En Puerto Madryn, todo cambió en un segundo. Iban ocho minutos del complemento cuando Lautaro Ovando cayó al piso, gritó de dolor y obligó a que el partido quedara en un segundo plano. Ni el árbitro ni los futbolistas de Deportivo Madryn dudaron: al verlo tendido sobre el césped, pidieron con urgencia la entrada de los médicos. En la previa del duelo de este sábado contra Chacarita, aquella secuencia terminó convirtiéndose en la noticia que nadie quería confirmar en San Martín: el delantero sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda y su baja modificó por completo el clima en Bolívar y Pellegrini.
La reacción del atacante dejó en evidencia la gravedad del momento. Sin esperar siquiera la asistencia completa, pidió el cambio desde el suelo y dejó a la vista que no se trataba de una molestia más. San Martín ya había sufrido en el entretiempo la salida de Kevin López, también por un problema físico, pero lo de Ovando impactó de otra manera. El cuerpo médico del “Santo” entendió enseguida que era una situación delicada, ordenó la variante y el delantero fue reemplazado por Gonzalo Rodríguez.
Arriba del carrito apareció la imagen más dura de la tarde. Tapado con la camiseta, Ovando se fue llorando desconsoladamente, en una postal que heló al banco, a sus compañeros y a todos los que seguían el partido. Durante la transmisión oficial de AFA Play incluso bajó una frase que resumió el momento con crudeza: “Es la noticia que nadie quiere dar”. No pareció una exageración. La manera en que salió del campo hizo pensar enseguida en ese diagnóstico que ningún futbolista quiere escuchar y que ningún cuerpo técnico quiere administrar en medio de una temporada larga.
De todos modos, en las horas posteriores todavía quedó una mínima cuota de cautela. La primera evaluación no cerraba del todo la puerta a un cuadro menos grave y por eso se aguardó el resultado de estudios complementarios. Incluso, puertas adentro, persistía una pequeña esperanza de que la situación pudiera revertirse. Tal es así que un allegado al club le había confirmado a LA GACETA que se trataba sólo de un golpe. Pero ese margen se fue apagando con el correr de las horas. En la mañana del martes, en el complejo Natalio Mirkin, el jugador fue informado del resultado definitivo.
Ahora deberá ser operado y afrontar una recuperación larga. Hasta el momento, además, el jugador no se expresó públicamente sobre lo ocurrido, algo que también expone el golpe personal que le provocó la noticia.
La dimensión de la baja se entiende todavía mejor al mirar todo lo que San Martín pierde. Ovando había llegado a préstamo desde Argentinos, sin opción de compra y por un año, con contrato vigente en el conjunto de La Paternal hasta 2028. Eso abre incluso una posibilidad amarga: que deba regresar a su club de origen sin volver a sumar minutos con la camiseta del “Santo”. Para el equipo de Andrés Yllana sería bastante más que perder una variante ofensiva. En muy poco tiempo, el delantero se había transformado en una de las piezas más valiosas del arranque: llevaba tres goles, había sido decisivo con su doblete contra Deportivo Maipú y también había convertido frente a Nueva Chicago en La Ciudadela. Pero, además de esos números, le había dado al ataque movilidad, agresividad, cambio de ritmo y una capacidad para romper espacios que no abundaba dentro del plantel. Por eso, en la previa de Chacarita, su lesión no sólo alteró la semana: dejó a San Martín sin uno de sus nombres más determinantes y abrió un vacío difícil de absorber.
Un golpe difícil de digerir
Por lo pronto, todo indica que San Martín no buscará un reemplazante para cubrir su ausencia y que intentará resolver internamente ese hueco. Pero la baja obliga a rearmar bastante más que una delantera. En lo inmediato, Yllana deberá redefinir piezas y funciones; en lo profundo, el plantel pierde a un futbolista que había encontrado rápido su lugar y también el respaldo del hincha. Cuando un jugador llega, rinde, convierte y se vuelve importante en tan poco tiempo, una lesión de este tipo no sólo interrumpe una buena racha. También frena de golpe una historia que recién empezaba a crecer.