El politólogo Andrés Malamud suele contar que tiene la desventaja, aunque analíticamente pueda convertirse en ventaja, de mirar a la Argentina desde lejos. Vive en Lisboa y viaja, cada tanto, a la Argentina, su principal objeto de estudio. Eso le permite experimentar en carne propia la repetida frase sobre nuestro país: “si uno se va una semana, vuelve a otro lugar. Otra agenda, otros temas. Pero si uno se va uno, diez o veinte años, vuelve al mismo. La misma agenda, los mismos viejos temas”.

Esa metamorfosis constante de nuestra superficie con una escasa modificación de la estructura subterránea se aprecia con mayor claridad desde la distancia. Se ve mejor el bosque que desde la cercanía puede ser tapado por árboles circunstanciales.

La semana pasada conversé con el periodista Carlos Pagni -un fragmento de esa entrevista fue publicada en LA GACETA Literaria-, quien según Malamud tiene un método de abordaje a la realidad opuesto al suyo. Trata de evitar que “el bosque tape los árboles”, las conexiones no evidentes entre distintos elementos que ayudan a entender cuáles son los motores de la dinámica política y económica. Para eso ensaya una mirada radiográfica pero luego entrecruza enfoques nutridos por distintas disciplinas y marcos temporales que evitan que su análisis quede reducido a una microfísica del poder. Recorre las pequeñas tramas detrás de los acontecimientos y después recupera distancia para intentar establecer cuánto hay de continuidad y cambio en los fenómenos, qué es relevante y qué es secundario.

Carlos Pagni: “La democracia exige complejidad en una época que premia simplificaciones”

Pagni afirma que Milei encontró el gran tema de su tiempo, la inflación. Extemporánea y exótica en casi todo el mundo, en la Argentina de 2023 era la preocupación que sintetizaba todos los males. Pero esa aptitud para detectar la marca del tiempo -concebido como época-, tendría como contrapartida una ineptitud para administrar el tiempo entendido como duración o secuencia. Pagni se refiere a la velocidad de implementación de las medidas de un plan, con muchas similitudes con programas anteriores, que parece no lograr ecualizar el ritmo creativo de la economía con el de la destrucción.

La paradójica economía K de la era Milei

Finalmente no fue una V (el “pedo de buzo” vaticinado por Milei), ni una W, ni una L, ni una pipa de Nike. El comportamiento económico de la era Milei se parece a una K. Una parte sube fuertemente, mientras la otra cae. Es un esquema de ganadores y perdedores que explica el desconcierto de tantos. La macro puede ordenarse y registrar un crecimiento promedio alto (el 4,4% de crecimiento del PBI en 2025) pero hay sectores relevantes -o empresas e individuos dentro de esos sectores- a los que les va muy mal.

Juan Carlos de Pablo: “Todos nos levantamos cada día para ver cómo le encontramos la vuelta”

“Obvio, la realidad es heterogénea”, sostuvo Juan Carlos de Pablo, el economista más cercano al Presidente, en la Junta de Directores de Adepa, el jueves pasado. El “profe” no cuestionó el estancamiento de la actividad ni el aumento en un punto porcentual del desempleo pero embistió contra lo que considera lecturas simplificadas de la coyuntura. “Exportaciones de 7.000 millones de dólares, importaciones 5.000 millones. ¿Me pueden decir dónde está el aluvión chino?”, ironizó.

Lo único seguro es la incertidumbre

La omnipresencia de maquinaria china fue el principal comentario de muchos de los periodistas que recorrieron Expo Agro, la mayor exposición rural del país, que se hizo en San Nicolás, a mediados de marzo.

Compartí una comida con uno de esos periodistas, organizador del evento, el miércoles pasado. Nuestro invitado principal era Carlos Pérez Llana, diplomático experimentado y agudo observador de la dinámica internacional. La incertidumbre y el peso de la geopolítica marcarán 2026, vaticinó. La Argentina debería moverse con inteligencia estratégica en ese escenario turbulento. Un Trump con crecientes chances de perder las elecciones de medio término y la inconveniencia de descuidar la relación con Brasil, son los dos factores que más destacó Pérez Llana. La crisis de Medio Oriente y la guerra de Ucrania, se extiendan o no en el tiempo, podrían ofrecer una oportunidad -no desprovista de amenazas- a nuestro país.

Escuchaba un directivo de una de las principales petroleras argentinas. La oportunidad de corto plazo es obvia. El aumento del precio del petróleo mejora la balanza energética y ofrece más divisas, apoyadas en los 300.000 barriles que exportamos diariamente. Más allá de la duración del conflicto, la Argentina puede posicionarse como un país que brinde seguridad energética a los principales importadores, transformando su condición periférica en una ventaja dentro de un mundo convulsionado por conflictos que atraviesan a regiones productoras. Se habla de modelos, como el noruego, para evitar una “enfermedad holandesa” por una nueva “maldición de los recursos naturales”. Problemas de la prosperidad.

También compartía la mesa el CEO de una de las empresas mineras que más invirtió en nuestro país. Semanas atrás había estado en el foro minero que se hace todos los años en Canadá, el más relevante del sector en todo el mundo. La Argentina llamó la atención de los inversores. La suerte de la Ley de Glaciares, cuyas audiencias públicas se realizan esta semana, domina la mirada del corto plazo. Pero la pregunta más acuciante, cuenta el directivo minero, es 2027. Muchos prefieren esperar el desenlace antes de invertir.

Los idus de marzo

Después de caminar groggy por el ring, en la tercera semana de septiembre del año pasado, el Gobierno emergió renovado de las elecciones el 26 de octubre. La debilidad de origen se transformó en fortaleza. De pensar en los tercios legislativos para resistir un eventual juicio político pasó a acariciar la posibilidad de los dos tercios que permiten una reingeniería institucional. Desde entonces el mileísmo tuvo su momentum, una nueva luna de miel que le permitió sancionar el presupuesto y la reforma laboral. Hasta que asomaron los idus de marzo. Puntualmente, en la noche del lunes 9, Carlos Pagni deslizó en su editorial televisivo una de sus “minucias”, un dato al pasar sobre un viaje en avión privado del Jefe de Gabinete que alimentó la discusión ya instalada sobre la participación de su mujer en el vuelo a Nueva York en el avión presidencial. Luego se sumarían las revelaciones del principal articulador local del escándalo $Libra.

Algo cambió en el clima político desde entonces. La noticia parece haber afectado la imagen del Gobierno en un contexto de privaciones ciudadanas que contrasta con las imágenes turísticas o los cambios de vida de los promotores de criptoactivos. En las últimas dos semanas, al Gobierno le cuesta dominar un debate público que vuelve a contaminarse con versiones de internas, posibles cambios en el elenco gubernamental y una especulación hasta ahora ausente sobre candidaturas en la oposición.

El axioma menemista

La minería y la energía son, sumadas al agro y los desarrollos tecnológicos, las turbinas del desarrollo futuro. La madurez, coincide la mayoría de los analistas, llegará a partir de 2030. El economista tucumano Ricardo Arriazu, quien disertará en Tucumán este jueves, es quien mejor describe las particularidades de ese mañana auspicioso.

Ricardo Arriazu: “En la economía argentina se evidencia un cambio estructural”

Las diferencias en el análisis surgen de las miradas sobre el tránsito hacia ese porvenir. “Consumo privado: récord histórico; exportaciones: récord histórico; PBI: récord histórico; inversión: creciendo al 16,4%. Estos datos, no solo no convalidan las ‘percepciones mediáticas’, sino que las contradicen” escribió catárticamente el ministro de Economía en su cuenta de X. La aparente disonancia cognitiva es traducida en la mayoría de las encuestas como un creciente temor en la población ante el deterioro de los ingresos y el empleo, como consecuencia de un estancamiento de la actividad económica. Paradojas de la economía dual.

La mayoría de la sociedad argentina parece haber asimilado las virtudes del orden en las cuentas públicas y la necesidad de atacar decididamente la inflación. Parece compartir también el entusiasmo por un futuro nutrido por el aprovechamiento del potencial de nuestros recursos naturales. Las divergencias crecen en torno a la velocidad y las particularidades de la carrera hacia ese destino. “Estamos mal, el rumbo está bien pero hay que ajustar el ritmo” es una reformulación del axioma noventista que sintonizaría con una extendida inquietud social.