Ese domingo por la noche la política tradicional tucumana frunció el ceño. El escrutinio provisorio del 26 de octubre confirmó lo que muchos ya murmuraban durante toda la jornada electoral: La Libertad Avanza (LLA) no sólo había puesto un pie en Tucumán, estaba pisando más fuerte de lo esperado.

La fuerza del presidente Javier Milei se llevó dos bancas de la Cámara de Diputados, las únicas de la oposición. La misma cantidad que retuvo el oficialismo provincial. La boleta que encabezó el gobernador Osvaldo Jaldo obtuvo el contundente 50% de los votos y la que llevó a Federico Pelli como primer postulante, casi el 35%.

LLA sentó en la Cámara baja a dos figuras ignotas para la política hasta ese momento y acertó. Para el disgusto de los oficialistas y opositores que habían vaticinado un rendimiento mediocre.

La irrupción de Milei y los suyos, con el ex ministro del Interior Lisandro Catalán como líder en la jurisdicción, tiene demasiadas particularidades y mantiene desorientados a quienes leían con soltura el escenario. Sucede que, en general, era previsible desde hacía varias décadas.  

Ese día electoral se despejaron varias incógnitas que habían dado vueltas en la cabeza de la dirigencia que lleva años en la escena. Sí, Milei mantenía un apoyo popular elevado. Sí, si el peronismo (jaldismo+antimileísmo) no acordaba iba a estar en problemas. Sí, los otros sectores de la oposición iban a ser totalmente desplazados de la escena. Sí, después de una década estaba asomando un espacio capaz de proyectarse y de generar incomodidades al resto de cara al 2027. Sí, en Tucumán también se derramó el descontento con la clase política. Y sí, se abrió una puerta para reglas nuevas y nuevos jugadores en el tablero.    

Los libertarios nacieron al revés, ocuparon el poder antes que el territorio. Es decir, que arribaron al Gobierno sin dirigentes ni despliegue en otros puestos por debajo. Como los provinciales. De hecho, tuvieron un mandatario nacional antes que un partido. O al menos, al revés según la lógica habitual. Están, por lo tanto, construyendo de una forma anómala: desde el techo hacia los cimientos.

La Libertad llegó a Tucumán desde la mismísima Rosada. Esto significó que en la génesis no tuvo referentes claros. Tuvo más bien una marca. Nada de esto implica algo negativo. Simplemente es distinto.

Los inicios fueron difíciles e incluyeron varios desencuentros y desvinculaciones hasta que comenzó a consolidarse el grupo de trabajo que permanece. Las experiencias con algunos aliados locales no fueron del todo felices, desde la mirada de LLA. El paso de Ricardo Bussi, José Macome, Sebastián Salazar o José Seleme, entre otros, da cuenta de los reacomodamientos que atravesaron.

Por estos días, la vertiente se encuentra trabajando para terminar de convertir un fenómeno electoral en una fuerza política. Es decir, está en tránsito. Este año comenzará la batalla más dura, que será disputar el poder en Tucumán.

Enero fue una buena muestra de cómo vienen trazando el camino. Mientras otros opositores no asomaron, estuvieron pendientes de cada hecho y declaración. No se limitaron a las redes, donde tienen una clara fortaleza, sino que saltaron a la tierra. Recorrieron municipios y barrios. En grupos pequeños o medianos, sostuvieron reuniones y encuentros. Vivieron una especie de “retiro político” en Tafí del Valle, donde apuntaron a consolidar el equipo.  

En plenas vacaciones, lanzaron la “ruta liberal”. Se trata de un plan para recorrer todos los municipios y comunas. La construcción territorial no es tradicional, porque no llegan necesariamente mediante punteros ni dirigentes.

Ahora bien, LLA tiene posibilidades de proyectarse y crecer, pero también tiene al menos tres desafíos para hacerlo.

1-Milei y la economía

El Presidente es precisamente la principal fortaleza y puede ser también un talón de Aquiles para las ramificaciones provinciales de LLA. Estar atados a una figura nacional es una gran ventaja para un año electoral, por el arrastre de votos que implica, pero puede tener contraindicaciones si eventualmente se produce algún tipo de crisis.

La popularidad de Milei funciona como un paraguas bajo el que pueden desarrollarse con una posición de ventaja, pero todo lo que ocurra con él se reflejará, tarde o temprano, en la agrupación tucumana. Y eso vale tanto para los logros como para los tropiezos. El peronismo y el PRO pueden bien dar cuenta de esto en gestiones anteriores.

Con el presidente de campaña para la reelección, sus “leones” provinciales pueden seguir tranquilamente la misma tónica. De hecho, no descartan que Tucumán esté en la lista de las jurisdicciones que visitará este año como parte del “Tour de la gratitud”.  

La situación de la economía es un asunto medular de la gestión nacional y sus vaivenes y el éxito o no del plan pueden incidir en los espacios locales.  

Si se estabiliza y mejora, capitalizarán el resultado. Si se resiente más, sobre todo la micro, pueden quedar perjudicados. Esa dependencia refuerza la lógica de una construcción que empezó por arriba. El discurso económico y las decisiones llegan desde Buenos Aires, pero el impacto se mide en los bolsillos de las ciudades y pueblos.

2-La relación con Jaldo y con la oposición

El vínculo entre Catalán y Jaldo se mantiene bueno, de acuerdo con fuentes cercanas a ambos. No es un detalle menor en un espacio que se presenta como oposición al peronismo provincial. Esa relación, que combina diálogo institucional con una prudencia estratégica, es por momentos ambigua. Porque LLA mantiene un discurso crítico al peronismo y a las gestiones que llevó adelante en la provincia pero, a la vez, Jaldo es uno de los gobernadores dialoguistas que apoya la mayoría de las medidas que toma la Rosada o que se votan en el Congreso.

Para el gobernador, el entendimiento con los libertarios es a veces incómodo. No le gusta el tono de las críticas y se queja de ellas, pero a la vez no es momento aún de confrontar abiertamente.

Gran parte de la militancia morada se encolumna detrás de Catalán y considera que tiene que ser el candidato a la gobernación. Jaldo adelantó públicamente, en broma no tan broma, que podría ir por la reelección. Esto pondría a ambos en carrera hacia el mismo lugar.

Catalán y los equipos técnicos tienen un plan de trabajo para la provincia. Jaldo apuntaría a una continuidad, para profundizar sus proyectos y objetivos.  

La convivencia política en una tregua transitoria. Mientras el calendario no apriete, es probable que el vínculo se sostenga en el equilibrio. Pero cuando la disputa se vuelva explícita, la ambigüedad dejará de ser una opción.

Un dato al margen, pero importante, es que es muy posible que se desdoblen los comicios. En los pasillos del poder tucumano se menciona que las provinciales serán en mayo-junio. Si eso sucede, quedará una distancia amplia entre estas y las nacionales. La estrategia, seguramente, deberá reverse.

En cuanto al resto de la oposición, la idea del mileísmo es sumar. Pero no a cualquier costo, sino atraer a referentes que estén comprometidos con los principios del espacio nacional y que no tengan dobleces.

Por ahora, sostienen una alianza con un sector del PRO y se acercaron al intendente de Concepción, Alejandro Molinuevo, y a CREO.

Además de Catalán y de los diputados Pelli, Soledad Molinuevo y Gerardo Huesen, otro de los nombres que más visibilidad han tenido durante los últimos días es Álvaro Apud. El concejal mantuvo cruces encendidos con la gestión de Yerba Buena de la que antes era cercano.

Hay un punto ahí de fricción que puede escalar. El cuarto diputado por Tucumán del bloque de LLA, el radical Mariano Campero, conduce el espacio que integra el intendente yerbabuenense Pablo Macchiarola. No es un secreto que Campero llegó al bloque por un acuerdo nacional y que mantiene distancia con LLA Tucumán.

Un párrafo aparte merece la juventud del novel partido, que no dejó de movilizarse. Una de las fortalezas de LLA es, precisamente, su inserción en ese sector de la ciudadanía.  

3- La competencia en terreno, con las reglas del peronismo

A medida que se acerque el año de comicios, más cartas se pondrán sobre la mesa. LLA ya reclamó una reforma electoral. Lo más seguro es que esta no se produzca. Con las reglas vigentes, los libertarios anunciaron que irán con lista única. Se comprometieron a no usar el sistema de acoples, el mecanismo de colectoras que benefició y consolidó al peronismo en el poder.

Al no emplearlo, en la Legislatura oficialistas y disidentes hacen cuentas de las bancas que la nueva oposición podría obtener. Si las previsiones se mantienen y todo sale de acuerdo a su plan, las perspectivas de propios y ajenos son altas.

Además de a la gobernación, también apuntarán a varios municipios. Desde luego que San Miguel de Tucumán está al tope, así como Yerba Buena, Tafí Viejo, Banda del Río Salí, Concepción y Lules. En los primeros, por el nivel de apoyo del electorado en los procesos electorales recientes; la Banda porque Huesen es oriundo de allí; Concepción porque aspiran a contar con Molinuevo y Lules, porque percibieron, afirman, que hay tierra fértil para plantarse allí.

Aquella noche electoral, cuando la política tradicional frunció el ceño, no lo hizo sólo por un resultado. Lo hizo porque apareció una fuerza que no había seguido el camino habitual y que no logran interpretar. La Libertad Avanza recaló en Tucumán con votos antes que con territorio. Fueron una marca antes que una estructura y cuentan con un liderazgo nacional y una identidad local en construcción. Desde entonces, todo se convirtió en una búsqueda para crecer. De aquí a 2027, el desafío libertario no será sólo disputar poder, sino aprender a habitarlo. En un tablero acostumbrado a las jugadas previsibles, LLA es una pieza nueva e impredecible.