Correr en las calles de Tucumán implica un riesgo adicional a la exigencia física. Los runners no sólo combaten el cansancio, sino también las veredas deterioradas, el frecuente incumplimiento de las normas de tránsito y la inseguridad. Este escenario convierte un simple entrenamiento en un ejercicio de alerta permanente. Ante esto, la pregunta lógica es: ¿dónde está la pista de atletismo? Su ausencia no es un descuido menor, sino la prueba más clara de una deuda histórica en la planificación deportiva del Gran San Miguel de Tucumán.
El panorama para la actividad en la provincia tiene un diagnóstico oficial y contundente: todo está dañado. Según la Federación Tucumana de Atletismo (FTA), las opciones para entrenar son escasas y en estado crítico. De los pocos espacios existentes, ninguno ofrece condiciones técnicas mínimas para este deporte de pista y campo. El Centro de Educación Física (CEF) 18, con un suelo más cercano a un descampado que a una pista, no recibe mantenimiento hace al menos dos años, lo que lo vuelve directamente peligroso para velocistas que requieren máxima estabilidad. Mientras tanto, la pista de la Facultad de Educación Física de la Universidad Nacional (UNT), aunque aún alberga torneos provinciales y regionales, ha superado ampliamente su vida útil. Con un mantenimiento deficiente y capacidad insuficiente para pruebas de alto rendimiento, su deterioro simboliza la falta de inversión que posterga a toda una generación de deportistas.
Una búsqueda rápida en Google Maps basta para encontrar los vestigios de lo que Pablo Díaz, de la FTA, considera un error clave: la curvatura y la recta de la antigua pista de atletismo que existió dentro del Complejo Independencia (ex autódromo). "Nunca deberían haberla sacado", sostiene con firmeza. "Se hizo en la década de 1970 y ahí se hacían la mayoría de los eventos. Fue una decisión política que dejó a nuestro deporte sin ese espacio". Su desmantelamiento, afirma, borró una infraestructura vital y consolidada.
Un punto a tener en cuenta es que la falta de una pista sintética tiene una consecuencia directa y excluyente: la imposibilidad de albergar eventos nacionales. La normativa de la Confederación Argentina de Atletismo es terminante al respecto, por lo que el calendario deportivo provincial se ve reducido a competencias locales, sin poder acceder a la visibilidad y el nivel que aportan los torneos de mayor envergadura.
La construcción de una pista de atletismo reglamentaria trascendería por completo el ámbito del alto rendimiento para convertirse en un catalizador social y deportivo. Su principal virtud sería ofrecer un espacio seguro y exclusivo, eliminando los riesgos que hoy acechan a los corredores en parques públicos: el tránsito vehicular, la delincuencia y los conflictos de convivencia con otros usuarios. Este entorno protegido no solo congregaría y potenciaría a la comunidad runner existente, sino que funcionaría como un imán para quienes hoy se abstienen de hacer actividad física por temor o falta de un lugar adecuado.
Además, una infraestructura de estas características, al estar diseñada con materiales y geometrías específicas, reduciría drásticamente el riesgo de lesiones en comparación con las superficies irregulares de plazas o veredas, permitiendo entrenamientos más técnicos y exigentes. En definitiva, más que una pista, sería un símbolo de inclusión deportiva y una herramienta de salud pública, democratizando el acceso a una práctica segura y de calidad, tal como ya ocurre con los ciclistas que tienen su espacio para entrenar en el parque 9 de Julio.
Frente a esta deuda histórica, los amantes del atletismo tucumano llevan años improvisando soluciones. En ese vacío de infraestructura, los 320 metros de La Pérgola del Rosedal emergieron, en algún momento, como un salvavidas. Este espacio se transformó en el equivalente al potrero de los futbolistas. Una pista de entrenamiento improvisada donde la pasión suplió, una y otra vez, la falta de un lugar reglamentario.
Cada anuncio de inversión en infraestructura atlética ha terminado, hasta ahora, en frustración. El último capítulo de esta serie fue en 2024 con el proyecto para la creación del polo “Jardín de la República”, una iniciativa que soñaba con dotar a la provincia de pistas de 400 metros en condiciones y espacios específicos para disciplinas como el lanzamiento de jabalina y martillo en el Complejo Tercer Centenario. Sin embargo, no hubo más novedades al respecto.
A finales del año pasado, la concejal de Yerba Buena y corredora Agustina Simón Padrós sumó una propuesta específica al debate. Junto al atleta Ezequiel Chavarría, difundió en Instagram la idea de incluir un circuito de atletismo en uno de los dos nuevos parques que planea el municipio: La Hoya o Julio Prebisch. Sería ideal emplazar una pista en esa zona para descomprimir y servir a la zona oeste/suroeste de la ciudad. Hoy, los atletas de esa parte de la provincia deben cruzar dos ciudades para ir a entrenar a la Facultad o al CEF 18, consideran en FTA.
La prueba de que es posible existe a menos de 100 kilómetros de la plaza Independencia. La ciudad de Concepción, que hace algunos años inició el proyecto, cuenta hoy con una pista de atletismo reglamentaria e iluminación de primer nivel, inaugurada en 2025. Este espacio se ha convertido en un lugar privilegiado para los runners, hasta el punto de que muchos atletas de la capital tucumana viajan expresamente a "La Perla del Sur" para acceder a un entrenamiento de calidad, marcando con su desplazamiento la urgente necesidad de una solución similar en el área metropolitana.
En definitiva, la falta de una pista de atletismo reglamentaria no es una carencia menor. Es el resultado tangible de décadas de desidia que obliga a los deportistas a arriesgarse en las calles, conformarse con instalaciones ruinosas o emigrar a otras ciudades para entrenar. La solución existe, es técnica y económicamente viable, pero requiere una decisión política que hasta ahora ha brillado por su ausencia. Los runners han hecho su parte: corren contra todo. Ahora le toca a la provincia dejar de ser un obstáculo y convertirse, por fin, en la meta.