consideran que el manzurismo, Manzur, llegará desarmado al 2027. Y en el radar les quedan los nombres de Chahla y Acevedo. Por allí vendrán, dicen, algunas tensiones subterráneas. Similares a las que se vieron hasta aquí, pero en un año previo al recambio.  

Ordenar el justicialismo y terminar de consolidar el liderazgo pueden asomarse como objetivos a mitad de año.

Después de un año políticamente intenso, así se acerca el puente del 2026, un espacio de tránsito hacia la próxima batalla. Con grietas que no siempre se ven, pero que crujen al paso, el gobernador buscará cruzarlo sin sobresaltos. En ese trayecto, el equilibrio será fundamental: no acelerar de más, no detenerse, y evitar que las fisuras se transformen en quiebres antes de tiempo.