Llegar a fin de mes dejó de ser una meta para convertirse en una carrera cada vez más corta, y en Tucumán esa maratón se sufre por partida doble. Para la gran mayoría de los trabajadores de la provincia, el sueldo se diluye en un par de días y no alcanza ni para arrancar.

Un informe reciente del portal de empleo Bumeran le pone números fríos a esa sensación que se respira en la city o charlando con cualquier vecino. Según los datos, el 87% de las personas considera que su salario es insuficiente para cubrir las necesidades básicas. El número no solo refleja una situación crítica, sino que muestra que este año venimos más golpeados que el anterior.

La sensación de ir "para atrás" es todavía más marcada cuando se mira el poder adquisitivo. El 74% de los encuestados afirma que su capacidad de compra empeoró en los últimos meses, un salto tremendo frente al 58% que decía lo mismo en 2025. Es decir, por más que se hable de "desaceleración de la inflación", en el bolsillo del tucumano común y corriente eso no se nota.

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“La desaceleración de la inflación no implica automáticamente una mejora en el salario real”, explicó Federico Barni, CEO de la compañía. Según señaló, después de varios años de pérdida acumulada, los ingresos se van enteritos en los gastos fijos, dejando cero margen para darse un gusto o proyectar a futuro.

Sueldos que duran un suspiro

El estudio revela una realidad que se ve todos los meses en los cajeros del centro: la plata no dura nada. Al 73% de los trabajadores el sueldo le dura menos de dos semanas. Dentro de ese grupo, la timba para hacer rendir la plata es desesperante. 

El 28% destina el 100% de su sueldo apenas cobra; o sea, reciben el dinero y automáticamente "desaparece" para saldar cuentas atrasadas o pagar la cuenta corriente del almacén del barrio; el 21% logra estirarlo raspando la olla hasta la segunda semana; y un 15% afirma que no llega ni a los siete días.

En la otra vereda, apenas un milagroso 9% de los trabajadore consigue que el ingreso le aguante todo el mes. El resto queda atrapado en un malabarismo permanente, donde para comprar una cosa hay que dejar de pagar otra.

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Entonces la pregunta: ¿Y en qué se nos va la plata? El informe confirma que se va en lo indispensable para sobrevivir. El alquiler aparece como el gasto más pesado para el 44% de los encuestados, seguido por la comida (27%) y el pago de deudas (16%). Con los alquileres por las nubes en Barrio Norte o los aumentos en el Gran San Miguel, sostener un techo ya es un lujo.

¿Ahorrar? Una utopía tucumana

En este panorama, el ahorro pasó a ser un mito urbano. El 90% de los trabajadores reconoce que no puede "guardar ni un peso". Las razones son cortitas y al pie: a más de la mitad directamente no le alcanza, y el resto vive asfixiado por las deudas.

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Entre ese 10% que logra rascar algo para ahorrar, las estrategias varían entre poner unos pesos en Mercado Pago, algún fondo común o comprar un par de dólares si se puede. Sin embargo, son la excepción a una regla dominada por el "día a día".

Tarjeteando para vivir y el aguante familiar

El endeudamiento, en paralelo, no para de crecer. El 77% de los trabajadores afirma tener algún tipo de deuda. Hoy ya no se saca un crédito para cambiar el auto o viajar; se usa la tarjeta de crédito o el préstamo para ir al súper o pagar la boleta de la luz.

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A esa presión se le suma la solidaridad nuestra, bien del norte. La mitad de los encuestados señala que ayuda económicamente a familiares o allegados. En Tucumán, cuando la cosa se pone "fea", las familias se bancan entre sí: el ingreso de uno a veces tiene que estirarse para sostener la casa de los padres, de un hermano sin trabajo o de los hijos que ya se independizaron pero no llegan.

Un grito unánime

Frente a esto, hay una sola cosa en la que todos los encuestados están de acuerdo: el 100% afirma que necesita un aumento de sueldo ya. Cuando les preguntaron qué harían si les entrara una plata extra, casi la mitad respondió que la usaría para pagar deudas, lo que demuestra el nivel de ahogo financiero que arrastramos. El resto buscaría ahorrar o, al menos, recuperar algún consumo postergado (como volver a meter un asado el domingo).

El informe, basado en más de 6.400 casos, deja una conclusión que se siente en cada rincón de la provincia: más allá de los números de la macroeconomía, la realidad en la calle y en el bolsillo tucumano sigue estando bien cuesta arriba.