Los dirigentes están alineados en la largada, quietos. Bajo el cartel de este nuevo año, se preparan con la mirada puesta en la meta que sigue, el 2027 electoral que renovará todas las autoridades electivas provinciales y la mayor parte de los representantes tucumanos en el Congreso (tres senadores y cinco diputados).
A simple vista, todos parecen iguales, pero las huellas en el asfalto dan cuenta de que no todos recorrieron el mismo camino ni llegaron con el mismo resto. Durante el año que terminó, las urnas ordenaron posiciones y dejaron indicios claros de quiénes liderarán los próximos tiempos.
En el circuito que toca estos 12 meses, cada movimiento pesará para la carrera decisiva. Hay una palabra que se repite entre los referentes, sobre todo en aquellos que tienen responsabilidades institucionales: incertidumbre. Las formas de la política y el comportamiento del electorado han cambiado desde la irrupción de La Libertad Avanza en el plano nacional. Llegó para incomodar al resto del sistema político y para responder a un electorado mayoritario que le ha gritado a la dirigencia tradicional que las cosas tienen que cambiar.
En esta etapa de transformación -y de adaptación- el futuro mediato es difícil de descifrar. Parte de la economía se mueve por momentos sobre terreno aún inestable y las políticas -algunas disruptivas- del Gobierno hacen que la imprevisión sea permanente, que vuelve frágil cualquier cálculo y obliga a los dirigentes a seguir sin un mapa claro del recorrido.
Aunque lo que sucede en el país tiene incidencia, en Tucumán el escenario tiene sus propios matices. Si no sucede nada extraordinario, es probable que el protagonismo se siga concentrando en unas pocas figuras, la mayoría del justicialismo. La interacción entre ellas será clave para marcar el pulso.
El oficialismo peronista llega con una elección ganada, con buen vínculo con la Casa Rosada, un gobierno ordenado y con un conductor consolidado. Osvaldo Jaldo lleva el volante firme de la gestión, con la intención de seguir construyendo su poder sobre esa base. Si bien se desempeñó en política durante las últimas cuatro décadas, alcanzó su máximo espesor político tras los comicios. Es una figura gravitante, por lo que genera: impone su agenda, alimenta tensiones y también las aplaca y “pone a jugar” a distintos actores según su conveniencia. Con formas de llevar el poder distintas a las de sus antecesores, el tranqueño se caracteriza por una presencia fuerte y permanente en todos los asuntos; las decisiones centralizadas; los movimientos políticos al límite y una lógica de poder muy asociada a los vaivenes nacionales. Midió los tiempos para pelear y para acordar. Porque hubo peleas y, muy probablemente, seguirán.
Una impronta de esta naturaleza tiene consecuencias naturales puertas adentro del justicialismo. Por el retrovisor, Jaldo mira a ese segmento del peronismo que no le responde y con el que tuvo que acordar para las elecciones.
Esa línea tomó distintas formas desde el inicio de la era jaldista: de ex manzurismo al antimileísmo. Porque si bien Juan Manzur aparece como una referencia simbólica, tuvo sus internillas también en la etapa preelectoral. Pasó de la ausencia a una presencia esporádica después. Desempeñó un rol protagónico para sellar el pacto con Jaldo, aunque algunos de los dirigentes que le responden tuvieron diferencias respecto de cómo llevó adelante el diálogo.
Hay un asunto medular en el espacio político y tiene que ver con la gobernación. Todos los indicios apuntan a que Jaldo aspirará a una reelección en 2027. Si eso sucede, no estaría definido su compañero o compañera de fórmula, según fuentes de su entorno. “No confirma ni descarta ningún nombre, es temprano”, afirman en sus cercanías. En distintas líneas del jaldismo dan por hecho que competirá para seguir cuatro años más.
Cerró el año de cierta incomodidad con otros referentes como el vicegobernador, Miguel Acevedo, y la intendenta Rossana Chahla. Se vio en relativa soledad en esa esfera del poder. Las últimas declaraciones del presidente de la Cámara sobre el intento reformista (manifestó al periodista Martín Soto de este diario: “La reforma no dependía sólo de mí; yo di todo”) y la actitud en campaña de la jefa municipal generaron molestia en la cúpula del Ejecutivo.
Aquí hay dobleces y no todo es blanco o negro ¿Puede ser un disgusto pasajero? De poder, puede. Pero es vox populi que hay dos situaciones que, siempre desde la perspectiva de la Casa de Gobierno, distancian a ambos de Jaldo: que mantienen un vínculo con Manzur y que se negaron inicialmente a ser candidatos a diputado. Tampoco es un secreto que Jaldo es memorioso. Pero, por otro lado, también es pragmático. Demostró que, en pos de conseguir resultados, puede aliarse hasta con Manzur.
Lógicamente, Chahla, Acevedo y Manzur también podrían ser protagonistas del 2026.
En el jaldismo se enfocan en los dos primeros, porque consideran que el ex mandatario está desarmado políticamente y es un líder “testimonial”. Opinan, en cambio, que Acevedo y Chahla sí generarán ruido este año y el que viene.
La intendenta ocupa un espacio de poder más relevante después del mandatario y parece correr por un camino paralelo al bólido jaldista. Si bien ella se ha mostrado enfocada en la gestión y en la edificación de su imagen, a su alrededor se tejen versiones sobre su porvenir. Por su impronta y temperamento, en la dirigencia la valoran como una competidora “fresca” entre tanto desgaste peronista. Dirigentes de distintos colores que analizan el tablero subrayan un dato: que los dos intendentes capitalinos que la antecedieron (Domingo Amaya y Germán Alfaro) tuvieron ansias de llegar a la administración provincial (tras varias gestiones). Por qué no sería el caso de la ex ministra de Salud.
Entre la dirigencia propia hay al menos tres posturas en relación a la proyección y al tiempo para concretar un eventual cambio. Todos coinciden en valorar positivamente la gestión chahlista, pero disienten en cuanto a su futuro.
Una parte afín considera que vivió un proceso de adaptación inicial y que le falta “músculo político” a su equipo. Confían en que ese volumen debería crecer durante la próxima etapa de su gobierno, apostando por su propia gente e incorporando caras conocidas. Consideran que, con ese factor, “no tendrá techo”. Se ilusionan con que, acompañada por Manzur, tome el camino de confrontar con Jaldo, cuando llegue el momento y de poder capitalizar el PJ no oficialista.
Hay otra línea que cree que ningún “compañero” puede darse el lujo de pensar en dividirse y que terminará aliada y trabajando con el gobernador para ir por lo que viene. Arriesgan, inclusive, que sería conveniente su integración en la próxima fórmula.
Otro sector cree que no cuenta con un perfil dirigencial ni de predisposición al trabajo conjunto con los referentes capitalinos como para lanzarse por otro cargo.
La intendenta no ha dado señales hasta aquí sobre su voluntad al respecto, más allá de aclarar que le quedan dos años por delante como jefa de la capital.
Acevedo eligió una ruta que parece lenta, pero que puede ser segura. Paciente y “articulador”, fue el mediador en el peronismo entre el jaldismo y el neomanzurismo. Se mueve con delicadeza entre ambas vertientes. También mantuvo a la Cámara alineada, sin demasiados sobresaltos y con una agenda intensa. Pudo diferenciarse sutilmente de Jaldo en varios momentos, sin perder la concordia. Tuvieron momentos de tirantez, sin que se llegue a un conflicto. De hecho, fue capaz de empujar una reforma electoral casi imposible por la resistencia del propio PJ. El proyecto se quedó sin nafta antes de llegar. Esto, sin embargo, lo dejó mejor parado de lo que parece, sobre todo en sectores del antimileísmo y de la oposición.
En algunas entrevistas, el vice deslizó que le gustaría repetir la dupla con Jaldo. Es una figura que puede expandirse y la incógnita es si volverá a insistir con los cambios al sistema electoral este año.
Más atrás por su no permanencia pública en Tucumán, pero siempre presente, Manzur observa la carrera desde un punto elevado. No corre, pero conoce el trazado. Es curioso lo que pasa con él: hay referentes que dicen que pronto será su gran vuelta a la provincia y otra que volver no le interesa en lo más mínimo. Si nos llevamos por los hechos, el ex Jefe de Gabinete nacional intervino sólo a los efectos de evitar una interna y salió airoso. Más allá de eso, en estos meses tanto Javier Noguera como Sandra Mendoza, cercanos a él, se integraron a espacios más cercanos a la postura del gobernador en el Congreso. El mandato del senador vence el año que viene y eso genera cierta expectativa. Integra la mesa federal del partido y no habría cedido en sus apetencias nacionales de reorganizarlo.
En la oposición
El único nombre que las urnas dejaron sobresalir en la disidencia fue el de Lisandro Catalán. El ex ministro del Interior y líder de La Libertad Avanza no pierde el tiempo. En sus redes, refleja posicionamientos y acciones políticas en la provincia. Con cuatro diputados nacionales, busca ampliar esa base de representación en lo territorial, con el acercamiento a figuras locales.
La postura sobre los acoples da pistas de que habrá apertura para los extrapartidarios, pero de manera medida.
Una duda es cómo se mantendrá la relación con Jaldo. Si el buen vínculo permanecerá o si indefectiblemente entrará en conflicto con el pasar del tiempo. Por más que el gobernador esté alineado a la Rosada, Catalán es crítico y deberá acentuarlo como su opositor de manera más fuerte cuando se acerquen los tiempos electorales nuevamente.
La presencia de Catalán es uno de los factores de inquietud para el peronismo. A muchos les preocupa porque implica hasta aquí una referencia directa de Milei. Si logra un salto, llegará al 2027 con algo más que un sello.
El último personaje que aparece en la oposición es una silueta todavía borrosa. No tiene nombre definido ni estructura clara, pero está latente. Es la incógnita: ¿alguien más logrará romper el eje entre un oficialismo consolidado y una Libertad Avanza en construcción?
El 2026 no tendrá urnas, pero sí revelará quiénes siguen en carrera. Los autos están en línea. Algunos picarán en punta, otros se quedarán sin combustible y quizás haya quienes no aparecen aún en el mapa.